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miércoles, 28 de mayo de 2014

Gravitando sonidos y emociones


   De las muchas o pocas cosas que me ha dado la vida, la música ocupa un lugar insustituible. Si algún día me quedo sordo espero haber madurado lo suficiente como para masticar tan penoso trago. La música siempre acompaña mi actividad cotidiana, sin ella me cuesta entender y entenderme, en casi cualquier momento un disco o una canción están en mi recámara, esperando para dar forma a mi presente más inmediato. Profundamente relacionada con el sentimiento, son muchas las ocasiones en las que mis propias palabras no llegan a entenderme por mucho que me busque. Estando en el mismo lugar en el que estoy, me transfiero de plano, y sin saber explicar demasiado bien cómo, hallo en ella torrente de intensidad, multiplicación afectiva, ligereza y permeabilidad de todo cuanto me rodea. Me recuerda lo solo que me encuentro en esta vida y a la vez lo cerca que estoy de los demás, de mis pasados y recuerdos, compañías y vivencias masticadas a lo largo de los años. Su capacidad de transformar por completo la experiencia más cotidiana es más que vasta, irrumpe partiendo como un rayo los momentos de desidia, tristeza, alegría o conversación y diálogo con uno mismo. Como un mar que se agita en lo profundo, mis temas favoritos hacen retumbar mis tímpanos y me hacen mudar de piel, mutan mi ánima, que escondida entre la bruma y la sombra se ofrece a la evidencia de mis propios ojos cargada de cristalina claridad. Recuerdo cuando leía Schopenhauer, donde en la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad. Es ahí cuando todo toma un cariz totalmente distinto, el código del cosmos se descifra porque no hay mayor música que la realidad misma, hasta el mismo tiempo se dilata y se contrae, desapareces y te trasladas sin abandonar ni un segundo tu lugar, por eso recurro a ella con repetición, asiduidad, reiteración, continuidad y constancia. ¿Cuantas tardes en mi casa, o mañanas en el metro, o viajando o en la ducha, me sustraigo y me ubico en la mismidad de lo que me brinda o arrebata mi momento? Son demasiadas como para no haber escrito antes sobre ello.

sábado, 8 de octubre de 2011

The King of Limbs: la semilla que brota.

Han tenido que pasar casi diez meses, para que la cáscara en la que se encerraba "The King of Limbs" crujiese. He tenido que estar jodido para templar mi espíritu y liberar las melodías ocultas. He tenido que viajar, al norte, donde el gris y el verde se entremezclan elevando el otoño, para exprimir su carácter. Como una naranja, colocada en el suelo, a la que golpeamos con una maza con todas nuestras energías, dejándola como una masa informe rodeada de líquido. Así ha sido este proceso de penetración, en una obra que ya tenía por descubierta.  Es un disco que oscila el sentimiento, el ajetreo, el caos, la dulzura, que tiembla y desvela, que muerde y agita, que engaña y noquea. Así es mi King of Limbs cuando la radio de mi estado anímico encontró su frecuencia.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Amnesiac: un disco para pasado mañana.


  Hace ya 10 años desde que Radiohead publicó Amnesiac. Parece que fue ayer cuando lo compré, en aquella época vivía en la verde y gris Irlanda. Fue un año bastante lluvioso, incluso para un irlandés. Radiohead había sacado el Kid-A unos meses antes, dejando aterrorizados a todos los que lograron penetrar en él, no sin antes hacer un esfuerzo titánico por comprender aquel enjambre de sonidos de otra realidad. Le siguió Amnesiac, con apenas siete meses de diferencia. En un principio pensé que dos discos en apenas un año, tan consecutivos, podía quemar su trayectoria, al igual que le pasó a los Smashing Pumpkins.

  La realidad fue otra, ya queAmnesiac se mostraba como el reverso perfecto de su predecesor, el Kid-A. La diferencia estribaba en que era un poco más amable, algún componente de la banda (no recuerdo exactamente si Ed o Philip) lo explicó claramente, al comparar la visión de un fuego desde dentro y desde fuera. Si Kid-A era la visión externa de las llamas combustionando, en Amnesiac nos introducimos en su interior, dando una sensación de calidez, sin olvidar que todo ardía. Su relación con Kid-A es evidente, no sólo porque fueron grabados al mismo tiempo, sino porque las atmósferas recreadas y los ritmos marcados parecen casi parejos. Son diferentes caras de una misma moneda, y si nos ponemos un poco idiotas, uno no puede entenderse sin el otro.

