martes, 15 de septiembre de 2009

Publicidad y totalitarismos en la época contemporánea.


   El libro de Orwell 1984 es una obra maestra. Relata la vida de unos individuos en un estado totalitario supercontrolado. Cuando acabé de leerla lo primero que me vino a la cabeza es que somos muy afortunados. Somos afortunados de poder pensar, de poder elegir, de poder respirar, de poder tener cosas, de poder opinar, de poder leer, de poder perder el tiempo, de poder aspirar a algo, de poder amar, de poder oír, de poder... Podría seguir llenando líneas de poder... El universo que describe Orwell es jodidamente oscuro, asfixiante, todo bajo el control del gran ojo, que observa hasta lo más íntimo de los seres, de nosotros, un estado totalitario por excelencia. Hoy en día vivimos de otro de modo, no estamos sometidos a unos sistemas de control tan cerrados ni perversos, deberíamos dar las gracias, a la historia, al azar, a nuestros padres o no sé a quien, pero en cierto modo hay que estar agradecidos.

   Pero en sus páginas se pueden tocar ciertos signos de advertencia, de mirada profunda que se cuela entre sus líneas y que le dejan a uno intrigado, inquieto. Es cierto que no estamos nada mal, pero las posibilidades y los peores temores podrían sobrevenirnos, y nadie puede decir que nos pille por sorpresa. Esta vez no quiero ser temeroso del futuro, no voy a seguir los relatos de grandes catástrofes a acontecer que relata principalmente el género de la ciencia ficción, esta vez hablaremos del ahora, del presente inmediato, teniendo como telón de fondo el horror de Orwell, el horror del fascismo, del nacional socialismo, del estado autoritario o como prefiráis llamarlo.

   Lo primero que deberíamos hacer es describir, definir, poner límites a la estética fascista, autoritaria, al nacional socialismo, así sabremos lo que es y cómo actúa. Para Heidegger la obra de arte total es el Estado. Es la plenitud del arte, que lo abarca y articula todo. Es el "fascismo fascinante" de Susang Sontang. El arte se articula como mediador para dar forma a esos intereses políticos. ¿Qué mejor que el arte para lograrlo? El arte se vuelve vehículo conductor para los intereses del gobernante, la estética se muestra y engaña al cordero, se disfraza y acaba doblegando al pueblo a una única voluntad, que lo es todo. Es el doblegamiento de las masas a una cabeza, líder o caudillo que impone, con fuerza y autoridad su marca a las masas valiéndose del esteticismo y el arte.

   En esta construcción no hay discursos, a la palabra se le da una patada, aquí lo que importa es el símbolo, este se sigue, no se discute. Los discursos con los grandes focos y desfiles vienen después, una vez alcanzado el poder, pero lo que verdaderamente cobra importancia es el símbolo. Decir al servicio de los símbolos es decir al servicio de la voluntad, que es expresada por la unanimidad de un pueblo que ya no es masa, ha sido transformado. El pueblo lo es todo y el individuo no es nada, se diluye, se evapora, desaparece...Aquí se concibe la política como una obra de arte, el arte fabrica símbolos que son seguidos y nunca discutidos, la estética rompe el tranquilo sueño de los habitantes y los arrastra, tal es el poder de la estética, que convence, que arrebata. El Estado se convierte en una fábrica de símbolos que agitan la voluntad del hombre, que por sí solo no es nada. El hombre, el individuo, dentro del nacional esteticismo no es nada, el pueblo lo es todo. Aquí se concibe la política como una obra de arte, el arte fabrica símbolos que son seguidos y nunca discutidos. No se refiere sólo a iconos y propaganda, la arquitectura se mueve también en la primera línea de batalla, pues no es otra cosa que palabra de piedra. Para Hitler la arquitectura era voluntad, voluntad de poder como núcleo del nacional socialismo. Incluso él mismo hacía referencia a las futuras ruinas del Tercer Reich, que aunque fuesen ruinas hablarían como lo hacen las ruinas griegas, dando testamento de lo que una vez fue. Speers, el gran arquitecto de Hitler, quería imprimir grandes monumentos que crearan un sentimiento de lo sublime, de identidad a un pueblo que quedase maravillado del poder de su voluntad. Quiso hacer una cúpula que la de San Pedro del Vaticano era ridícula a su lado. Así el arte y la estética iban dando forma a una masa amorfa que implantaría su impronta en pueblo.

     Una revolución social exige un conservadurismo estético, mientras que la revolución estética exige un conservadurismo social. Conclusión: publicidad no como información, sino como imágenes y símbolos que mueven a un pueblo a votar, a actuar, a "moverse con". Esa revolución estética y propagandística crea un sentimiento sublime ante la nueva obra de arte total. El pueblo es todo, tu no eres nada, esa es la tesis Nazi. Los hombres de estado se ven ante la tesitura de transformar a las masas en pueblo, darles forma y acabado para formar una unidad, que si de ella te sales tú no vales nada. La masa amorfa se transforma en pueblo. ¿Cómo transformar la masa en pueblo? Pues a través de la publicidad, la propaganda. Decía Goebbels "la propaganda es un arma de guerra. Su objetivo es contribuir a ganar la guerra y no proporcionar información". Como resultado obtenemos el Estado como obra de arte total en oposición a la democracia. Una vez en el poder educan sin revelar el propósito de la educación es la línea a seguir, se cumple la función educativa sin que el sujeto de tal educación se de cuenta de que está siendo educado, este es el objetivo final de la propaganda, cuyo objetivo es ganar la guerra y no dar información. La propaganda así, es popular. Tiene más éxito cuanto más popular es (¿Os suena algo?).

     De todos los signos descritos el que sigue vivo con más fuerza es la publicidad. La publicidad con unos mecanismos mucho más desarrollados y específicos que antaño, campa hoy por la sociedad intentando ganar su guerra. Verdaderamente asusta que la misma publicidad utilice todos los elementos de persuasión propios de los estados totalitarios mas horrendos que han ollado la tierra. Culto al símbolo, repetición de un "slogan" hasta la saciedad y mensaje vertical, desde las esferas más altas a las más bajas, cuanto mayor sea la difusión del mensaje mayor área de efecto tiene. No hay discurso, hay imágenes, iconos, logotipos.

    En el siglo XX, la belleza ha muerto (tesis de Danto) y sólo existe en la publicidad y no en el arte (sólo hay que ver el arte contemporáneo, más alejado de la pretensión de belleza imposible). Aquí se equipara la belleza al esteticismo, y la belleza sólo sirve para vender. En la publicidad los medios son nuevos, pero las categorías o formas estéticas son las mismas que en el pasado (la publicidad busca esa belleza que el arte contemporaneo renuncia). La estética busca sensibilizar algo (desde una idea política hasta un producto, como una crema hidratante o un coche). La imagen en sí "nos remite a" nos ofrece una satisfacción, un cumplimiento, una forma de vida o de hacerse en...

     El problema es cuando se toman esas imágenes como la realidad misma. Pensar en todo el mundo publicitario, cada cara de una modelo anunciando una crema, los sabores que ofrecen este producto, las soluciones a nuestros problemas si adquirimos este colchón o medicamento, la tranquilidad de meter nuestro dinero en esta empresa o banco, que cuida de ti... En esta sociedad de masas, las apariencias se tornan verdaderas si son aceptadas socialmente. Esto no está alejado de la interpretación de las categorias kantianas como funciones, que se legitiman como verdaderas por su comportamiento social. Si las ideas del mundo ficticio son aceptadas socialmente entonces funcionan.

    El pragmatismo se basa en esta idea, algo es verdadero si funciona. Podemos decir entonces que las verdades cambian según la época, universalidad sustituida por la intersubjetividad. Dicho de otro modo, las apariencias pasan a un primer plano, lo importante no es cómo me veo yo, sino cómo me ven los otros. Este es el aspecto trascendental de la estética con carácter social. Ya no vale sólo nuestra intención, sino cómo me ven los demás. La dignidad no reside ya sólo en el ser, sino en el reconocimiento social. Ese "conocimiento del reconocimiento" en la vida es el que aporta la estética que intentan vendernos. Fulanito es la leche porque juega en tal equipo, o porque sale por la televisión, o porque se tiró a tal torero... Se conoce a las personas por su reconocimiento. Seguramente la gente que más hace es la menos reconocida socialmente, y podríamos pasar junto a ellas en el metro y nadie diría nada. Así pues la propaganda de los medios, es decir, la publicidad, transforma el mundo como quiere y según las exigencias del mercado, de la misma forma que transformó países bajo el yugo del totalitarismo o el estado que aparece en la obra de Orwell, tal es el poder de la estética que sensibiliza a la gente.

