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jueves, 5 de junio de 2014

Hipocondría de la belleza

 
"No está mal ser bella; lo que está mal es la obligación de serlo" Susan Sontang.

No es nada nuevo saber que habitamos en la cultura de la imagen, vivimos en la época de la orgía de las apariencias. Está claro que la belleza siempre ha sido algo deseable, pero el espectáculo al que asistimos es patología dañina.

Comencemos por describir el panorama:

1-El cuerpo, las imágenes del mismo y su perfección, se ha transformado en la tiranía de los egos. Se persigue y se valora con demasiado afán el aspecto físico, ya no vale estar sano como antaño, ahora quiero tener un cuerpo diez.

2-Es una nueva tiranía de la superficie, convertida en obligación y deber, resulta que ahora estamos obligados a ser guapos y perfectos, nada es suficiente para alcanzar semejante meta.

3- Para ello existe todo un torrente de parafernalias que nos recuerdan la importancia esencial de este nuevo y desmedido deber: el consumo compulsivo de cosméticos, la obsesión por las dietas, la adicción a las cirugías, botox... cualquier recurso es válido para intentar hacerse con el prototipo de belleza, incluso una liposucción, rinoplastia o fotodepilación se vende como signo de clase. Es la nueva idiosincrasia occidental orquestada por la publicidad y el mercadeo. Se salta por los aires los límites reales de belleza, se busca lo natural y joven a través de recursos artificiales.

4-La nueva belleza  no sólo la porta uno mismo, sino que es fotografiada y subida a Internet para que todos me vean. La nueva fotografía, lejos de valerse de criterios artísticos con cierta pretensión de elevación, tiene más aspiraciones sociales y de reconocimiento que otra cosa.  Plataformas como Facebook o Instagram conducen a una  exhibición en la comunidad, donde los seguidores que uno tiene son valores válidos de aceptación y popularidad del círculo que habitamos. Es una auténtica autoflagelación, un insaciable deseo de perfección diseñada en aras de la aceptación y el reconocimiento social.

5-El discurso es asfixiante y repetitivo.

6- Tanto es así que las personas ya dominan las posturas imposibles, elegir la mejor de las cuatrocientas "selfies" que tengo, colocarle unos buenos filtros y subirla a la red. La apariencia se hace pasar por realidad después de innumerables esfuerzos por lograr la toma deseada, si salgo sin aportar esa chispa perseguida, mejor no la subo, la borro porque estoy horrible.

 7-La belleza es prostituida, se recluye a unos cánones delimitados por el famoseo, las portadas de revistas y el mundo de las superestrellas, haciendo que todos quieran ser iguales y a la vez creernos únicos, antítesis de la creatividad, las imágenes acaban por tener el mismo aspecto aunque todos nos pensemos súper especiales.

8-En el presente las identidades han estallado bajo los valores imperantes de la lógica de mercado, las apariencias hacen que las personas se agoten en la presentación misma. La plenitud corporal artificiosa funde el contenido del individuo y succiona todo atisbo de verdadera autenticidad.

Conclusión: 
Si quieres puedes seguir el juego, perseguir al correcaminos, en el fondo la cuestión versa sobre la libertad y tu felicidad, puedes elegir entre ser más libre o seguir como has estado hasta ahora, tú decides. Quizás nunca puedas ser totalmente libre, al menos elige de qué no ser esclavo.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Matrix, filosofía y la madriguera del conejo


 "Quería compartir contigo una reflexión sobre la enseñanza del pensamiento, o  la importancia de la filosofía. No se por qué pero un día en la ducha empecé a pensar como hacer ver la importancia del pensamiento, de la filosofía, por qué es fundamental. Y me acordé de Matrix ¿recuerdas la escena en la que Morfeo le da a elegir a Neo entre dos pastillas? 
  Puedes tomar la pastilla azul y vivir en tu mundo tal y como lo has hecho siempre o puedes tomar la pastilla roja y despertar, entrar en la madriguera del conejo y entonces nada volverá a ser igual y verás el mundo con otros ojos. Entendí que con el estudio de las ideas es igual. Las ideas nos rodean, configuran nuestro mundo, vivimos a través de ellas aunque no seamos conscientes de ello. Impregnan nuestra realidad, no podemos sustraernos ya de ellas. Cualquier planteamiento vital, cualquier actitud, cualquier decisión, está sostenida por ellas ¿cómo no va ser importante VER esas ideas, identificarlas, descifrar ese código?
  Por eso es importante estudiar filosofía. Para seguir al conejo blanco, para entrar en la madriguera, descifrar el código y ser más libre."

Esta entrada está escrita por sí sola, en conversaciones cercanas con un alma hermana, ahí lo dejo, tómate la pastilla azul y vive la vida como siempre has hecho, vive Matrix, o tómate la roja y sumérgete devolviendo la mirada al mundo, tírate por la madriguera del conejo.

lunes, 28 de abril de 2014

Diseñando vidas, electrocutando sueños



  Cuando recuerdo lo que pensaba sobre mi futuro hace diez o veinte años, dónde terminaría y cómo iría el transcurso de mi vida, no puedo dejar de sentir vértigo y sorpresa. Yo tenía otros planes para mi, mi pequeño cosmos emitía otras luces y situaciones, en definitiva, tenía otra vida esperando ser vivida.

  Cuando uno es joven no conoce la vida,  no sabe que tiene que estar abierto a la multitud opciones que sin previo aviso aparecen y desaparecen. Somos hijos del azar, en un examen sorpresa del que nunca te han dicho que te vas a examinar, cuyo temario excede con creces a todo lo preparado. Podrían decirme que siempre ha sido así, que la vida te arrastra y te hace vivir ciertos episodios inesperados, que nuestros abuelos emigraron o a nuestros padres les pasó tal cosa. Tienen razón, pero nuestro presente muestra diferentes peculiaridades que ellos ni por asomo sintieron, aunque ahora, lo experiementan junto a nosotros en una fase diferente de su vida. En el caso de mi generación, la maldita postmodernidad se ha cebado con nosotros, la tormenta tecnológica, del pragmatismo, del individualismo deshumanizado. En un mundo más rápido, más global y más eficiente, nos hemos sometido a una transitoriedad difícilmente comparable a la que existía hace unas décadas, ayer estabas en un lugar, hoy estás en otro y mañana quién sabe. Ha habido una total desregulación de los parámetros laborables, el mundo se ha vuelto más loco e impredecible, cambiante e incierto. Tener hoy en día seguridad laboral es un mito, vivir en tu tierra un privilegio de unos pocos, es un tiempo nuevo, sin certezas, volátil, precario y contaminante.

