Pensamos que los
conceptos definen realidades, por eso Orwell decía que si quieres
cambiar la realidad mejor empieza por el lenguaje, y esto es así
porque identificamos lenguaje y realidad. A lo que nombramos le otorgamos una realidad, pensar en cualquier concepto habitual como planta, amor u otros más residuales como "opinión pública" o cualquier slogan molón de Coca-Cola. Las
sociedades actuales son sociedades de la información. Los medios
acaparan toda una red de temáticas que inciden en el individuo y
condicionan su modo de vida (modas, MTV, películas de Holywood, publicidad). La estructura y el lenguaje que proyectan esos medios de forma masiva y sin pausa, involucra al
individuo en un juego con el mundo circundante de confusión y caos.
Los frentes son diferentes pero operan bajo un mismo sesgo. Elementos
como los mercados y la publicidad, la banalización de la política y
la democracia, la ausencia y la hipocresía de valores son aspectos
que irrumpen en la esfera del individuo. La realidad queda reducida a
un embrollo de imágenes insustanciales y la cultura estalla de
dolor. Hasta tal punto es así que el lenguaje se ha convertido en un
obstáculo, un enmascaramiento que impide a las personas elevarse y
recuperar la tensión vital que les ha sido arrebatada, y por tanto
olvidada, nos han adormecido y frente a esto llega la queja de
Nietzsche. El lenguaje con el que nos desenvolvemos no trasmite la
vitalidad y la plurivocidad de la vida, más bien la aparta y la
reduce, mutilándola y recibiendo un eco de la lejanía. Estamos
presos en una telaraña de conceptos e imágenes que nos impide tomar la vida
desde una nueva perspectiva que salte por encima de las calumnias de la sociedad de la información y la publicidad.
Por eso podemos afirmar
que el lenguaje adolece un doble mal, el primero al haber perdido su contacto y
su pulsión con la vida, y el segundo porque ya no nos permite expresar nuestros
sentimientos más básicos. Si decimos que el
lenguaje ha perdido su conexión con la naturaleza es porque opera
como una rueda de metal, como un engranaje que escupe y construye una
nada (publicidad, medios de desinformación, discursos políticos, estadísticas...). Los conceptos definen formas y le dan nombre. Lo que hacen es
fragmentar la realidad en trocitos, la separan y la aíslan, ponen
límite a las cosas y nos entendemos por puro convencionalismo.
Entendemos los conceptos como una realidad cuando no son más que
imágenes del mundo, pura farsa vamos, y así nos desenvolvemos, cada día más, en la genética de la mentira.

1 comentario:
" el mago del De vinculis es el prototipo de los sistemas impersonales de los medios de comunicación, de la censura indirecta, de la manipulación global y de los trusts que ejercen su control oculto sobre las masas occidentales. "
Publicar un comentario