     Ese poder hoy en día está principalmente en manos de unos hijos de puta que sólo quieren forrarse a costa de las personas, que consideran estúpidas e ineptas y tratan como ganado. Si en el romanticismo el hombre buscaba disolverse en el infinito, el hombre de nuestro tiempo alcanza la plenitud cuando forma parte de esa totalidad. Y eso pasa ahora, hoy en día, cada día, cada vez que das dos pasos por la calle. Venta de imágenes y símbolos que nos prometen la felicidad y el auténtico modo de vida al que debemos aspirar. "¿Qué tal le va a Pedro? le va genial, tiene un trabajo que gana bastante y se ha comprado un Audi".


     Ante eso queda la elección del individuo, moverte entre las serpientes, "serpentear obstáculos", quitar las ramas que enturbian nuestra visión, si, la elección individual y personal. Pero yo aquí no estoy diciendo que no haya opción, sólo intento poner en relieve que los mecanismos más relevantes que dan funcionamiento a nuestra vida cotidiana son propios de regímenes que condenamos una y otra vez, pero que ocultos bajo una máscara sonriente, operan constantemente sin que muchos se den cuenta... Y siguen funcionando como ya funcionaron en el pasado.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Apuntes (incompletos) sobre el amor.



  Amar es el motivo de la vida, quien no ama no vive. No hablo del amor ñoño ni sentimentalón, hablo de la alegría que acompaña a la cosa amada (Spinoza). Qué triste sería pasar la vida de largo sin dar, sin compartir. El primer amor que recibí fue el de mi madre, ella me amaba antes de ponerme nombre, de saber si sería rubio o moreno, alto o bajo, yonki o premio Nobel.

 En general, el amor de la madre es especial, único e intransferible. Más adelante uno conoce otro tipo de amor. El que más he sentido de forma directa y buscada es el de la amistad, la alegría desbordante del otro, que acompaña, que ríe, que comprende, que transfiere la barrera de lo biológico, la amistad de la que hablaba Epicuro, aquello que sólo los necios se atreven a renunciar ante una vida que no siempre es dulce y amable. Algunas veces he tenido la sensación de que uno se refleja en el otro, se ve a sí mismo, se contempla en la compañía cercana y se realiza. En esos momentos la vida es dulce, amable, sedosa y domable, porque no es algo ajeno a la vida, sino que la vida muestra un rostro en sintonía con el espíritu.

Cuando sobreviene una dificultad debes arrimarte más a tus amigos, pues serán de gran utilidad, forjareis unos lazos más sólidos, cargados de cruda realidad que uno mastica, con dureza y paciencia, pero también en compañía. Lo digo yo, lo dice Epicuro,lo dice Pascal, lo dice Spinoza, lo dice Nietzsche, lo dice Comte Sponville... Uno elige a sus amigos y no pueden venir impuestos o forzados, eso no sería amistad. Es discriminatorio, pues de nada sirve la cantidad de tiempo que pasemos con una persona, quizás la amemos o quizás no, ahí entran en juego otras fuerzas, más elementales, más empáticas, más ocultas, no responde exclusivamente de razones ni de motivos que puedan pesarse o medirse.

 El eros, el amor poetizado a la mujer, ahora mismo se me traba. Me cansa, me cambia donde no quiero cambiar, me aburre, me asfixia y me veta. No hablo de imposición, hablo de directrices, hablo de sensibilidad (la mayoría de las veces) mal entendida o mal compartida, pero no a la par. ¿Búsqueda? ¿Esfuerzo personal? podría ser, pero ya he visto unos cuantos desfiles y me sigue devorando la misma sensación. Afectos contrariados, incomprensión, fricción, sexo y caída. Ahora prefiero "esa" soledad, sin saber si mañana pensaré lo mismo, sin tacharme de cínico por la fluctuación del sentir, esperando ver lo que ahora no veo ni tampoco siento. Queda el quehacer personal, humano, biográfico... Neocortex de la piel expresado en forma de vivencia. Relato personal, del individuo, que busca, que ansía y que no sabe. Todo ello expresado en forma de blog virtual, de vivencia personal, escupir ideas, escribir.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Pinceladas a Ortega, la elección.


Para Ortega la vida es elección, es un hacer. Su generación anterior estaba arraigada al pesimismo, a lo trágico, era la generación del 98 que había sido educada para vivir de una forma totalmente diferente a la que luego se encontraron. Sobre ese sentimiento trágico Ortega levanta la vista, toma la vida y se impulsa sobre ella. Relato autobiográfico, quehacer constante en la circunstancia, uno está forzado a elegir u otros lo harán por ti., porque la vida es elección constante, no elegir es ya elegir. La excelencia hoy en día parece que se ofusca, que se oculta, pero algo me dice que sigue ahí, no brilla con la misma fuerza que en el pasado, antes se elogiaba y se enaltecía. Ahora no, el foco mira a otra parte, el ojo de las masas que se fija en lo efectista, en lo efímero, en lo dado, no ven la excelencia más que en la aprobación general, en su legitimación para defender su visión zafia y cutre de la vida deseada. No habla de clases de personas, habla de cualidades, Ortega no es un clasista. Frente a ese espíritu amorfo esta la elección, la excelencia de tirarse a la piscina, de bajarse del caballo, de no seguir a la manada, de no desear siempre pisar sobre suelo firme, pues así no caminaremos más lejos que de nuestra propia casa. En relación con Nietzsche la masa es nihilista, toma la forma de lo dado, no se gesta, se aliena, se limita a sí misma, no se interroga, no se cuestiona, en su horizonte siempre están los otros. Mirada corta, mirada tuerta, aceptando lo impuesto, no se agitan, absorben pero no crean, toman la medida de una realidad mutilada, están perdidos, están sordos, no quieren oír ni escuchar, tienen miedo, tienen hambre de lo que jamás calmará su hambre. Tenemos lo que queremos, y en el fondo cada uno lucha contra sí mismo. Si Ortega y Nietzsche levantasen cabeza de la tierra que los sepulta, se asustarían de la tremenda razón que promulgaban, les costaría ver cuanta razón tenían, ante todo eso que recuerda a Orwell. Tenemos la elección, nuestro camino, el forjado, el elegido, no el autoimpuesto, sino el deseado, el luchado, generado desde las entrañas de uno mismo, el auténtico según cada uno. Elige pues, busca respuestas, pero elige, pues la vida es elección y hay que currarse la elección, que no se mide exclusivamente por los resultados, sino por la impronta personal, la sinceridad con uno mismo, la valentía de acatar un deseo que nos esculpe como hombres.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Logos Tecnológico

¿Existe un logos tecnológico? o dicho de otra manera, ¿puede la tecnología reflexionar, tener conciencia? ¿Podría llevar a cabo un robot tareas creativas o adaptativas propias del ser humano?... Nuestras sociedades avanzan a un ritmo vertiginoso, nuestro desarrollo se dispara pero eso también implica riesgos, ya que nos cuesta pensar una realidad tan cambiante y tan dispar. La ventaja de hablar del futuro es que nos permite plantear situaciones que de momento no han ocurrido, por eso podemos imaginar que en un futuro las máquinas puedan tener conciencia, o evolucionar por si solas sin la intervención humana. Los límites entre hombre y máquina se disolverían, nos costaría distinguirnos, que en todo caso es definirnos ante un nuevo ente con conciencia. Quizás deberíamos ampararles con derechos, o quizás nos destruyan, pero plantearía graves problemas de identidad como especie humana tal y como la planteamos hoy. Otra opción es el transhumanismo, quizas un cambio más gradual con la implantación de tecnología en nuestro propio cuerpo que aumenten nuestras capacidades, un ojo con zoom, o un brazo capaz de levantar 3 toneladas de peso.La posibilidad de que la conciencia sea transferida a una base de realidad simulada o a un ente no biológico. Entre estas opciones la literatura de ciencia ficción, que algunos ineptos han declarado "baja cultura", es la única que ha ofrecido planteamientos y luces a posibles acontecimientos en nuestro desarrollo histórico. Dicho de otro modo, la "baja cultura" consigue dar respuestas donde la "alta cultura" guarda el silencio.