  Si la vida ya es de por sí, un torrente incontrolado de fuerza y caos que nos lleva a posiciones inesperadas, nuestra postmodernidad lo potencia y lo eleva al cubo. No sólo en el ámbito laboral, la familia nuclear también se distancia, pese a la cercanía que facilita el auge de los medios de comunicación, no pasan de espejismo y sucedáneo de la experiencia vivida junto a los otros. La planificación a medio o a largo plazo es absurda. Se escurre como líquido entre los dedos de las manos. Algo que acentúa esta característica es  la depredación de la sociedad de consumo y los mercados impregnan todo, especialmente la relación con los otros que se vuelve consumismo individualizado y reciclable. Cuando se me rompe una cosa o me canso de ella me compro otra y listo, sucede cuando vas de tiendas y cuando quieres prescindir de tu pareja o amigos. Se abandonan los compromisos y lealtades con mucha más facilidad, existe la desconexión y la rápida desvinculación.

  Cualquier intención de diseño compulsivo de un proyecto vital es una pérdida de tiempo. Las posibilidades de elección son mucho menores de lo que pensamos en un océano de fluctuaciones. El escaparate es amplísimo, pero a la vez engañoso. Con suerte uno puede elegir de qué no ser esclavo. Quizás siempre ha sido así, pero hoy en día, en nuestro tiempo, la volatilidad y el cambio está mucho más presente que hace dos o tres décadas. Ellos nos hablan de progreso, de logros y superación, pero la realidad es que las cosas están cada vez peor, ¿para qué engañarnos?

  A estas alturas me imaginaba casado, con hijos, y con más respuestas que preguntas. Lo habitual ha sido estar cediendo bajo la presión, perdiendo el contacto, permanecer escondido entre las sombras, una maldita condición que me mantenía arrinconado con el mundo. Y ahora, echando la vista atrás entiendo por qué. Responder a la pregunta de quién soy o qué va a ser de mi me parece una actitud cuanto menos delirante, diseñar vidas y aferrarte a modelos es morir electrocutado.  Sloterdijk llama a nuestro entorno “la ciudad amurallada” que ya no es un refugio como lo era antaño frente a bestias, piratas y bandidos, sino  fuente esencial de peligros. La naturaleza no es ya un entorno hostil porque la hemos domesticado, a la nueva naturaleza que debemos temer es la que nosotros hemos creado. La sentencia de Sloterdijk me parece acertada, son en los muros de las grandes urbes protectoras donde uno lucha contra sus miedo individuales y globales. Me siento rehén de la falaz sociedad del bienestar, desconfío de los tecnócratas, de los políticos y las instituciones estatales, de Wallstreet, de las polizas de seguro, del sobrepeso de información, de la venta de imágenes orquestada por la publicidad y de la NSA monitorizando mis comportamientos. Definitivamente, siento nostalgia de los sueños que tuve, ahora he despertado y ya sé que no sé absolutamente nada de lo que me tocará vivir. Admito que me gustaría que rodasen cabezas, cercenadas con fina katana, pendiente abajo hasta hundirse en el verde fango.



martes, 8 de abril de 2014

La serpiente de uróboros

 
   Es la serpiente que se muerde la cola, la serpiente de uróboros, el dragón que se devora a si mismo, símbolo del eterno retorno y el espíritu cíclico, lo inagotable, así son nuestros deseos, nuestra misma esencia. Con una mirada rápida vislumbramos que nuestra cultura presente sobrevive de deseos, las personas quieren compulsivamente, el deseo es una de las claves para entender el paradigma actual, la podríamos llamar la cultura de la avidez y la insatisfacción. Nuestra sociedad de consumo es una sala de deseos programados, y sus centros comerciales la encarnación del mismo deseo, su paraíso, con una gran dosis de seducción propiciada por las promesas de la publicidad. José Antonio Marina se refiere a nuestro tiempo postmoderno como" proliferación de ansias, codicias y concupiscencias", sujetos a la insaciable vorágine del consumo, en cuyo producto siempre existe una promesa de felicidad para el comprador (que por cierto, pocas veces se cumple).

  Goethe, fruto de su tiempo, ve en el amor y en el deseo "las alas del espíritu de las grandes hazañas" como se ve reflejado en la mayor parte de los personajes de su obra. Deseos elevados de grandeza nunca exentos del peligro de las pendientes resbaladizas. Existen entonces muchos tipos de deseos, algunos elevados, otros odiosos y otros imposibles de enmarcar, hay tantos como personas existen, lo que parece claro es que somos energúmenos del inconformismo. Siempre queremos más, imposible saciar todos los apetitos, todos los detalles, siempre terminamos por devorarnos porque incluso nuestros deseos más perseguidos, en ocasiones, no logran saciarnos una vez conquistados. Deseos terrenales y deseos espirituales, tantos unos como otros atan, aunque en nuestro tiempo, por extraño que parezca, deseo-posesión-felicidad son la triada de la gran falacia. Quizás lo que sucede es que ni siquiera sabemos desear. Sed de querer, de tener y de exigir al mundo, constantemente, cada mañana, cada momento, cada turno o cada mediodía. No sabemos estar quietos, un torrente de exigencias personales que plantamos al mundo a la espera de que este se transforme en nuestro particular jardín de rosas. Así es la humanidad, así somos nosotros, sueños y esperanzas que alimentan la insatisfacción.

  ¿Pero acaso podría ser de otra manera? Si y no, lo que parece claro es que el dominio de los deseos es médula espinal de una vida que se pretenda más feliz. Los budistas ven el apaciguamiento del deseo como vía para la sabiduría, Spinoza dice que somos deseo, quizás lo imposible es no ser lo que somos. Voltaire señalaba que "sólo es inmensamente rico quien puede limitar sus deseos", mientras que Epicteto de Frigia decía "No pretendas que las cosas ocurran como tú quieres, desea, más bien, que se produzcan tal como se producen, y serás feliz", dicho de otro modo y en consonancia con las grandes sabidurías, aceptación de lo real hasta sus últimas consecuencias (no equiparar al  malentendido conformismo). Es la serpiente que se muerde la cola, la serpiente de Uróboros, el dragón que se devora a si mismo.



miércoles, 2 de abril de 2014

Un mundo feliz ;)



 Vivimos comunicados, pero nunca hemos estado más alejados del vecino que en nuestro presente. La realidad es que el mundo interconectado ofrece una plurivocidad de medios y formas para interactuar con el otro, de decir o trasmitir, de incidir en el mundo sin importar dónde estemos y hacernos partícipes de la gran comunidad. Todo un parque tecnológico a nuestros pies para desembocar en una profunda esterilidad de contenido. Como ocurre frecuentemente, lo que se hace pasar por real no es más que una ilusión. Es un enorme escaparate de posibilidades diluidas, mercadeo de egos, donde la distancia es mayor precisamente por la sensación de poder que parece brindar, pero que en última instancia desemboca en una escisión de esferas individuales, los hábitos perceptivos de los usuarios se atrofian en un océano de conexiones en las que somos partícipes.

