
Vivimos en la cultura de la imagen. Las imágenes tienen el poder de evocar ideas, y a cada uno las suyas propias. Hoy en día somos unos esclavos de las imágenes. Nos devoran constantemente con modelos de felicidad, de placer y bienestar para robarnos nuestro dinero y crearnos insatisfacciones falsas y lejanas a la verdadera realidad que nos atañe. Somos corderitos de unas multinacionales que nos dicen lo que está bien y lo que está mal, que nos dan lecciones estéticas sobre lo bello y lo feo. Con unos mecanismos de difusión tan sofisticados y violentos no me extraña que les vaya tan bien, aunque tras esa imagen de suave lana de cordero se esconda un lobo que lo único que hace es devorar todo a su paso.
Inmersos en un mundo (hablo del occidental, pues el otro ya está olvidado) en el que la imagen, a mi juicio, ha tomado el papel de persuasión y condicionamiento de ideas, nos vemos esclavizados por ella, y el problema real viene cuando asociamos esa imagen a la realidad. Se produce una analogía errónea por que entonces ya nos han impuesto su realidad, la que ellos nos introducen, la que ellos nos amoldan. Volvemos entonces a Platón y su caverna, donde lo esclavos veían sombras de una realidad desfigurada. Recuperamos el Mahya del pensamiento hindú y budista, donde hay un velo que nos hace ver un mundo equivocado. Incidimos sobre la idea de Schopenhauer, que al igual que el modelo platónico nos sirve una bandeja de mundo como representación. Estás ideas que parecen más de corte mítico reflejan fielmente un amplio espectro de nuestra post modernidad mercantil, donde todo se compra y se vende. Imágenes de un tigre que quiere devorarnos.