La estética planteada en estos relatos, propios de Asimov, Otomo, Shirow Masamune o K.Dick suele señalar del peligro (y a la vez la gran oportunidad) que corre la humanidad de destruirse a sí misma, o de alzarse a un puesto más elevado. Básicamente todos los relatos futuristas empiezan en un postholocausto, o se produce un holocausto, la tierra queda dañada y hay daños irreversibles: Matrix, Blade Runner, Akira, Ergo Proxy...Espero que esto sea más recurso literario que otra cosa, y aguardo un papel más luminoso a la humanidad. Las amenazas difieren según la historia, puede ser un desastre nuclear, un levantamiento de la naturaleza, meteoritos, gases venenosos y enfermedades... Pero lo que en el fondo se expresa es la necesidad de llevar cautela ya que con nuestra tecnología actual, las decisiones erroneas pueden ser fatales, globales e irreversibles, o lo que ahora nos interesa más, que las máquinas adquieran un logos que ha sido patrimonio de la humanidad desde que tenemos conciencia.
Esta actitud pesimista del futuro de estos relatos, viene suscitado por el presente que viven los autores, el mundo y sus posibilidades. Para ellos el futuro es el presente aún no realizado, es la proyección de la situación actual la que les lleva a pensar ese futuro, y dicho sinceramente no es muy alentadora.Es un futuro asolador. La nano y macrotecnología, riesgos a nueva escala. Estamos al acecho de nuestros actos, el lobo sigue siendo un lobo para el hombre, guardémonos de nosotros mismos, estémos con la mirada atenta para que lo que viene nos haga más grandes, que establezca nuevos límites que impulse nuestra mirada más allá de lo que podemos alzarla ahora. Son meras advertencias de lo que podría ocurrir si salen mal las cosas, pero todavía no han ocurrido, así que estamos a tiempo de hacer una buena gestión del asunto.


Pero lo que aquí se plantea es que la inteligencial artificial pueda llegar a convertirse en inteligencia artificial emocional. Las emociones y sentimientos tan propios del ser humano proyectadas a través de un chip, procesador o conjunto de cables. El Dalai Lama afirmó en una conferencia que si los ordenadores pudiesen tener conciencia podrían reencarnarse, o verse sujetos al Karma al igual que el resto de criaturas del cosmos. Estamos a las puertas de lo que podría ser una revolución científica, pero esta vez más humana que científica. La tecnología conforma nuestra realidad actual, no debemos temerla, debemos gestionarla con inteligencia y sentido común, la tecnología como una extensión de nuestras posibilidades vitales. La imagen de la capilla Sixtina, donde Dios toca con su dedo a Adán es una metáfora perfecta de lo que las tecnologías pueden ser para el hombre, sustituyamos a Dios por el hombre y al hombre por las tecnologías, estás serán una prolongación de lo humano. Este aspecto cuesta verlo hoy en día, las máquinas parecen frias, aparatos formados por complejos sistemas pero que no forman una unidad común, no son tratados como seres podríamos decir, sino como chatarra, algo se te estropea y lo cambias. Esta mirada no se sostiene si el desarrollo al que todo apunta llega a su conclusión, las primeras máquinas intentaban hacer los trabajos que resultaban más arduos para el ser humano, pero hemos llegado a un punto en el que se intenta implantar en las máquinas la verdadera esencia del ser humano, llámalo sensibilidad, emoción, conciencia o logos. La categoría de lo humano se volvería muy difusa, ¿Qué más da cables que venas? ¿Qué más da un corazón que una bateria? Ante la salida a flote de un logos tecnológico nos tocaría lanzar una profunda mirada sobre la naturaleza, el hombre, los derechos, los afectos, los sentimientos... Una nueva ontología de la tecnología como configuración de la realidad en un sentido mucho más profundo de lo que hasta ahora hemos conocido. No hablo de sustituir máquinas por seres humanos, ni de invertir los valores establecidos hacia las mismas, sino de hacer una profunda revisión de los límites de lo humano, y de ver que para nosotros la tecnología es el fuego de Prometeo robado a Zeus. Ante la instauración de un nuevo estadio, dotando a las máquinas de logos, estaríamos haciendo al ser humano más de lo que ya es, ya que no es un agente externo lo que se instaura, sino un "ser" como prolongación de lo propiamente humano, la tecnología en su cenit, al que yo llamo "logos tecnológico".

martes, 11 de agosto de 2009

El santo Drácula


Leí Drácula cuando pasaba un trimestre en Irlanda, allá por la antigua EGB, octavo creo recordar. Llovía tanto que lo único que hacía por las noches era devorar libros, hasta que me topé con la novela de Stoker, que por cierto era irlandés. Todo el mundo conoce la historia del vampiro por excelencia, aunque si leyensen la obra quizás cambiarían su visión de tal enigmático vampiro, cuya imagen se ha deformado en numerosas proyecciones y escritos baratos, donde nos lo muestran como un chupasangre sin escrúpulos en busca de doncellas indefensas. Drácula es más profundo, más enigmático, más excelso y señorial, y ante todo más humano. Desde el comienzo el libro me cautivó, me absorvió como una centrifugadora que me trasladó a las inhóspitas tierras de Transilvania, allá a lo lejos, en Rumanía. La historia se desenvuelve en el siglo XIX, donde la vida era muy diferente a la que ahora conocemos, era una época de buenas costumbres, de delicada educación y proceder, por lo menos en la esfera social en la que los personajes se desenvuelven.

 El libro comienza con un personaje que cae bastante bien, un joven abogado londinense con una brillante carrera por delante, enamorado de la joven Mina, por la que siente un profundo amor, limpio, joven, y lleno de promesas de felicidad. La boda se celebrará en breve, pero antes su trabajo le hace visitar al Conde Drácula, que desea trasladarse a Londres y ha de solucionar numerosos asuntos legales antes de partir a la verde Inglaterra. Para eso envian a Jonathan Harker, la oportunidad que él esperaba para emprender una vida feliz y dar a su amada el sustento para formar una familia. Realiza un largo viaje, hasta el castillo del Conde, de casí un mes de duración, sabiendo de la gran oportunidad que tiene entre sus manos. Una vez llegado allí, todo se envuelve de una atmosfera misteriosa, un suspense que evoca espíritus y fuerzas del más allá, sucesos de profundos acontecimientos que enloquecerían a cualquier mortal de sano juicio... Su único medio de comunicación con lo que había sido "su mundo" es la correspondecia, que será un recurso literario empleado por Stoker para llevar el ritmo narrativo de su obra, cartas entre los personajes que reflejan sus inquietudes, sus deseos, sus preocupaciones, sus proyectos, sus miedos. A través de la propia escritura en primera persona Bram Stoker nos instala en el corazón de los personajes, y desde las primeras páginas el ritmo de la obra resulta trepidante, uno comienza a devorar las hojas y no quiere detenerse hasta saber más y más, intenta saciarse de todos los misterios que rodean los acontecimientos. En mi opinión, el tema central de la obra es el amor, pero no cualquier amor a modo shakesperiano, es un amor roto, un amor oscuro, un amor quebrantado y contaminado, un amor propio de un pérfido demonio que vive en la más profunda soledad, en un pasar de los tiempos que se vuelve más castigo que bendición, pero en definitiva es amor. Pobre Drácula que quiere amar, añora lo que el pasado sepultó, lo que el tiempo le arrebató y no puede ser traído de vuelta. Un amor que batalla entre la eterna dicotomía del bien y del mal, de la luz y las tinieblas, pero ante todo creo que es un amor humano, con ansias de eternidad y duración. Él no abandona su tierra por venganza, ni por conocer mundo, ni para alimentarse, ni para enriquecerse, sale a Londres, la gran urbe en busca de un nuevo amor junto al que compartir una eternidad. Evidentemente esto no es gratuito, Drácula trae infelicidad y sombra a aquellos a los que su sombra cubre, pero de la misma forma los humanos cobramos horrores entre nosotros a diario, demasiado humanos.

Nunca entendí muy bien por qué Drácula muerde a Lucy, antes que a Mina. Por qué la arrastra hasta el reino de las sombras, precio a pagar por una eternidad en la noche. Por último señalar la tenebrosa grandeza del Conde, su larga experiencia entre los mortales, su sabiduría, su contacto con las fuerzas más elementales, su delicado trato con los animales, sus transformaciones, su dominio, su ímpetu, su señorío... Él nos muestra, en la tónica de la estética del romanticismo negro, que en la noche, en lo sublime, también se ven objetos. Todas estos elementos suscitan una atracción ante su figura, que podría ser comentada de forma mucho más extensa, así como la obra en general, esto no ha sido más que un breve escrito, de alguien que se prendó maravillado de la obra de Stoker.

domingo, 9 de agosto de 2009

54 horas, 54 minutos, 54 segundos.