  El marco cultural postmoderno estalla de dolor cuando la inclinación y la tendencia no es hacer un mundo feliz y mejor, sino la venta de imágenes que se agotan en la presentación misma, sin traer los beneficios del progreso humano prometido. Las fuerzas económicas y el narcisismo individual se liberan de aquella misión liberadora, los usuarios pueden entrar y salir sin trabas ni dolor a pesar de tener a su alcance los medios necesarios para vislumbrar los aspectos más básicos que la humanidad necesita resolver con urgencia, pero los apremiantes cambios siguen sin llegar ya entrados en el nuevo milenio. 

  Todo es fugaz, todo parece deslizarse, mudamos de piel como la serpiente, saltamos de contenidos y nos deslizamos sutilmente sin advertir que se nada en una nada, en un complejo bucle enfermizo que parece renovarse cada día sin ser más que un delirio de sucesos que no conducen a ninguna parte. La persuasión de la palabra escrita recibe una estocada, la imagen y proyección de lo que somos o queremos ser se abre paso sin firmes argumentos, porque su nueva arma es una terrible seducción que disfraza y oculta, que entierra su vacío e inutilidad. Sólo se muestran las ventajas de una era tecnológica que nos asegura elevarnos como nueva humanidad disfrazando todas sus miserias, pero de una manera tenue nos inculca un veneno paralizante y vaporoso que oculta nuestro bochornoso retraimiento como especie súpercivilizada. 

   Por eso desconfío del discurso tecnológico, por eso dudo de las promesas sobre las que se eleva, por eso me mosquea su apremiante optimismo con las dibujadas sonrisas que muestran sus anunciantes, por eso recelo de nuestro patio de recreo y me escaman sus patologías, por eso me cago en su puta madre.


jueves, 27 de marzo de 2014

Un mundo de gente incompleta


  En la distancia el sentimiento se hace cercano. Cuanto más lejos estoy más presente tengo a las personas que me importan. Resulta paradójico que sea precisamente la lejanía lo que refresque la cercanía, y no sólo eso, sino que también otorga mayor amplitud de miras. Amplitud de miras y de juicio, al arrojar luz sobre lo esencial, sin intoxicarlo con elementos superfluos, te percatas de lo enorme que a veces se escurría en rutina. El dicho de que uno quiere lo que le falta, hace justicia especialmente en el ámbito del sentimiento, porque en el ámbito de lo material, aunque a veces resulte verdaderamente importante (una medicina por ejemplo), en la mayoría de los casos es una no-necesidad inculcada por un elemento de mercado cuya promesa de felicidad dura bastante poco. Pero el sentimiento es otra cosa, difícil de encasillar o ponerle etiqueta, es vivencia que constituye nuestra identidad, lo que somos o lo que creemos ser, verdadero o falso, está ahí, latente e impreso con sangre en el cuerpo. Así es la geometría de lo humano, la fotosíntesis de la existencia, la hibernación del espíritu, el caparazón de las tortugas.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Manual de supervivencia para el campo de batalla


1.-Introducción:
1.1- Es obvio que Occidente está en crisis.
1.2- Quién crea que la crisis es exclusivamente financiera se equivoca.
1.3- Lo que viene no es lo que era. Iros mentalizando que las próximas décadas que nos van a tocar vivir, no tienen absolutamente nada que ver con lo que hemos tenido hasta ahora.

2.- La felicidad y su modelo implantado:
2.1- Confusión entre felicidad y tener mucho dinero (Consumismo)
2.2- Confusión entre felicidad y ser muy guapo (Narcisismo)
2.3- Confusión entre felicidad y la adulación del prójimo (Niputaideísmo)
2.4.- Confusión entre felicidad y seguridad ( Ignorancia sobre el cambio)
2.5- Por mucho que te hayan contado, el éxito, la autoestima y el equilibrio personal no radica en ninguno de los puntos anteriores.

3.- Grandes fórmulas que nuestro presente ha sepultado:
3.1- Conócete a ti mismo (Delfos)
3.2- Pregúntate por las cosas, dudar es sano (Descartes)
3.3- Aprende a estar solo (Pascal)
3.4- "Tus" decisiones han de ser "tuyas": autonomía de la persona (Kant)
3.5- Una buena educación: en busca de la sensibilidad perdida (Romanticismo: Goethe, Schiller...)
3.6- Alegría (Spinoza)
3.7- Valentía, afrontación de una vida que nadie dijo fácil (Nietzsche)

4.- El arte: vía para una vida más rica en proteinas:
4.1- El arte: medicina para el alma (Sócrates)
4.2- El arte dice donde nadie llega a decir: punto de reflexión y encuentro con el mundo (Schopenhauer)
4.3- La literatura: hay que elegirla como si fuese tu pareja.
4.4- La música: hay que elegirla como si fuese tu pareja.
4.5- El cine: sin pesadillas.
4.6- Viajar: no es fotografiar.

5.- Algunas conclusiones:
5.1- No temas a la oscuridad.
5.2- Cuida de tus amigos.


lunes, 10 de octubre de 2011

¡Se tú mismo!... By Steve Jobs?


Sé tu mismo, no hay mayor expresión de libertad que ese. Ser uno mismo, o llega a ser lo que eres. No me cabe duda de que es la clave para una existencia rica en proteínas. El discurso de Steve Jobs, que tanto circula tras su reciente muerte es una apología de lo que los grandes pensadores supieron ver. No es nada nuevo, pero quizás siendo el fundador de Apple, su capacidad mediática es una buena oportunidad para inculcar un poco de filosofía en la era de la reproducción digital. Y es que hoy en día, o quizás siempre, tan elevada tarea resultó compleja. ¿Y cómo es nuestro tiempo?

 Mi tiempo es un tiempo acelerado. Con frecuencia me doy cuenta de lo volátil y lo efímero de mis proyectos, mis ilusiones y mis deseos. Ansío seguridad y estabilidad, cuando todos sabemos que eso es una falacia de la vida. Vivimos una época donde aparentemente todo está relacionado, donde toda forma de vida es reproducida y estereotipada, perdiendo con facilidad todo ápice de originalidad. Es un tiempo que corre como el demonio, donde lo que ayer era nuevo, hoy ya ha envejecido. ¿Puedo ser yo mismo en un tiempo así?