  Los dos son discos de sabiduría para el pasado mañana. No se ha dicho nada nuevo en el panorama musical de la última década desde la aparición de Kid-A y Amnesiac. Ha habido discos muy buenos, excelentes trabajos, pero si de lo que estamos hablando es de romper moldes, de generar tendencias y de abrir fisuras... no se me ocurre nada que se les acerque.

  Son discos para el pasado mañana, no eran discos para su tiempo. De esto me he vuelto a acordar en Varsovia, en mis largos paseos por sus largos parques, donde el caminar de uno y la soledad del mismo, disponen al alma para la escucha sumergida y el sentido agudo.


domingo, 20 de febrero de 2011

The king of limbs


Ya tenemos aquí nuevo disco de radiohead, esta vez le han puesto precio, 7 euros.

8 discos, muchas cosas nos han contado, muchas cosas han sido susurradas, cuando nadie decía nada. 

Primera escucha, empiezo a ver de que va el asunto.

¿Dónde están los pedales, dónde están las guitarras, no faltan canciones?

Sólo 8 canciones. ¿Dónde se han dejado temas esperados como daily mail, supercollider, frost o follow me around?

Segunda escucha y sucesivas... El disco me gusta cada vez más, veo matices, ritmos y atmósferas que hacía tiempo había olvidado... 
Por temas:

Bloom: es un tema perfecto como intro para el disco. 

Morning Mr.Magpie: para los que duden, decirles que es un temazo, quizás el mejor del disco.

Little by little:  muchos la hubiesen elegido como single, actitud chulesca de Thom.

Feral: me gusta, en sintonía con los temas estridentes de la banda.

Lotus flower: no me ha gustado nada el vídeo, realmente creo que hasta ha influenciado negativamente en mi. Mira que tienen material artístico para hacer las historias que tan bien se les da, y nos ponen a Thom bailando en formación epiléptica. De la canción no tengo queja, me gusta y me dice.

Codex: debilidad por este tema, frágil y fino, sencillez contenida, una carga de profundidad.

Give up the ghost: tema que se venía barajando como candidato al album, y así ha sido. Un acierto total colocarlo detrás de Codex, si el tema ya sonaba muy bien ese aspecto lo enriquece aún más.

Separator: reconversión de mouse, dog, bird. Se cree que uno de los motivos del cambio de nombre se deba a que es la canción que va a "separar" las caras B que saldrán próximamente No tiene nada que ver con la primera versión del tema, me da calidez y me produce debilidad, cuanto más la escucho más me gusta.

The king of limbs es una clara sucesión del in rainbows, se echa de menos que un grupo como radiohead, caracterizado por su heterodoxia no nso sorprendiese con estructuras menos familiares como antaño. La comparación con otros de sus trabajos se hace inevitable. Si buscas Ok Computer o Kid A, olvídate, estamos a otra cosa. The king of limbs no alcanza las altas cotas dejadas por trabajos anteriores, pero me parece a toda luz un gran disco. Me siguen diciendo cosas como nadie me las cuenta,  como siempre tengo sed de más, y ya espero el resto de caras B con impaciencia.


martes, 25 de enero de 2011

Schopenhauer: música y vídeo, voluntad y representación.


Ahora entiendo porque no me gustan los vídeoclips musicales, salvo en raras excepciones. La música como idea del mundo, como algo íntimo, que habla al ser, es inefable, trasmite esencias, tiene un carácter no representativo, no reductible a conceptos ni a imágenes. No pertenece al mundo de la representación, en la música desparecen todas las limitaciones y separaciones, es como la noche, la penumbra donde no se diferencian los objetos. Como decía Novalis, "no es que la noche sea oscura, es que tiene una luz diferente".

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Supercolisionador.