En la era de la desinformación en la que todos vivimos los días deberían tener 54 horas. Digo 54 horas pero quizás necesitaríamos más. Si uno hace caso a todas las recomendaciones de los medios de desinformación básicamente no viviría, aunque vivir para ellos sea precisamente eso. En la era de la desinformación el ideal de hombre es aquel que estudia y consigue un buen trabajo, que forma una familia, que reserva los momentos más importantes para sus hijos, que tiene una esposa maravillosa, que renueva sus relaciones sexuales con frecuencia, que se hace una revisión anual de ojos, oídos, dientes... Que se cuida la piel, los niveles de colesterol, que lleva una alimentación sana, que recicla, que lee los periodicos a diario (de diferentes tendencias para contrastar mejor la información), que se acopla a las nuevas tecnologías, se mueve por internet, usa blackberry, lleva GPS por si se pierde de vuelta a casa, que cultiva la lectura, el cine, la música y el arte en general. Que viaja con frecuencia, que habla varias lenguas, que pasea al perro, que tiene un fuerte sentido de la política, que es solidario, que sonrie a la comunidad de vecinos, que tiene uno o varios hobbies, que se preocupa por la extinción del pingüino emperador, que visita a sus padres y amigos... La cebolla es buena para la vista, la zanahoria para la piel, una copa de vino diaría reduce el riesgo de infarto, crema antiarrugas, antienvejecimiento, mejor productos sin sal, mejor chocolate sin azucar... Así desvivivmos, en un mundo que marcha a toda velocidad como si en una centrifugadora estuviesemos inmersos. Subir, bajar, despegar, aterrizar, enviar, recibir, arrancar, frenar, llevar, traer, cargar, descargar, vivir... Y morir en formato mp4.

sábado, 8 de agosto de 2009

Akira y la mirada de Otomo


Otomo es un dibujante de cómic japonés, cuya obra Akira le catapultó a la primera linea de la escena de los años 80. Otomo es un visionario, un dibujante que a través de sus viñetas nos muestra los miedos más profundos del hombre, es decir, el propio hombre. Otomo teme al hombre, y nada más lejos de la realidad, ya que ve en él la incapacidad de gestionar un futuro mejor. Akira comienza en un post holocausto, el escenario es Japón, que queda destruida tras la tercera guerra mundial. En un ambiente de violencia y caos, los políticos intentan reconstruir el país a través del proyecto Akira. Akira es un proyecto científico, desata en ciertos sujetos un poder psíquico asombroso, que quieren utilizar para arreglar la situación penosa bajo la que se encuentra el país. Fe depositada en la ciencia. Un país descontrolado, donde la población ya no confía en los políticos, que son corruptos y les llevaron a esa misma situación que viven. En todo este tumulto, la idea de despertar a Akira es la solución propuesta para sacarnos de nuestros problemas. Como dice mi amigo Jorge "Akira es el nuevo mesías, es el que tiene que venir para arreglar todo el escenario que está hasta arriba de mierda". Así Akira aparece como el esfuerzo y la esperanza científica para salvar a la humanidad y la acaba condenando.

Está en sintonía con las llamadas distopías biológicas, donde el objetivo es la creación de seres a imagen del hombre, pero mejorados, modificados, que les haga más aptos y más peligrosos. No hay que ser muy listos para ver que estas fuerzas elementales que invocamos a través de la ciencia, y las infinitas posibilidades que nos ofrece la tecnología, no es que caigan en "saco roto", es que caen sobre nosotros. Todo ello despierta un sentimiento sublime tecnológico, sobre los límites del hombre y su relación con el mundo, pero el precio a pagar podría ser demasiado alto.

¿Quién domestica ahora a los seres humanos una vez el humanismo ha fracasado? ¿La ciencia, la religión, los políticos? Como dice J.L.Molinuevo "Estamos ante una ontología de las tecnologías como configuradoras de la realidad. Si a través de ellas acaba siendo patrimonio de las masas, entonces se acabó la realidad". Como en el romanticismo los sueños de la razón producen monstruos, podríamos decir que en el tecnorromanticismo los sueños de la razón producen la destrucción total. Estos peligros son los que Otomo plasma en su historia, recordando la idea, de que la memoria del futuro la da el presente. Es un tecnorromanticismo que guarda cierta relación con el nihilismo, en cuanto que el hombre pierde sus referencias, se olvida de ser hombre y cede esa responsabilidad a políticos de poca monta y a científicos chiflados. La humanidad ya no se plantea la dicotomía entre la luz y las tinieblas, la humanidad cae en la cuenta de que ya no sólo puede ser destruida por un poder superior, al hombre no le acecha un Dios enfurecido, ni unas catástrofes naturales o cósmicas, sino por la humanidad misma.


Debemos estar en guardia y tener clara esta idea, este nuevo estatus que ostentamos en el mundo natural. Hace diez mil años no podíamos destruir la tierra en una hora, hoy en día si es posible. El nuevo horizonte de posibilidades ha de entenderse desde una perspectiva de la responsabilidad, porque el mínimo desliz puede suscitar una hecatombe. El primer paso fue el siglo XX, donde Japón recibió el impacto de dos bombas atómicas. En ese momento sólo un país poseía dicho armamento, hoy lo tiene diez países más, con mayor alcance y potencia. Que seamos capaces de imaginar un futuro mejor es cuestión de cada uno, M.Shelly, Dick, Huxley y muchos otros no lo vieron nada claro, las fichas están sobre el tablero.

viernes, 7 de agosto de 2009

Macbeth


Macbeth no es la mejor obra de Shakespeare, por delante de ella podemos situar Hamlet, Romeo y Julieta, el rey Lear... No alcanza ni la acción dramática, ni el nervio narrativo, ni los abismos de conocimiento que otras muestran, pero tiene algunos ingredientes que a mi juicio la hacen tremendamente atractiva. Ni que decir que para mi Shakespeare es uno de los tres literatos más importantes de nuestra historia, gustos personales a un lado creo que junto a Homero y Cervantes representan el cenit de nuestra cultura literaria.

Macbeth habla de la ambición, de ese deseo desmedido que con frecuencia arrastra a las personas al infortunio, a la tristeza, a la decrepitud absoluta para lograr sus objetivos, y luego perderlo todo. No sólo a uno mismo, sino también a los seres queridos y cercanos, que son arrebatados por las fuertes olas para morir ahogados bajo la terrible tormenta. Así ocurrió a muchos hombres del pasado, que cegados por su afán de riquezas, gloria, fama o venganza acaban traicionándose a sí mismos, sin que nada pueda detenerlos, sin que advertencia alguna les situe en el camino, algo les ciega, algo les empuja, y eso mismo acaba matándolos. Como en otras obras la presencia de brujas y fantasmas plantean la escena, a Macbeth tres brujas le revelan lo que el destino le tiene preparado, grandes promesas inacabadas, signos de los tiempos que sirven para perturbar el alma del general Macbeth, que pierde el norte y renuncia a su nobleza cegado de deseos y gloria. Las tres brujas son el origen de la locura de Macbeth, ellas revelan lo que no debe ser revelado, lo que no debe ser mostrado al conjunto de los mortales, juegan con fuerzas del más allá, profecías de las fuerzas elementales que no deben ser rconocidas por el hombre. Macbeth no estaba loco, pero ellas lo vuelven loco. No hablo de una locura médica, hablo de la locura que le lleva al hombre a cometer ciertos actos, a extralimitarse en su conducta, en su afecto, en su vida. Le posee y le agita en sueños, y una vez comienza la barbarie, el crimen, la venganza, el asesinato, la traición... Nada puede detenerlo. Acaba matando a todo el que se presenta en su camino, desconfiando de sus más leales siervos, renegando de sus amigos y persiguiéndolos para conseguir la corona. Pero el camino no acaba aquí, Macbeth consigue su corona, pero tanta sangre derramada no desparece una vez logrado su objetivo, ya que despertada su sed de sangre y dominio nada puede saciarla. El camino que nos lleva a cometer tales actos corrompe al hombre en lo más profundo de su alma, le quita el sueño, le asedian espectros que se le aparecen día tras día, nadie puede huir eternamente de sus faltas, de su espada empapada en sangre y pecado. Se transfiguran los valores y todo vale, pero tiene que pagar un precio altísimo por ello, el precio a pagar es demasiado alto, y son las mismas profecías que le condujeron a su corrupción la que luego le someterán.