 Esto complica la tarea, los mecanismos publicitarios, las grandes estrellas, los medios en general, nos aturden y convencen para encontrar unos modelos de felicidad basados en el consumo, el éxito reconocido, y el culto a una belleza mutilada, pues la belleza es mucho más que el Cosmopolitan. Es por eso que encontrar naturalidad y originalidad es algo bastante esquivo, escaso como un oasis en el desierto. Sé que no es fácil, todos tenemos demasiado ruido mental en la cabeza, demasiados adjetivos, demasiadas circunstancias, laberintos mentales que nos hacen oscilar constantemente. Quizás por los motivos que antes enunciaba, quizás por otros que ignoro, pero la verdad es que hoy en día hay poco margen de maniobra para ser uno mismo.

Quizás sea la mirada del prójimo, que inconscientemente flota sobre nuestras cabezas, quizás falte educación sentimental frente al aparato mediático, quizás sea la amnesia que nos inculcan los mass media, no lo sé, y en definitiva tampoco debería importarnos demasiado, porque lo que aquí está en juego es algo que supera todo eso, que es en cada caso, tu vida.

Una vida que nunca se dijo fácil, una vida donde la muerte juega con su presa antes de devorarla, pero al fin y al cabo, una vida que mientras estés aquí te pertenece. Pero volviendo al principio, una vida sólo te pertenece cuando en cualquier caso la haces tuya. ¿Quién puede vivirte? ¿quién puede suplir tu tiempo y tu existencia?... "Deja ser al ser" decía Heidegger, "conócete a ti mismo" rezaba el oráculo de Delfos, "llega a ser el que eres" profesaba Nietzsche, "cada uno es lo que es su amor" decía Agustín de Hipona... No hay entonces mejor receta, mayor consuelo, que ser lo que somos, quitarse el caparazón de la tortuga de las apariencias, y luchar cada día, cada instante, por lo que somos... No existe gracia, mayor virtud, mayor tesoro, que el viaje de ser uno mismo. Eso es lo que el difunto Steve quiso recordarnos.




viernes, 9 de septiembre de 2011

Frente al teatro de la muerte: alegría.

     El otro día amanecí eléctrico cuando descubrí en internet una entrevista de Peter Sloterdijk en el diarío "Le Monde". Allí expresaba sus puntos de vista sobre el derrumbe cultural en el que estamos inmersos. No voy a expresar aquí sus puntos de vista, me conformo con saber que no todos compartimos el mismo optimismo incrédulo, y que esas voces comienzan a ser escuchadas ante la falta de antibióticos de  nuestro sistema.

     Empaquetados en una lata de sardinas observamos por primera vez en mucho tiempo la posibilidad (muy real) de que mañana vivamos peor que ayer. Es la réplica de la caída del imperio romano, donde semanas antes de su destrucción total la gente seguía llenando los circos y las casas de putas.

     Es curioso porque esta idea tan novedosa no es para nada nueva. La idea del ser humano en progreso lineal e infinito a lo largo de la historia fue defendida por la mayoría de los autores que se han hecho oír en los últimos siglos, mientras que quién ponía en duda dicha estupidez eran tachados de locos, pesimistas, nihilistas, trastornados, incomprendidos y amargados.

     Ahora nos encontramos en una encrucijada que hace crujir al mundo, donde los cimientos tan sólidos y defendidos a lo largo de los últimos años y siglos, estallan ante el sublime espectáculo que provoca el hundimiento de una sociedad occidental que deja una bella estela tras de si...

     Porque la idea estética de que lo bello es lo digno de admiración es algo bastante superado. La destrucción, la bajeza, las explosiones y el desamparo también encuentran un lugar en el hecho estético, sólo hay que preguntarle a los románticos alemanes. Por mi parte voy a hacer un esfuerzo personal para estar alegre e intentar darle la vuelta a toda la fiesta que está montada, porque la risa, como ya he dicho en varias ocasiones, es arma y armadura frente a los acontecimientos que acontecen.

     Abrir bien los ojos, porque el momento que atravesamos es único, y bien merece ser observado con detenimiento para contárselo a nuestros nietos, si es que estos alguna vez, llegan a nacer.

     Una buena banda sonora para el momento del estallido total... Seguro que Dios tiene este tema en su Ipod.




viernes, 2 de septiembre de 2011

Apuntes (incompletos) sobre la felicidad.


  ¿Cuál es el precio a pagar, cuál es el camino a recorrer, para lograr la felicidad?. Tan ansiado por tantos, tan sólo logrado por unos pocos. La felicidad no puede ser nunca plena y permanente. Y entre esa movimiento de estados de ánimo caminamos por el mundo. Un mundo que en ocasiones se nos opone (Fichte), un mundo cuyo sedimento no es otro que el de la insatisfacción, el de un eco de sufrimiento que resuena en nuestro caja torácica constantemente (Schopenhauer). Una vida que es "una mala noche en una mala posada" (Santa Teresa), un mundo que es "un valle de lágrimas" (visión cristiana), un mundo que se nos muestra terrible cuando nos asomamos al abismo, y este nos devuelve su mirada (Nietzsche).

   Desde luego no a de ser fácil tan excelso logro, ser feliz... Tan preciado tesoro, de equilibrio y serenidad interior está sólo reservado a los más sabios. Hay toneladas de literatura, ríos de tinta, que velan por los diferentes caminos que conducen a la serenidad del alma. Cada uno con sus peculiaridades, cada uno con un pulso diferente. Aristóteles,Séneca, Montaigne, Spinoza, Goethe,  Pascal y tantos otros nos ofrecen diferentes reflexiones sobre el tema. La literatura del pasado es conversación con los muertos, traes al presente cuestiones plasmadas en letra y pulso, y a través de ella tenemos contacto con lo que fue, con lo que ha sido.

   Encontramos entonces diferentes caminos, diversas formas de entender el remolino en el que estamos inversos. Algunos autores nos resultan más afines al temple de nuestra alma, otros autores distantes y alejados del temple de nuestro ser. Por más que se haya buscado a lo largo de tantos siglos, el tan preciado tesoro de la felicidad, lo que con seguridad ya hemos averiguado desde tiempo atrás, es que no hay fórmulas, no hay recetas. No existe el manual de instrucciones, la fórmula matemática, el tablero y sus reglas varían constantemente, en cada época, en cada persona, en cada situación.

   No basta pensar qué cosas podrían alimentar al ser que todos llevamos dentro, no basta pensar qué me haría más dichoso en un momento u otro, o de que tiene sed nuestra persona. A la difícil cuestión que se nos plantea hay que agregarle la circunstancia,  "yo soy yo y mis circunstancias" (Ortega).