Radiohead se prepara para sacar disco. Parece que el trabajo ya está terminado, se rumorea que a mediados de este verano dieron una fiesta para celebralo. Los chicos han cogido fuerza, se muestran bastante optimistas y están muy satisfechos con el trabajo. Todo parece pasar desapercibido, sin ruido pese a la expectación de una banda de su peso. Sin duda lo que caracteriza al quinteto de Oxford es su capacidad de generar tendencias, evolucionar a nuevos terrenos y abrir camino, a formar brecha.  Me pregunto si la música que se traen en sus manos pueden producir un temblor superior al del "ok computer".  Suena muy pretencioso, pero su último disco es una maravilla para los oídos, y estos chicos nunca se sacian, siempre quieren más...

domingo, 18 de octubre de 2009

Nietzsche y la música: el espíritu del artista.


Esta breve entrada, versa principalmente sobre la compleja obra nietzscheana "El nacimimiento de la tragedia". No pretendo hacer un profundo estudio sobre la misma, sino mostrar algunos de sus aspectos más importantes en un lenguaje inteligible para los que no están habituados a las intempestivas obras de Nietzsche.

Para Nietzsche la música fue desde joven un regalo divino, así lo anotaba en su diario "Dios nos ha concedido la música, en primer lugar, para que mediante ella ascendamos a las alturas. La música reúne en sí misma todas las cualidades: puede conmover, embelesar, serenar; es capaz de amansar el ánimo más tosco...Pero su facultad esencial es la de dirigir nuestros pensamientos hacia lo alto..." Un poco más adelante, agregaba "Hay que considerar a los seres humanos que la desprecian como gente sin alma, como criaturas parecidas a los animales". Más adelante será el arte, pero en especial la música "la tarea metafísica de nuestra vida". A lo largo de su adolescencia tuvo contacto con la música de Bach, Haydn, Beethoven, Mozart, Schubert y Mendelssohn. Más tarde su relación con Wagner pasaría a la historia como un capítulo que derrocharía ríos de tinta.

Podemos decir sin duda alguna que para Nietzsche la música se encuentra en el pedestal más alto de las artes, para él expresaba lo más íntimo del ser, lo que no puede ser hablado, ni dicho, lo que está mas allá de las conceptualizaciones y esquemas, la música se expresa de otro modo que ni siquiera el lenguaje puede poner de manifiesto, juega de diferente forma que el resto de las artes, nos habla del fondo mismo de la existencia y de la vida como ningún otro arte es capaz de hacer.

Ya en sus primeras obras tomó la mano de la música y las artes, en el "El nacimiento de la tragedia" tuvo el altísimo propósito de ofrecer toda una cosmovisión por medio de figuras y simbolismos que resultaría sumamente difícil de comprender. Trata sobre el origen de la tragedia, pero lo que en realidad añade y perfila es una existencia humana de la mano de las artes que abarquen la totalidad de la vida, y lo hace a través de simbolismos y un mundo de figuras mitológicas incisivamente claras. Así las artes se convierten en la matriz de su pensamiento para la vida, situando la música como la máxima expresión de la misma. Las dos figuras principales sobre las que pivotará su obra son Apolo y Dioniso. A través de ellas simboliza las fuerzas esenciales de la existencia y la naturaleza. Nietzsche al igual que otros, consideraba a Dioniso como sangre extranjera en el Olimpo. ¿Por qué los griegos colocarían a este dios en el mismo altar que al resto?. Nietzsche cree adivinar el motivo. Cuando los griegos conocieron a Dioniso estos se aterraron. Hallaron en él la voluptuosidad, el irrefrenable impulso de las fuerzas bárbaras, un dios sin límites, cruel, el carnívoro de los actos humanos más temibles y profundos que no ponen ningún freno a los actos, lo irracional, el desencadenador de las tareas más instintivas y bestiales que podían llevar a cabo los hombres. Los bárbaros adoraban a este dios de la naturaleza y las fuerzas salvajes, y el horror griego ante este dios era, que en el fondo de su corazón y de su pensamiento se veían hermanados con esos bárbaros, de intuir que ese salvajismo habita en todos y cada uno de los seres humanos. Era algo que causaba pavor a los griegos.