En Macbeth hay asesinos, envenenamientos, profecías, brujas, demonios, traición, odio, batallas... Me gustó mucho el componente belicista desaparecido en otras obras de Shakespeare, ejércitos luchando, generales blandiendo su espada por la patria, por venganza, por justicia, por odio... Macbeth es una tragedia, y como tal hace honor a un gran final, del que muchas conclusiones se pueden extraer, pero una de ellas es clara, el precio a pagar por nuestros actos, algo de lo que nadie puede escapar.

lunes, 3 de agosto de 2009

Radiografía del presente, radiografía de la decadencia.

Video representativo del callejón en el que nos encontramos, basado en la estética que Orwell describe con horror, sobre los problemas y fuerzas que podemos desencadenar. Así estamos ahora, el signo de nuestro tiempo, cómo salir de aquí sólo lo dirá el tiempo.

martes, 28 de julio de 2009

Nietzsche y el pensamiento postmoderno.


Sabiendo de la dificultad de explicar a un autor tan controvertido como complejo, me dispongo a dar una visión del pensamiento nietzscheano lo más masticada posible sin por ello renunciar a un contenido fiel, tarea que ya resulta complicada por sí misma. El primer paso para entender el pensamiento de Nietzsche es la crítica que realiza a toda la cultura occidental. Nietzsche vivió en el siglo XIX, pero pudo ver con claridad que la cultura occidental estaba fatigada, cansada y hastiada de sí misma. Dicho de otra forma, veía que Occidente estaba inmersa en una profunda crisis, que los pilares sobre los que reposaba nuestra cultura de los últimos veinte siglos se tambaleaban e iban a desembocar en un fenómeno de vaciamiento, lo que él llamará el nihilismo. Efectivamente Nietzsche tenía buen olfato, y advirtió que los referentes axiológicos (los relativos a los valores) iban a caer en el vacío. El punto de partida de la crítica de Nietzsche a la cultura occidental tiene como modelo Alemania, la cultura en Alemania después de la guerra Franco-prusiana, Alemania vence, pero la victoria (1872) no significa una regeneración cultural. Esto molesta a Nietzsche profundamente, ya que esperaba un giro tras la guerra que nunca se produjo. No es de extrañar que cayese en la duda, y que sintiese que los pasos de Occidente no siguieran buen camino. Mirando a su presente sólo es capaz de ver unas nubes oscuras en el horizonte, una amenaza que se cierne sobre la cultura que ha sido incapaz de regenerarse a sí misma, una crisis radical de nuestro paradigma. Antiguamente no estábamos solos, gozábamos de una posición privilegiada en el cosmos, éramos centro de la creación y criatura privilegiada, hijos de Dios, semejantes suyos, copias de un original. El hombre, que al proyectar su imagen sobre el mundo se apoyaba en la tradición judeo-cristiana y la metafísica tradicional, que hasta ahora habían sido los faros que apoyaban el desenvolvimiento de nuestra cultura, el candil que nos iluminaba ante los nuevos problemas de toda índole (político, ético, científico...) se iba a apagar. El aceite de esa luz se iba a extinguir en un nuevo giro sobre nuestro puesto en el cosmos. Efectivamente, el siglo XX cumplió dichas espectativas, la primera y segunda guerra mundial pusieron de manifiesto ese vaciamiento de los referentes que hasta entonces nos habían servido. Un siglo de profundos cambios, el hombre da paso al relativismo y al escepticismo, en oposición a unas verdades reveladas y unos valores instaurados. Llegado el siglo XX hay un giro, todo se pone en duda y el hombre cae en el nihilismo a falta de elementos que nos orienten con suficiente solidez como antaño y dirijan nuestros actos. Por eso dice Nietzsche esa famosa expresión de " Dios ha muerto". Con esto apunta a un nuevo escenario, si ya no está Dios, los valores y referentes del mundo caen, ya no hay un vigilante, ya no hay una autoridad que nos guíe, el hombre se queda a oscuras en el mundo a falta de una referencia sólida como había sucedido en los siglos y épocas pasadas. La ciencia se erige como voluntaria para tomar el relevo de la religión, pero esta es cínica e incompetente para el área que extralimita el método positivo. Nietzsche con gran elegancia deja caer que la ciencia, que tuvo que soportar el yugo de la Iglesia y su persecución constante durante casi toda la historia, intenta ahora tomar ese papel que tanto había criticado, de árbitro de lo que debemos creer o no creer, resulta paradójico. Así el hombre cae bajo la sombra del nihilismo, ni religión ni ciencia son valederos de los referentes que necesitamos en un mundo horrible que el siglo pasado puso de manifiesto, y que si no cambiamos, volverán a aparecer en el siglo XXI. Según el autor,Occidente caerá en el nihilismo las dos próximas centurias. Es por eso que para entender el mundo postmoderno hay que entender a Nietzsche, él nos da las claves para ver que este no es el camino a seguir. Pero entonces, ¿Qué camino hemos de seguir? Si nuestra cultura desde Sócrates hasta nuestros días es un engaño, si los cimientos y el desarrollo histórico de Occidente ha estado mal interpretado desde los inicios, ¿por donde hemos de caminar?.


Si lo que esperamos encontrar es un manual de instrucciones donde Nietzsche nos diga lo que debemos hacer no lo vamos a encontrar. Es cada individuo el que debe hallar ese camino, pero tomando unos referentes que la cultura había intentado extinguir desde siempre. Nietzsche se remonta al pensamiento presocrático, hablamos del siglo VII a. C, en él la interpretación de la vida era más abierto y más pujante. Tomando las figuras de dos conocidos dioses, Apolo y Dioniso, intenta explicar que la vida es la mezcla de ambos. Apolo representa el orden, la rectitud, la luz transparente. Dioniso por el contrario expresa el placer, el desorden, el sentimiento de una vida creciente y cambiante. La mezcla de ambos da una visión cosmológica totalmente diferente a la conocida hasta ahora, una nueva matriz sobre la que gira nuestra integración en el mundo. EL papel del cuerpo se vuelve esencial, y ya no es portador de connotaciones negativas, ni corruptibles como se señaló en el pasado. Al cuerpo hay que escucharlo, pues mucho tenemos que aprender de él, de sus instintos, de su latir. Para Nietzsche la vida será vida siempre que se integren todos sus elementos, siempre que la queramos abrazar y querer como es, no como nos dicen ser, o como nos dicen que debemos ser. Dicho de otro modo, Nietzsche se sumerge en las aguas más profundas de nuestra existencia, y recoge de ella todos sus elementos, los buenos y los malos, el placer, el deleite, el desgarro, el odio, el sufrimiento, el crecimiento, la caída, la enfermedad, el triunfo, el despliegue de todas las fuerzas integradas en una misma olla. Aquí nos alejamos de la visión clásica, de que estamos aquí para ganarnos un paraíso, o que nuestra existencia es una prueba en un mundo lleno de penurias para luego alcanzar un paraíso idealista. Así podemos tomar como primer valor, la relación entre filosofía y vida, no de forma genérica sino concreta. La filosofía como valor de experiencias múltiples vividas en la intimidad del ser, "experimentamos con nosotros mismos", la filosofía se vuelve sobre sí misma, para que la vida no quedase ahogada por el saber. Nietzsche toma sus escritos como algo que constituye un elemento esencial de su propia vida, de mirar a sus entrañas y sacar de lo más profundo un pensamiento válido para la vida, no para grandes sistemas. Es la vida que el profeta Zaratustra define como "profunda","la fiel","la eterna","la llena de misterio" de la que siempre "tenemos sed y no nos saciamos". Así pues, como señala Luis Enrique de Santiago Guervós "en Nietzsche, su propia vida se convierte en un material para que el propio pensamiento lo cite, como el banco de pruebas en el que se van forjando sus pensamientos, de tal manera que él siempre encontrará en la vida un motivo para pensar".