   Entre la difícil cuestión que se nos plantea se vierte una triple incógnita. ¿Qué es lo que quiero? ¿Cómo lograr saberlo cuando todo está imbuído en constante movimiento? ¿Cómo encajarlo en la época en la que vivimos? La primera cuestión atañe directamente a los deseos de cada uno, es una pregunta de delicada respuesta. Todos sabemos lo complicado que resulta saber qué es lo que uno quiere, muchas veces, a todos nos ha pasado, hemos perseguido un objetivo, hemos galopado para alcanzar una meta, nos hemos partido la cabeza y hemos inyectado todo el esfuerzo de nuestros músculos para alcanzar la meta ansiada, para después saber, que no era lo que buscábamos. La segunda cuestión está sometida al tiempo, a la contingencia, al saber que no deseamos lo mismo hoy, que ayer, que mañana. A saber, que todo está sometido a las estrictas reglas del cambio, al fluir de un ser que se extravía, que se encuentra y que se vuelve a extraviar. Y la tercera cuestión, quizás la que más me inquieta ¿cómo poder ser razonablemente feliz en la época en la que vivimos? Un presente duro y cruel, del que tanto me quejo en otras entradas de este mismo blog. Un presente en el que una cultura decadente se desploma ante sus propios víctimas. Un presente que ha aniquilado sus valores en favor del dios del dinero, de lo útil por encima de toda vida humana. Donde predomina una razón instrumental, y no queda lugar para la compasión ni el refugio del ser humano. El mundo como "jaula de hierro" (Webber) o las sociedades líquidas (Bauman), donde el vínculo es débil y moldeable haciendo que el vínculo no sea vínculo (facebook).

   Me jode no hallar respuestas, no creo que las consiga, porque de lo que aquí se trata no es de hallar respuestas cerradas. Ya hemos admitido que todo está sometido al cambio, tanto de nuestros deseos, tanto del mismo movimiento, tanto de nuestra época, la época de las grandes velocidades y aceleraciones.
Me queda un pequeño consuelo, pese a las diversas concepciones sobre la felicidad, creo que existe una posición global común de fondo. Pero estas respuestas no son un camino claramente delimitado e iluminado como una pista de despegue, más bien señalan una dirección, apuntan a un lugar. La aceptación y la alegría como metas inmediatas para construir un proyecto vital de cierto equilibrio. Pero qué difícil es elevarse, si para tomar fuerzas y aceptar primero hay que tocar el oscuro y aterrador fondo existencial, esa escena teatral en la que somo arrojados y obligados a bailar, aunque el teatro esté en llamas.

   ¿Cómo reír, cómo danzar, como aceptar y estar alegres cuando un huracán incontrolable te zarandea, te eleva y te estrella contra el suelo, para de nuevo elevarte o no dejarte levantarte jamás? Esta es la cruz del hombre, el peso a sus espaldas, el espíritu trágico griego, esto es una mínima porción, de aquello que llamamos vida.

lunes, 29 de agosto de 2011

Divagaciones sobre la primacía de la cultura de las apariencias.



Pensar que ser y apariencia se identifican es el pecado narcisista de nuestra época, la idiotez y la mayor pérdida de tiempo. Sin duda un gran lavado de cerebro ejercido por toda la maquinaria mediática que limita los cimientos de la felicidad. Es una actitud hueca, superficial y exenta de contenido. Es una mierda de principio, en una situación en el que emerge un valor protagonista con poder corrosivo sobre los valores convencionales, el individuo y su derecho inalienable a realizarse. Es una personalización de lo trivial, seducido por una simbología mediática sin precedentes en nuestra historia, un proceso de hundimiento que prescinde de toda intimidad y nobleza, así nos va...

"Porque el individuo estereotipado en los mass media, cuantos mayores instrumentos de exhibición disfruta, tanto menos sustancia exhibe al reducirse a mero símbolo hueco. Su identidad se confunde con la auto-presentación que se agota en la presentación misma y cuya comunicación trasmite vacío." J.M Gómez Heras.

La primacia de la cultura de las apariencias potencia el ego, la legitimación individual sin ninguna clase de base, se centra en la valoración cuantitativa de la persona, cimenta el gilipoyismo y te garantiza ser un infeliz si actúas bajo dichos supuestos. es por eso que el grado de felicidad de la falaz sociedad de bienestar está por los suelos. Por eso la gente devora antidepresivos, carece de metas elevadas, se suicida, no muestra más valor que el de la admiración por el truco, posesión de bienes materiales y el engaño (ante todo con uno mismo).

Por eso la reflexión es un pecado de nuestro tiempo, porque lo que se dibuja y lo que se exhibe es un vacío sobre un vacío, que devora nuestra época y nuestras fuerzas. Todo ello con numerosas consecuencias evidentes, yo nombraré tres:

La primera es que el nivel educativo y formativo es lamentable, y la sensibilidad se queda en un pequeño taco de madera. La segunda es que nos hemos tragado que nuestra civilización es avanzada y elevada. Y la tercera es la aniquilación de la práctica totalidad de los valores, sustituidos por una promesa de felicidad implícita en los objetos que compramos, y que en realidad no necesitamos.  Los conocimientos técnicos/científicos de nuestra gran civilización se centran principalmente en dos factores: armamento y satisfacción del desfondado ocio occidental.

Sólo así cabe explicarse que en el planeta existan cuatro mil millones de personas en el límite de la pobreza.
Mientras nosotros intentaremos comprarnos un Audi A5 y tener un volumen de pestañas cuatro veces mayor. Porque por duro que parezca es así, nos la han clavado. Sigamos confiando en su forma de entender la vida, quiero decir la mierda. Trabajar, consumir y aparentar. Eso si, hay que ser políticamente correcto, y discutir con educación y buenas formas. Así es la vida en rasgos generales de nuestro tiempo, ríe, porque es mejor que llorar.

lunes, 24 de enero de 2011

El tiempo y las ideas. Reflexión sobre el legado cultural.

La historia de nuestra cultura deja tras de sí un rastro de grandes ideas. Muchos de los estudios que ahora realizamos se nutren de ideas pasadas. La adaptación de esas ideas no es tarea fácil, la trasmisión de ideas entre diferentes pueblos distantes en el tiempo obliga a una revisión profunda de los motivos que empujaron su creación. .

La recepción histórica de un legado cultural es, en ocasiones, problemática. Muchas de las ideas recibidas creémos comprenderlas a flor de conciencia, pero ignoramos que lo que hay más vivo en ellas es lo que se "sotopiensa" bajo ellas. Ortega, gran conocedor del tema,pone el ejemplo de una planta. Yo puedo coger una palmera en Andalucía y trasladarla a Madrid, la palmera es la misma pero la tierra donde germinó es totalmente diferente. Cuando traemos al presente una idea gestada en el pasado hacemos un poco lo mismo, podemos traer el epicureísmo a nuestros dias, tomar sus ideas ya gestadas e interpretarlas, pero de poco servirá si desconocemos la tierra en la que se originó.