Para conseguir manejar este terror los griegos conciliaron una especie de matrimonio entre Dioniso y Apolo. Apolo representa la luz, la mesura, lo equilibrado, la contención de los apetitos... Vieron el él la figura perfecta para dominar el lado oscuro y temible que encierra lo profundo de nuestro ser. Con esta unión quedan simbolizadas las dos potencias artísticas que brotan de la naturaleza misma. Dioniso es despojado de sus armas más dañinas por Apolo y le arrebata su aspecto más salvaje, por ello, Nietzsche insiste en que "hay un abismo que separa a los griegos dionisiacos de los bárbaros dionisiacos." Si durante un principio este dios era el encargado de desatar las fuerzas más terríbles y profundas que hollan nuestra naturaleza salvaje, para los griegos, siempre de la mano de Apolo, quedará cristalizado en las posibilidades transfiguradoras de la fuerza vital del ser humano. Para el griego, Dioniso no podrá vivir sin Apolo ni Apolo podrá vivir sin Dioniso. El mundo dionisiaco que quedará para los griegos es más cercano a la embriaguez, a la sexualidad, a lo instintivo y creativo, a lo irracional y la potencia creadora. Mientras que el mundo apolineo simbolizará la mesura, el orden , la armonía, el sueño, la distancia, el velo... El lado dionisiaco quedará para el griego como la llegada de la primavera, el olvido de los límites individuales bajo el influjo de la magia dionisiaca.
Dioniso es también para Nietzsche lo "Uno primordial", que representa la unidad y la totalidad del ser, surge la armonía universal y la fusión con la naturaleza que yacía olvidada. Cercano a la voluntad de la que hablaba Schopenhauer, el en sí del mundo. La fuerza de la vida que el traduciría en dolor y sobre la que fundaba su metafísica, Nietzsche lo tomará como principio estético, ya que esa voluntad se podrá superar como voluntad creadora, aunque Dioniso, como símbolo que es del fondo vital, no dejará de tener un lado oscuro.

La cultura griega que siempre aparece ante nuestros ojos como una cultura luminosa, artística y bella, encierra un misterio que Nietzsche se esfuerza en desvelar y busca en sus cimientos para explicar de dónde surge, y lo que encuentra en el fondo de tanta belleza y armonía es el inmenso dolor de la vida. Los griegos conocian muy bien las penurias de la vida, los padeceres de un hombre arrojado a la existencia sin explicación alguna. Estos horrores propios de la existencia se ponen en boca de Sileno, que acompaña a Dioniso. Sileno representa el pesimismo más radical y acompaña al dios allá donde va. Nos recuerda la caducidad de la vida, el sufrimiento del mundo, el padecer en la existencia, la enfermedad, el abandono, nuestra insignificante finitud y en definitiva, nos enseña que la existencia es algo insoportable y llena de sinsentido, mejor no haber nacido o suicidarnos.