Ya no debemos detener nuestra mirada ante la existencia como un tránsito a una existencia post mortem. No, la vida hay que tomarla con todos sus ingredientes, y desplegarnos en ella no desde una visión de recompensas más allá de la muerte, sino desde el presente, desde nuestro día a día, desde la propia intimidad de cada uno, porque la vida es lo que tenemos aquí y ahora, y hay que tomarla en su totalidad, sin miedos, hallarnos a nosotros mismos, dar testimonio propio de quién es cada uno, sin temor a lo que nos podamos encontrar o de lo que en nosotros pueda emerger. Ese es el camino a seguir, basta de criticar y reprimir las fuerzas, porque todo aquello que aminore el vuelo interpretativo de la vida (la vida de cada uno en todo caso) es cercenarnos los miembros, renunciar nuestras posibilidades existenciales más auténticas. Desde esta nueva perspectiva, debemos desenvolvernos, ser espíritus fuertes que no se acongojan ante las pruebas del destino, ser capaces de sobreponernos a las exigencias del mundo, no arrugarse y hacerse pequeños ante los problemas cotidianos que interfieren en nuestra vida, sino crecernos. Saltar los muros y franjas superándonos a nosotros, volar tomando la vida con todos sus elementos, los gratos y los ingratos, y nadar en la existencia con fuerza, tanto si el viento sopla a favor como si no lo hace, hay que sobreponerse, hay que vivir, vivir desde nosotros mismos, como seres auténticos, asumir como filosofía experimental nuestra propia vida. Así lo hace Nietzsche, y así hay que comprenderlo, él experimento en sí mismo, aspirando a la autocreación como obra de arte en su propia obra. No se trata sólo de sobreponerse al fuerte oleaje que nos agita en la marea de nuestra existencia, a nuestros problemas cotidianos, se trata de sumergirse en el conocimiento de la interioridad de nuestro ser, a no tener miedo de ser lo que somos, de arrancar de nosotros mismos una actitud de autenticidad, de no temer a desnudarnos, de pensar para nosotros y conocernos en nosotros sin temor a lo que puedan juzgar o reprimir. Por eso "no es tan importante descubrir en su filosofía una nueva visión del mundo, sino el camino que nos conduce directamente a ese mundo íntimo que constituye el fundamento oculto de toda estructura arquitectónica exterior, pues no es tan significativa la obra en sí, como el proceso que la genera" vuelvo a citar a Luis Enrique Santiago Guervós. Dicho de otro modo, no sólo debemos tomar el mundo en su totalidad, sino hacer de nosotros mismos un experimento, un exigencia para con el mundo, para desplegar las luces mas reconditas de nuestro ser, al margen de categorias históricas y culturales que puedan llegar a deformar lo que verdaderamente somos. Porque lo que cada uno es, es algo que cada uno tiene que descubrir, es el desvelo de la identidad personal, que no se debe amedrentar por lo impuesto, por lo dado.

Una persona que salte las barreras, que viva con riesgo, sin miedo al perecer, una persona activa, fuerte, que genere sus propios valores, saltará sobre sí misma, se superará, brillará con mas intensidad, que no tiene que ser precisamente con más luz. El hombre que así lo hace tornará en el "superhombre". La traducción más certera no es la de un superhombre que aplaste al resto, como lo pudo entender el nacional socialismo u otras corrientes que tomaron lo que quisieron de este autor tan controvertido, sería más bien "autosuperación del hombre" que el hombre se supere a sí mismo, que el hombre como decía él llegue a "ser lo que es" una nueva visión de la humanidad que no tiene miedo a vivir, ni de reprimir sus instintos, ni tiene necesidad de una seguridad perenne como nos intentar inculcar la sociedad actual. El superhombre servirá de referencia para que otros vean su espíritu fuerte, su cuerpo fuerte, su aceptación total de los elementos expuestos por la naturaleza. El superhombre no tiende la mano, no es solidario, no busca el igualitarismo, observando su potencia nos animará a actuar como él, ansiaremos ser valientes y duros, a modo de la aristocracia griega que veía el mundo como una tragedia feliz. Mientras no busquemos ni hollemos la realidad con ese espíritu seremos flacos, castrados, ovejitas que temen de su existencia. Nadie nos va a decir lo que debemos hacer, hay que actuar desde nuestro propio requerimiento personal, no doblegarse al pensamiento de otros, tirar del carro por nuestro camino, instaurar nuestros propios valores, eso es lo que forja el super hombre. Ya no hay manual de instrucciones, sólo cabe tirarse a la piscina (fuera y dentro) y atreverse a nadar. Ya no hay seguridades firmes, ¡qué fácil es dar un paso sobre piedra segura!. El filósofo del futuro no intentará convencer a la gente de que piense como él, cada uno debe pensar por si mismo y actuar en consecuencia. No habrá cartelitos diciendo que todos debemos de pensar como él, no hay pretensiones de universalidad en su discurso. Sólo quedamos nosotros con nuestra persona, nuestra búsqueda, nuestro camino. En este punto los nihilistas son los otros,los que viven ignorantes y desencantados de la existencia superflua, fácil, condenable y dada.
Hasta aquí llegamos a un punto muy interesante, ¿quién es capaz de hacer esto en el mundo actual? ¿quién está preparado para salir de esta anestesia social y de medios con una maquinaria tan eficaz como la que están actuando? ¿Quién es capaz de tornar los valores sobre los que hemos crecido e instaurar con solidez los propios, a través de esfuerzo, sacrificio, vida y más vida? ¿La alta cultura? ¿Los eruditos? ¿Quién no desea una vida perdurable y eterna? ¿Quién es capaz de llevar un proyecto de vida tan magnífico y vigoroso? en definitiva, ¿quién es capaz de escapar al nihilismo y subir a flote, sin ahogarnos o quedarnos en las profundidades? No lo sé, y pensaré sobre ello porque sigue siendo una pregunta de difícil respuesta. Acabar con una cita Spinoza, al que tanto admiro "todo lo excelso es tan difícil como raro". Y no podía ser de otra forma, porque un proyecto de tal envergadura no puede ser tan sencillo de lograr.

viernes, 29 de mayo de 2009

La mirada del azar


El azar es un ingrediente esencial de la vida. Nos acompaña desde que nacemos hasta nuestra muerte. Se puede predecir, se puede olfatear, nuestras decisiones toman un gran peso, pero no se puede huir de su eterna influencia.La vida, aunque sea llevada de una forma racional es azarosa. Digo es azarosa porque siempre hay elementos externos no previstos que acompañan nuestra cotidianidad. El azar se presenta como un elemento que escapa del cálculo, de la predicción, del sometimiento de la razón. La física tardó mucho tiempo en hallar el azar, nucleo de la mecánica cuántica, realidad desbordada y caótica que difícilmente se somete a las leyes descritas por el hombre. El azar es un arma de doble filo, nos golpea o nos da alas, nos aturde o nos levanta, él está ahí, acechando y esperando a cruzarse en nuestro camino. Esto puede verse como algo tenebroso o pesimista. A todos nos ha resultado cruel algún acontecimiento inesperado marcado por el azar, que no se mueve en la balanza bien y mal, sino que interviene sin preguntar en nuestra vida, y su desenlace para los intereses de las personas resulta totalmente azaroso. Paul Auster despliega una narrativa donde el azar es condición indispensable de sus obras, de su vida, de su conciencia de la vida. Esto no responde a una idea, sino a un sentimiento, a un palpar la realidad de cerca y constreñirla, para que finalmente se acabe ahogando ante el inminente poder del azar. Él es uno de los protagonistas de una biografía, la de nosotros mismos, entendiendo la existencia desde un relato. De esta forma baña nuestra historia y la de cualquier historia. Él es imperecedero, y muchas de nuestras creencias tienen que recurrir a él para explicarse a sí mismas. La física cuántica esta bañada de azar, la evolución y el cambio natural también, nuestro trato con la gente también, encuentros azarosos que terminan con un gran final. Virgilio decía “la suerte persigue a los astutos”, se refiere a que debemos estar despiertos, pero también admite la posibilidad de “poner” de nuestro lado al azar, pero nunca seremos su dueño, su poder escapa de nuestras manos, no veo al hombre enfrentado al leviatán, pues esté le sometería. Los antiguos veneraban la fortuna, deseosos de que la mano desenvolvente del destino estuviera de su parte, ellos ya sabían que los caprichos de los dioses no podian ser refutados. Desde la otra perspectiva del globo, oriente siempre lo ha tomado como un elemento dinámico, el nirvana y los estadios más altos del pensamiento del Tao, del Shinto o el Budismo reintegran en su hacer cotidiano esta incontrolable fuerza, sin intentar oponerle resistencia, casi venerándolo.
Mirándolo desde otro punto el azar es ingrediente animador de la vida, sin él desde luego perdería intensidad, todo sería más estático e inmóvil, predictivo y mecánico, mentes de metal y ruedas. Es una solución a posibles hastíos, o una oportunidad para desplegar facetas que nunca hubiéramos pensado suscitar. Elemento emergente, enriquecedor, nutriente del camino, fuente de esperanza y desconsuelo, amigo de nadie y de todos, que escapa del tiempo y del espacio, puro devenir. Podemos entrar en valoraciones, pero no ganaremos nada, quedará en palabras. No nos corresponde a nosotros la decisión de su presencia, que en todo caso hemos de aceptar cómo moldeador de la vida, con buenos ojos e intentando coger su soplo para elevarnos, y no para hundirnos, tomarla como condición indispensable de la existencia humana.