Se da un proceso inverso al de la creación, no se crea sino que se recibe, somo receptores, y esta recepción tiene un carácter trágico. Y tiene un carácter trágico porque el transporte integral de ideas es ilusorio. Este fondo latente no se puede transferir, como nada que sea de verdad vida humana. El problema de entender la solución preexistente y dada, imposibilita de raíz el sentir y los problemas que motivaron la búsqueda de esas respuestas.

No estoy poniendo en duda la validez de leer un clásico o beber de las ideas que han generado nuestra cultura, lo que intento poner de relieve es que esa trasmisión tiene interpuesta una pantalla entre el creador y el receptor. Si queremos entender hasta la raíz las nociones que nos puedan interesar, no hay otro camino que el de ahondar lo máximo posible en la tierra donde se gesta la semilla que acabó en idea.

Parece bastante obvio, pero por paradójico que resulte, se nos olvida con bastante frecuencia. Por otro lado, nuestras sociedades actuales que manejan auténticos oceanos de información, no dan pie en muchas ocasiones al detenimiento, a la pausa, queremos algo y lo queremos ya. Esa prisa e inmediatez impide que podamos ser buenos receptores de las ideas humanas.

martes, 11 de enero de 2011

El apego y otros deshechos.


El que danza encuentra en la despedida y la inseguridad un elemento gratificante. Los dioses griegos apenas llevaban ropas, iban ligeros de toda carga, sabiendo que la vida da y quita. Es muy observable que nuestras sociedades actuales identifican felicidad con seguridad. Resulta bastante patético ya que la seguridad no se puede garantizar ante los poderes de la circunstancia que dibuja la vida, dicho de otro modo, casar a la felicidad con la seguridad es un absurdo, un falso enunciado que posiblemente te lleve a la infelicidad.
En otras épocas en cambio no era así, se veía el cambio con deseo de que aconteciese, algo que irrumpiera y trajese consigo la novedad, la noticia, el cambio, el frescor, aunque no fuese lo que uno podía esperar su actitud era más abierta. 
Nuestra época es más cerrada, sometida al imperio de la posesión y el apego, mentes cuadradas al cuidado de sus parcelas. Poco a poco se va viendo un cambio de actitud, y la tiranía del ego irá cediendo lentamente.

martes, 21 de diciembre de 2010

Keep in contact with old friends.

Hacía tiempo que no vivía un fin de semana tan intenso, tan cojonudo. Me gustaría que la vida se detuviese en esos instantes, que se provocara un bucle como en una cinta de vídeo, repetición constate del momento deseado. Lo tuvo todo... Me cuesta mucho escribir sobre ello, porque las palabras no me salen, no suscitan el significado deseado. Menuda mierda voy a colgar entonces si seguimos por este camino. Lo que si puedo decir es que fue grande, emotivo, excesivo, no había barreras, se eliminaban en el delicioso tono de la amistad con el otro. Tallada con fuego y hierro, gente que no había podido ver en todo un año se reconstruía en tres minutos.

Tengo una clara resaca emocional, de todas las decisiones que a uno le toca tomar en su vida no hay duda que la elección de mis amigos es claramente mi mejor acierto. Uno no elige el lugar donde nació, ni la época, ni sus padres, hermanos o familia. Viene impuesto por la circunsatncia. En el caso de la amistad el tono es totalmente diferente. La amistad es discriminatoria, no se gana con horas, puedes pasar con la gente del trabajo todo el día y aborrecerlos. Se gana porque se elige, se apuesta, se descubre, se gana porque te inquieta, porque de alguna forma hay algo que te agita y te mueve, que te provoca admiración,  los criterios de elección de tus amigos son son totalmente intransferibles y personales. Ellos me quieren como si de mis hermanos se tratasen, me dan luz, me hacen feliz, me sumergen en una apariencia que transfigura la realidad.  Me gusta llamarles y escuchar sus mensajes en el contestador. Parece que da igual que el mar se electrocute y que te veas inmerso en la marejada, porque a una última ellos se tirarán contigo... Por eso es una apuesta, es un tirarse a la piscina, es un hacer crecer, un ir a más... Aunque ese más implique a veces menos.

El cálido aroma que se respira entre ellos, las conversaciones que suscitan, el acercamiento y la proximidad que existe cuando te cuentan sus proyectos, sus preocupaciones, sus inquietudes, su vida... Demasiado corto ha sido, 48 horas no son suficientes, aunque quizás 96 nos hubieran matado a todos. Faltaron algunos, siempre en la memoria, siempre en nuestra boca. Miraba a la mesa, me veía a mi mismo, veía todo lo que me han aportado para llegar a ser quien soy. La construcción de la identidad nutrida por el otro, alimentada por el trato, por la paciencia, por las broncas, por los éxitos y por las sorpresas. Ahora giro la mirada, veo el recorrido y me siento elevado.

martes, 2 de noviembre de 2010

Miedo a pensar: objetivo zombi.


Zombi, según la RAE es : 1.-persona que se considera muerta y que ha sido reanimada, por arte de brujería, con el fín de dominar su voluntad. 2.- Atontado que se comporta como un autómata.

 Pensar es una tarea difícil, hoy todavía más, todo nos lo dan hecho. Pensar incomoda, pensar amarga, pensar es ir cuesta arriba siempre, pensar es sopesar, mirar más allá de lo aparente. ¿Quién va a pensar hoy en día, cuando todo te lo dan cocinado? ¿Quién va a pensar en la cultura del bienestar, donde todo está encasillado, lleno de etiquetas? ¿Quién va a pensar cuando los medios te dan un hueco para posicionarte en blanco o negro?¿Quién va a pensar cuando los políticos desde la distancia y lejanía se adueñan de tus necesidades? ¿Quién va a pensar si cuando lo haces te martirizan, te tergiversan y te azotan?.

Pensar no es bueno. Si los miembros de una sociedad pensasen con rigor, el Estado que conocemos hoy en día se derrumbaría. Kant decía que uno alcanzaba la mayoría de edad cuando no se plegaba al pensamiento de otros y era capaz de tomar decisiones por sí mismo, eso a día de hoy no compensa.