Pero precisamente ante esa sabiduría divina se levanta la propuesta nietzscheana: los griegos superaron ese pesimismo. Ese pesimismo puede ser superado, pero para ello debemos comenzar en no negar ese fondo de dolor y sinsentido, por medio de la experiencia dionisiaca remitida lo Uno primordial. Dicho de otro modo, dominar el sinsentido de la experiencia vital pasa por bucear en la experiencia dionisíaca, que enmarca el sentido más obvio de la naturaleza, pasa por no negar el dolor y las miserias del mundo que acontece a todo hombre a lo largo de su vida, pasa por aceptar sin reparos que el mundo es cruel e indomable, que el sufrimiento y la penuria forman parte del mismo sedimento de la existencia, pasa por aceptar el mundo tal y como es, sin fragmentaciones ni parcelas amoldadas a nuestro gusto personal. Este punto es el más peligroso de la voluntad, "el peligro supremo" señala Nietzsche, el lugar donde el camino se hace más estrecho a las orillas del precipicio. Desde aquí el abismo tiende a mostrarse insalvable, infranqueable, hasta a los espíritus más fuertes, nos encontramos rozando el nihilismo pasivo para caer en sus temibles garras.
Pero todo esto que parece tan extravagante y pesado (que nos enfoca al discurso de Sileno) es lo que precisamente nos remite a la experiencia artística o a la experiencia musical. A Dioniso le acompañaba un coro de machos cabríos que cantaba, aunque el origen de la palabra tragedia no está del todo claro, la visión más aceptada es la que proviene del griego, tragos "macho cabrío" y adein "cantar". Siguiendo la música del coro que acompañaba a Dioniso no es sorprendente que Nietzsche entienda la música como el arte supremo de la experiencia dionisiaca. Con Dioniso de la mano de Apolo transfiguramos esas temibles fuerzas que gritaba Sileno, esas fuerzas que se vierten sobre nosotros con inusitada violencia, y es a través del arte y la ilusión como podemos elevarnos de oscuridad que nos rodea. La voluntad schopenhauriana trasmitida en dolor se transforma aquí en principio estético de voluntad de poder, de voluntad de crear. La ilusión y el arte aparecen como salvadores de las injurias e injusticias de la condición humana. No hablo de ilusión como imagen falsa o fugaz. Cuando Nietzsche habla de ilusión se refiere a las formas o modos de vida creados para afrontar el dolor de la vida y su sinsentido. "Artista" es aquel capaz de crear ilusiones bellas al transformar el dolor de la vida en representaciones con las que es factible vivir. El artista asimila lo Uno primordial y lo imita, pero es capaz de embellecer lo que toca, de crear una vía salvífica a través de las ilusiones. Cada persona buscará sus propios métodos, su propio arte frente al Uno primordial. Tenemos que luchar y actuar, crear ilusiones nobles, que son las que se no se olvidan del espíritu dionisíaco del mundo, sino que sabiendo del telón de fondo que subyace la existencia es capaz de hacerla bella y soportable. Por el contrario las ilusiones vulgares son las que niegan u ocultan ese fondo vital, frente a estas, las ilusiones nobles son aquellas que son capaces de propiciar en el individuo experiencia originarias, experiencias dionisíacas como lo hacen el arte y la tragedia. Desvelar la verdad dionisíaca de la vida transfigurada en en belleza y creatividad, que ahora camina con Apolo. La experiencia apolínea nos propicia un velo, nos permite guardar una distancia necesaria. No podemos vivir exclusivamente de experiencias dionisíacas pues entonces sería mejor perecer.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Diez años y doce temas


Hace diez años que Radiohead nos trajo al mundo su disco “Ok Computer”. Desde el año 1997 me han sucedido muchas cosas, pero este disco siempre ha permanecido en mi cabeza como radiación de fondo. Esta es mi forma de realizarle un pequeño homenaje.
Un nuevo despertar, de notas y estructuras, de sonidos y arreglos calculados a la perfección. La voz es suave, indiferente, presente y estirada. Sonidos que nos recuerdan que hombre y tecnología son una misma identidad. Evocación de una realidad que se nos escapa, sólo quiero salir y volver para salvar el universo. Sólo somos una cosa, somos vida. Es valiosa, se gana y se pierde todo en el momento menos esperado, y eso es algo que cae fácil en el olvido, porque se nos olvida lo esencial. Este es un disco de esencias, que se entrelazan encerrando el espíritu de la razón instrumental en la que moramos. Con un apetito que nos devora, nos anestesia, nos alinea, olvidamos…
Nos miramos a nosotros mismos, sin aplicar ningún tipo de responsabilidad, es más fácil delegar y ceder. La clase política cae en la indiferencia y su excelencia brilla por su ausencia. Pequeñas alimañas que nos roen con su discurso aburrido y vacuo, para luego acabar pataleando como cerditos, que no saben qué hacer ni dónde ir. Algo que evidentemente tiene que explotar, reventará de un modo u otro, y cuando lo haga pensaremos que ya no nos queda nada, y al fin, podremos ver la luz al final del túnel, aunque claro, es demasiado tarde para salvar lo insalvable.



Reminiscencia, vuelta a lo primigenio, purificación, regreso a la naturaleza, ver lo que no se vio durante mucho tiempo. Ahora solo hay tiempo para encontrarse a uno mismo, en un mundo que desde luego no es muy bonito, y nos lo venden como el mejor.El ok computer es nuestro punto de partida y de retorno, una perfecta descripción musical del momento contemporaneo en el que vivimos.