jueves, 28 de mayo de 2009

La búsqueda de la identidad


Resulta evidente que cada uno de nosotros actua conforme a uno es. ¿Pero qué es uno? uno es su identidad. La construcción de esa identidad irá en paralelo al progreso de nuestra vida. desde muy pequeños estamos sometidos a un aprendizaje, a una continua adaptación del entorno en el que a uno le ha tocado nacer. Pero quien soy yo, como debería ser o como elijo ser es otra historia. Cada uno busca su camino, que en todo caso es "nuestro", relato de una vida, que no es otra cosa que una búsqueda por encontrarse a uno mismo.

jueves, 22 de enero de 2009

Escher


  Escher no es un autor muy usual. Su presentación es razón frente a sentimiento. Si hay una crítica que se le pueda hacer a Escher es la de la lejanía del sentimiento. El sentimiento no ocupa apenas lugar en la obra, y sus historias son más bien formales que emocionales. 
Su uso del color es realmente básico, y simplifica en cualquier caso la escena para no restar importancia al verdadero centro de la obra, que esta más subrayada por los aspectos matemáticos, transformados en acertijos para el espectador, donde aplicar su agudeza e ingenio. Si lo que uno busca es sentimiento, mejor que dirija su mirada hacia otros autores. Escher nos muestra otro tipo de arte, un arte en comunión con la ciencia, que no solo le hace referencia sino que la incluye. A mi personalmente lo que mas me intriga es el propio resultado final, y aunque no sea uno de mis autores preferidos he de reconocer que ocupa un lugar especial. Él mismo dice que su trabajo y su constancia fueron las que sacaron sus obras adelante, y no su talento artístico.
     Otra de las cuestiones que me intrigan acerca del autor era su visión cíclica del mundo, el pulso de su universo. La idea de la circularidad de las cosas, de su agotamiento, de su cambio, del camino, de la vida, la muerte… Hay un autorretrato en las que sobre su pupila aparece un cráneo, una calavera. Elementos y detalles así hacen que no vea a Escher como totalmente ajeno a las cuestiones centrales de la vida. Aunque con frialdad, el trata la muerte, la vida, la evolución, la infinitud del mundo, la eternidad de las leyes matemáticas, el cambio y el agotamiento de las cosas. Nacemos y perecemos, las cosas terminan. 
No hay que recalcar aquí un acento negativo o destructor, más bien en sentido renovador, pues toda frontera tiene límite con algo más. La muerte deja paso a nueva vida, en una regeneración constante. Indicar que aunque es verdad que los elementos aparece, siempre lo hace desde la distancia, como un segundo significado de la obra, que no la hacen totalmente inerte ni apartada de nuestras cuestiones.

     Su técnica y paciencia son verdaderamente loables, una técnica sencilla y muy depurada, con elementos sencillos y detalles llevadas al extremo. Todo esto hace de Escher como una persona que ha sabido dar al arte otro uso, otras aplicaciones, y eso está realmente bien.

miércoles, 21 de enero de 2009

Más allá del bien y del mal, Nietzsche y la búsqueda de "la verdad".


 Para Nietzsche la búsqueda de ”la verdad” es absurda. El comienzo del libro es durísimo en sus afirmaciones. No hay una verdad absoluta e inamovible para todos. La verdad firme no existe, es el derribo de las categorías, el ataque a la religión y a las certezas. El hombre para sentirse más seguro y aliviado busca esas certezas sobre las que establecer un sentido para la vida. Pero la vida de esas certezas es una vida muerta, es agua salada como señalará el propio Nietzsche, con el que difícilmente calmaremos nuestra sed. Así su primera crítica se dirige a la sólida estructura de verdades, de las que el hombre se había rodeado y empapado, sobre las que había edificado durante tanto tiempo, vertiendo un pensamiento que no vale para la vida. Hay que cambiarlo todo, y qué mejor que mordiendo las piernas de nuestra cultura. Así en los comienzos del libro, la verdad, tal y como nos la habían trasmitido es una bufonada, se han reído totalmente de nosotros, y ahora lo estamos pagando. Nos han hecho mucho mal y poco bien, y el primer paso para cambiarlo es este. Rechazo de la objetividad, contra el conocimiento objetivo, devenir. Escepticismo ante los grandes e inamovibles sistemas. No hay una única verdad, y generalizar con ella es un despilfarro de intenciones, que a nada bueno han de conducirnos, precisamente lo contrario, pues nos llevan a la necedad y al falseamiento de la vida.
Para Nietzsche quien tiene necesidad de verdades objetivas, es quien menos seguridad tiene en sí mismo. Quien no cree en sí mismo necesita certezas inmediatas. Señala una debilidad de aquellos que someten su vida a imperativos. De ahí su hostilidad con la ética kantiana, la ética utilitaria y la moral cristiana. Por eso, toda esas conjunciones que nos intentan establecer son papel mojado, no existe la verdad única e inamovible, y el hombre debería cesas en su empeño por hacerlo, pues lo que no vale para la vida no vale para el hombre. Todas estas cuestiones son las que nos han conducido a esta situación, y la que ha arrastrado tanto sufrimiento y tantos abusos por parte de aquellos que intentaban imponerlas, atemorizando a los hombres y doblegándoles. La verdad no puede ser común a todos.
Los errores que en su momento se revelaron más propicios para la expansión de la vida fuerte y poderosa, se convirtieron paulatinamente en verdades indiscutibles. Los términos verdad y falsedad  se invierte, y lo que nos vendían como bueno nos reprime, y lo que nos vendían como malo nos hace fuertes.Aquel que busca el consuelo en un más allá. Resentimiento de esclavo, incapacidad para afrontar riesgos, temeroso de la vida y de lo que le puede acontecer, ya que no está a salvo en ningún modo, busca consuelo, grita ayuda mostrando su debilidad. Hombres replegados, sometidos, de extraordinaria sensibilidad para el dolor, que llora y se apiada. Que teme al fuerte, incapaz de venganza, y que busca el amor a Dios, y cree en la igualdad de los hombres ante Dios.

El hombre escéptico, que tenga su verdad, no va a salir a la calle con un cartel para convencer a nadie de que le siga, no la quiere para imponerla ni venderla, pues es una verdad para él mismo. “El bien común… ¿Cómo es posible? Lo común tiene siempre poco valor.” Así señala con el dedo Nietzsche a lo común, a lo que no es originario de uno mismo, a lo que es dado y aceptado por todos. Todo esto tiene relación con el capítulo anterior. El filósofo del futuro es aquel que abandona la verdad, para construir la suya propia. La verdad no es una verdad de todos ni para todos. Nietzsche ataca a los grandes relatos sustentados en “verdades” inamovibles y universales. Según él eso no vale para nada. El se mueve en el escepticismo, su verdad para él, pero no necesariamente para todos. Los conceptos absolutos de verdad quedan relegados a un segundo plano. El hombre, por primera vez en la historia, carece de categorías o revelaciones metafísicas a las que agarrarse. Esos planes que nos legó la historia no sirven para el espíritu expansivo, y si no sirven para la vida debemos liberarnos de ellos.