Por eso el Estado teme a que recibamos una buena educación, teme a aquellos que ponen en tela de juicio los disparates que nos hacen ver día tras día. Teme a todos ellos que ponen en tela el movimiento feminazi, los que ponen en tela "lo políticamente correcto", los que preguntan y exigen respuestas, los que piensan que la tele de hoy es una mierda, los que piensan que el consumismo desmesurado es una broza de ocio anestésico, donde sólo entra el ego y la próxima generación de i-phones, el gran hermano y Belén Esteban... Si te preguntas demasiado serás un enemigo, un objetivo a derribar. Te etiquetarán de nazi, de marxista, de revolucionario, de antisistema, de misógino, de lo que sea con tal de degradar y satanizar tus conclusiones.

Eso si, hay que ser tolerantes, para ellos la tolerancia es comerte toda la basura, tolerar es acatar, tolerar es cerrar el pico, tolerar es permitir seguir gobernados por unos imbéciles y descerebrados.Mirar los planes educativos, mirar lo que hacen con tu dinero para sacar del pozo a la banca, mirar lo que ellos entienden por felicidad (generalmente asociado a un valor numérico, tu nómina), mirar cómo se expresan constantemente en función de sus miserables intereses, prostituyendo el lenguaje e invitándote a tomar partido... Sigamos a las estadísticas, ellas reflejan la realidad del mundo.

Así que mejor no pensar, mejor adueñarse de opiniones ajenas y ceder responsabilidades a los más inútiles, los que mal piensan, los que maldicen, los que exprimen el sentido para conducir sus intereses.
Por eso los gobernantes y quienes ostentan el poder adoran a los zombis. En vez de ciencias políticas deberían llamarse "pastor de zombis".  Al final la unidad zombi adquirirá el máximo poder y devorará el planeta.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Efectos secundarios de la desesperación.


 La desesperación no es un estado deseable. Cuando acontece en nosotros nos machaca y nos desgarras con fuerza. La esperanza nos ata a las cosas, y cuando lo deseado no se manifiesta uno se desespera. Por el camino el miedo acecha, antes de la desesperación late el miedo, ya que nuestros proyectos se hunden poco a poco, nuestros deseos no se corresponden con la realidad, y eso se traduce en miedo, tememos a la vida.

¿No es acaso el sufrimiento y la enfermedad un valor que imprime fuerza?¿No decía Nietzsche "lo que no te mata te hace más fuerte"?   Y Nietzsche lo repite constantemente en su obra, en el Zaratustra encontramos al hombre de pies ligeros, que para volverse liviano a tenido que caminar por el infierno, por la desesperación. El viaje de los discípulos de Zaratustra es una transformación, de la tierra a la estrellas, porque ya no vierten esperanzas en la existencia, sencillamente la abrazan.

Tomando esta perspectiva desvelamos un secreto que muy pocos conocen, podemos transvalorar la desesperación en un auténtico valor, en el desesperado el miedo desaparece.Schopenhauer lo expresa  más claramente "quien ha perdido la esperanza también ha perdido el miedo; tal es el significado de la palabra desesperado". Y Daredevil desde la cocina del infierno susurra "un hombre sin esperanza es un hombre sin miedo". Spinoza toma la esperanza no como una virtud, sino en su opuesto, un hombre sin esperanza es un hombre libre.

Donde exista debilidad halla siempre un punto de fuerza.

jueves, 14 de octubre de 2010

Lealtad y amistad.



Este tema tiene mucho que escribir, pero quiero ser breve y centrarme en la lealtad a los amigos. Donde no hay lealtad es imposible que haya amigos.La lealtad es sin duda la virtud que más valoro de la amistad. La lealtad evoca a la memoria, a lo que ha sido y lo que será, es fidelidad a la experiencia vivida, es antídoto frente al olvido y fuente de fuerza y unión. Sin lealtad de poco sirve lo demás.  Exigencia de uno mismo que quiere saborear una sana y nutrida perspectiva del otro.

domingo, 3 de octubre de 2010

Piensas que te entiendes, pero no sabes nada sobre ti.



"El problema no es la ignorancia, sino las ideas preconcebidas".


Hans Rosberg.


Mi hermano mayor me enseñó esta frase. Diez palabras, una coma,una profundidad que hace estallar los sentidos.
Si uno se detiene a pensar sobre todas las ideas, concepciones, juicios y decisiones que toma, cuyo indicio es una idea preconcebida se llenaría de pavor, pues muy pocas cosas escapan del alcance de lo "pre-concebido".

Hoy en día el mar de información del que disponemos dificulta la tarea,  exige rigor, valor y pausa para comenzar a ello, justo lo contrario de la predisposición degneral de nuestra época. Hay que aprender lo que nos enseñan, lo dado, pero de nada sirve llenarnos de información como una botella, si no somos capaces de prender la llama que llevamos dentro, esa que te empuja a examinar, a mirar detenidamente las cosas. ¿Pero quién es capaz de despertar en plena anestesia?.


La ignorancia es una falta, una falta sabida, las ideas preconcebidas son mucho más profundas e hirientes, tremendamente complicado escapar de ellas, tornando lo sabido por apariencia de saber. Para el que quiera elevarse,  someter con inusitada violencia todo lo aprendido es condición necesaria de viaje, a veces incomodo, a veces cálido, son senderos que los espíritus fuertes quieren recorren.


Para volar como un águila, antes tenemos que ser serpientes, palpar el suelo, saber que bajo las aguas de una superficie que deviene constantemente, hay un mar oscuro, más profundo, donde el ruido y la luz desaparecen, donde sólo quedas tú, y tus ideas, las más íntimas, las que guardas en el fondo, las que laten en lo más profundo.
Las que quizás te permitan llegar a ser el que eres...

viernes, 1 de octubre de 2010

Camus de Acuario: la indiferencia absoluta.


"No debes olvidar que tu madre duerme en el mar de Siberia... Observa bien esto Yoga...
No fue un sueño, ni una ilusión... Te he mostrado la triste realidad...
Tienes que alcanzar la indiferencia absoluta..." 
Camus de Acuario.

 Camus, uno de los santos de hielo, cuya conversación con Yoga en uno de los templos de Atenas nos deja perlas de un auténtico maestro.  Camus es un sabio, un portador de una armadura de oro, tiene experiencia de mundo, ha visto cosas que jamás pensó en ver, y ha oído cosas que otros no habrían entendido, pero él está curtido, ha dedicado largas noches y estaciones a preguntarse por el mundo, por el dolor, por la alegria, la tristeza, por su lugar en el cosmos.

Camus ha sabido penetrar en la profundidad cristalina del hielo,  ha preguntado al mundo  y el mundo ha respondido. Camus nos recuerda que nuestro apego hacia las cosas y el mundo nos entumece los sentidos, nos abruman con falsas perspectivas y nos esclavizan.  Nos recuerda la frecuencia con la que nos atamos a las cosas, con tanta fuerza que perdemos el enfoque sobre nuestra vida.  Muchas de nuestras preocupaciones vienen provocadas por ese apego, ese exceso de cercanía con el mundo, y acabamos enfadándonos por motivos que no portan valor, y preocupándonos por condiciones impuestas por la vida, agregando más daño y sufrimiento.

La indiferencia absoluta de la que habla Camus no es apartar la mirada al mundo, sino zambullirnos de lleno, sabiendo que la vida trae cosas buenas y malas sin preguntar, que somos nosotros los que tenemos que acatar sus reglas aunque a veces nos disgusten y nos provoquen desgarro. Para lo bueno y para lo malo el mundo hay que aceptarlo hasta sus últimas consecuencias. Esa es la postura de Camus. La indiferencia absoluta es fruto del desapego por las cosas, no tomándolas como carentes de valor, sino otorgándoles la precisa importancia que requieren.

Se trata de una aceptación de la realidad hasta las últimas consecuencias, no se trata de volvernos una roca frente al mundo, sino que este nos desgarre y nos bañe con su jugo, aprender las reglas del juego y aceptarlas. Una vez digerida y asumida la condición de la vida, vendría la indiferencia absoluta de la que habla el maestro Camus. Es un viaje de retorno, es un salir de uno mismo y diregir todas las condiciones vitales a las que podemos estar expuestos, desde que te deje la novia, hasta que te quedes sin trabajo o te entre un cancer. Las tres posibilidades son jodidas, pero todos sabemos que nos pueden pasar, asumir ese riesgo y tenerlo presente, las posibilidades son todas.... Nunca se podrá acatar la condición vital con total firmeza, eso es obvio,  somos humanos al fin y al cabo.

Preocuparse por las cosas que realmente merecen la pena, y ver como nuestro baremo de alegria y tristeza, no baila al son de las estupideces del mundo, sino que reacciona a  motivos que verdaderamente nos perturban o nos elevan. No dejarse llevar por el apego, difícil en nuestras sociedades contemporáneas que confunden el ser con el tener.
¿Equilibrio? ¿Paz? ¿Conocimiento de uno mismo? a mi me gusta más, indiferencia absoluta. 

Camus eleva su brazo y de su dedo sale un rayo que viaja desde Atenas hasta el fondo del polo Norte destruyendo la tumba de la querida madre de Yoga. Camus saca la vara y azota a su pupilo en la espalda, intentando que vea la luz de la indiferencia absoluta. Es una tarea costosa, no se deja de aprender hasta nuestro último aliento...

 Yoga estaba esclavizado de su madre, era un fetiche, era un recuerdo, era la imagen que le hacía avanzar en el arduo camino de su vida, era el amor que había conocido y la razón por la que existia, era su madre. En uno de los muchos caminos que recorre Yoga se encuentra con el maestro Camus, el más alto de los santos de Hielo, un poderoso caballero que conoce los secretos del cosmos, de la vida y del alma. El maestro le explica al alumno que jamás podrá vencerlo, que su vida aferrada al estúpido recuerdo de su madre no hace más que dificultar su camino de caballero.  Es el camino de la ligereza, una vez caminado en las sombras uno comienza a ver la luz, la luz de la indiferencia absoluta.

 

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sobre gustos y colores.

Con frecuencia mostramos nuestras preferencias y gustos. Debatimos con nuestros amigos y compañeros cual es el mejor disco de música, la mejor película de ciencia ficción o el mejor gol de la liga. La gente discute y disfruta, ataca y defiende las diferentes posturas, pero cuando la cuestión se lleva al límite y parece que ya no hay nada más que plantear se termina diciendo “de gustos no hay nada escrito” o “para gustos no hay colores”. En realidad estas afirmaciones son bastante pobres. De gustos precisamente es de lo que más se escribe, y no se puede negar que hay gente con mejor gusto que otra. Tenemos aquí un problema sobre el juicio estético, un problema que viene ya de muy atrás y que aún a día de hoy sigue plenamente sin resolverse, empezaremos con Kant.

Kant era una persona bastante ordenada y meticulosa, su filosofía siempre aspiró a ser el culmen del orden y del rigor. Tanto su ética como su teoría del conocimiento aspira siempre a una condición universal, es decir, válida para todos. Cuando llega al juicio estético intenta hacer exactamente lo mismo, una forma universal de juzgar sobre lo bello y lo feo. Evidentemente no lo consigue, Kant se va al traste y percibe que esa clase de juicios están fundamentados en el sentimiento, en lo que a uno le hace vibrar interiormente al mirar un cuadro o al escuchar una pieza de música. Por lo tanto Kant se carga el juicio estético al fundamentarlo en la subjetividad de cada uno, o dicho de otra forma, “para gustos no hay colores”.
Muchos estarán de parte de Kant, pero, ¿realmente alguien se cree esto? ¿Vamos a admitir con rigor la posibilidad de no poder establecer la superioridad de un trazado artístico sobre otro, al fundarlo sobre el sentimiento individual? Eso sería dar paso a afirmaciones de este calibre: “El codigo da Vinci es mejor libro que Hamlet” o “Chenoa tiene una finura musical muy superior a Brahms”… Al basarse en el sentimiento provocado en cada uno, para Kant este tipo de afirmaciones serían totalmente lícitas, pues cada sentimiento está recluido en la esfera de lo subjetivo.

Luego llegaría Hegel con su tesis del fin del arte, en el que expresa su malestar por este asunto, ya que si se recluye todo a la esfera del sentimiento casi cualquier cosa podemos decir que es arte, podría ser una señal de tráfico o el cartel del metro, y ese sería para él precisamente “el fin del arte”. Aquí estaría pegando una patada en la boca a Kant, acusándole de cargarse el juicio estético y los límites del arte. A unos les gustará más Kant y a otros Hegel (aunque haya muchos más que ignoraremos por motivos de brevedad).
No es mi intención establecer un preciso barómetro para medir las pulsiones del arte, del juicio estético…Determinar objetivamente qué es mejor o peor en cuestión de gustos, pues eso es imposible y muy nazi. Pero me niego a admitir como hace Kant que el juicio estético repose totalmente en la subjetividad, y que es totalmente lícito decir A, que B o que C con la misma legitimidad.

Hay gente con más gusto que otra, hay gente con más sensibilidad que otra, no todos somos iguales. Así que fórmate, fundamenta tus opiniones lo más posible, párate a pensar porque una cosa te gusta más que otra, detente e investiga que es lo que te hace vibrar y por qué… Creo que ese es el camino, el camino de la reflexión personal. Hoy está amenazado, ya que otros ya piensan por ti, especialmente nuestra mejor amiga, la publicidad, pero hay que intertarlo… Y creerme, de gustos hay mucho escrito y muy poco leído.