Comúnmente se piensa que Nietzsche es nihilista, pero es una expresión que habría que matizar, pues para él los nihilistas somos nosotros. Los nihilistas son aquellos que han sido adoctrinados e incapaces de ver al hombre como es. Lo han replegado, lo han amansado, lo han adoctrinado. Más allá del bien y del mal está despojado ya de esas verdades instauradas, por lo que el concepto de bien y mal se altera. Los valores judeo cristianos trasmitidos a lo largo de la historia son para débiles. Para Nietzsche lo erróneo es la misericordia, la piedad de ayudar al prójimo en sus desventuras con el mundo,  el igualitarismo, el socialismo, el cristianismo… Verdaderamente Nietzsche golpea a la cultura occidental con mucha fuerza. Todos los valores metafísicos y religiosos sobre los que occidente había crecido eran una patraña, conceptos vacios tras lo cual no había nada. Eso deja al hombre solo, que ya sufre en este mundo,  y le propone una integración en el mismo, bajo una nueva oscuridad que no somos capaces de iluminar. Frente a esta aparente soledad Nietzsche acude al superhombre, a la voluntad de instaurar unos valores para cada uno, que necesariamente no deben estar en cánones ni de pretensión universalistas, sino personales en el sentido total de la palabra.
El hombre no es libre, o tiene voluntad o no la tiene. Estos actos emanaran de la fuerza pujante del que decide, del que posee arraigo por si mismo, del que no se arruga ante el destino y vive una vida de pujanzas y riesgos. Son las virtudes de unos filósofos del futuro que vivirán de sus verdades. Esas verdades elevan al espíritu, y evaden cualquier acto que anule o aminore la fuerza de la vida. 

lunes, 19 de enero de 2009

¿Existe una filosofía oriental?


El desarrollo de la filosofía a lo largo de los siglos en occidente, ha propiciado una situación paradójica a la hora de aceptar el pensamiento oriental  como dentro de ese campo. Los grandes esquemas y corpus filosóficos occidentales distaban tanto de las formas de exposición y entendimiento de la realidad oriental, que muchos dudaban de que se tratase verdaderamente de filosofía.
Si la filosofía es un estudio lógico, cerrado, totalmente estructurado, racional y en el que las palabras y conceptos expresan todos los matices a modo de Descartes o Kant, entonces diría que no ha existido filosofía en Japón. Si por otro lado tomamos la filosofía como un modo de responder a las preguntas esenciales que conciernen a la vida de cada uno, dotada de una disciplina existencial, al modo de Kierkegaard o Schopenhauer, entonces indudablemente hubo filosofía. 
Este debate hoy en día está servido, a mi modo de ver los occidentales no hemos encerrado en nuestro propio discurso. Poco a poco se está produciendo una apertura al pensamiento oriental como una vía alternativa, que aunque difiere de forma y contenido, enriquece sin lugar a dudas la perspectiva casera que tenemos, todo ello impulsado por el fenómeno global. Precisamente aunque el acercamiento se va evidenciando, corremos el riesgo de no digerir  adecuadamente las nuevas formas culturales que se nos ofrecen. Al margen de no caer en estúpidas modas comerciales, es recomendable abrazar esta nueva forma de ver el mundo con cautela, para no distorsionar el verdadero sentido del discurso, en una visión superficial y malinterpretada de los tesoros que contiene. Es realmente necesario un dialogo y compatibilidad de ambos pensamientos, más aún cuando el mundo tiende a una globalización que ya nadie puede negar, abrirnos y poner en movimiento dos formas diferentes de abordar el mundo en sus múltiples facetas, mostrarnos nuevos horizontes y ver la realidad como un conjunto y no desde un “concreto”.
     
 La filosofía en países como la India, China y Japón, estuvo ligada a la religión desde sus comienzos. Esto se debe a diferentes formas de plantear el tema. En occidente sencillamente hubo una escisión entre el conocimiento humano a la luz natural de la razón, y las verdades reveladas. Como es típico de nosotros categorizamos esas dos formas de la realidad, filosofía y religión. En cierto sentido, la historia intelectual de occidente ha pivotado sobre esas dos formas de concebir el mundo, y su desarrollo es una oposición entre filosofía y religión, entre fe y razón. Como bien expreso Miguel de Unamuno en su obra, la lucha entre verdades divinas, reveladas desde lo alto en contraposición con el pensamiento propio, la autonomía de la razón humana en oposición a esa revelación dada. 
   En consecuencia, los occidentales hemos ido cerrando en compartimentos estancos, esferas del conocimiento totalmente independientes unas de otras, como la lógica, la filosofía puramente teórica, la ciencia, la religión….Nos poníamos a mirar un árbol cuando también deberíamos mirar al bosque.
En oriente el panorama cambia totalmente, países como la India y China, filosofía y religión están estrechamente unidas. La esfera del conocimiento está estrechamente vinculada a la esfera práctica. Las  verdades del conocimiento son verdades de la práctica y viceversa. Este acento en la unión de lo que en occidente era autónomo fue lo que propicio que en oriente no emergieran doctrinas puramente teóricas sobre el mundo, el hombre o Dios. Porque ellosabarcaban una realidad completa, bajo un mismo plano, todo estaba interrelacionado y de alguna manera era imposible separar  estas esferas porque 
una no se da sin la otra. Hay una necesidad vinculativa en sus escritos, no parten el conocimiento en partes y las analizan, porque para ellos la relación entre distintos campos es tan evidente que resulta inseparable.
En la década de 1860, tras siglos de aislamiento cultural, llegan a Japón doctrinas filosóficas de occidente. Pensamientos como el de Rousseau no tardaron en calar en ella. La claridad teórica que antes no habían experimentado, el énfasis en el uso de los términos lingüísticos, el concepto y otras características de nuestro pensamiento dejaron asombrados a los japoneses. Doctrinas como el positivismo francés o el utilitarismo inglés del siglo XIX se extendieron hasta las islas del pacífico. Aunque esas nuevas formas de pensamiento no eran tan profundas y globalizantes en cuanto a esferas de la vida, su pensamiento práctico y su analítica atrajeron irremediablemente a los japoneses. Aunque no todos estaban de acuerdo con las nuevas doctrinas cobro la suficiente fuerza como para que el idealismo alemán ocupase el primer plano., llegando a ocupar puestos de primera fila en los círculos académicos, especialmente Hegel. 
No todos estos acontecimientos se desarrollaron sin oposición, nació también cierta actitud reaccionaria de carácter nacionalista ante la entrada de estas nuevas corrientes, aunque su enfado y diferencias no evitaron que la entrada de doctrinas europeas influyese de modo notable en el pueblo nipón. 

lunes, 1 de diciembre de 2008

Esbozo del romanticismo.



Atrévete a sentir, giro "al sentimiento", los sueños de la razón producen monstruos, y las promesas de la Ilustración caen en la desgracia, el hombre se hace un hombre de límites.Hacer un breve esbozo del romanticismo no es tarea fácil, diría casi que imposible, aún así podemos señalar algunos aspectos característicos del mismo, sin tener intención de abarcarlo todo. El romanticismo es una época que cambia la visión del hombre y su puesto en el cosmos. Heredero de una filosofía idealista y racionalista, se da un giro en la perspectiva del hombre, caen los soportes del proyecto ilustrado y se cede mas importancia a la imaginación, a la idea. Ya no hay un soporte universal de la realidad, y aunque la razón nunca se abandona del todo, si se eleva de categoría el sentir. El individuo sale de la esfera del orden racional, nace un subjetivismo y una interioridad que hasta ahora no tenían espacio. El hombre siente, y ese sentir se eleva sobre los modelos racionales del pasado. Pero es un hombre que habita una naturaleza, y digo habita porque los ojos del hombre miran lo natural como algo orgánico, vivo. Habitamos en la Tierra, frente a la visión mecanicista y calculadora Natura se revela, y el individuo poco tiene que hacer con las fuerzas entrópicas que es capaz de revelar. Aunque el Romanticismo se desarrolla plenamente en Alemania, también emana en otros países, y con múltiples características.

Podemos hablar del romanticismo de la luz, del romanticismo negro o del crepúsculo... Cada uno de ellos desarrolla unas facetas y dan una visión del mundo concreto con sus matices. Hablar del romanticismo reduciéndolo a un periodo histórico no tiene sentido, pues sus brazos han seguido el pasar de los siglos hasta nuestros días. Hoy podemos hablar de tecno-romanticismo por ejemplo, y sus señas de identidad son mucho más numerosas de lo que creemos. Podemos verlo en la literatura, el cine, o la arquitectura de algunas ciudades, pero sobretodo en las nuevas tecnologías y en el transhumanismo, donde el hombre ve en la tecnología una posibilidad de expander límites. Es un espíritu latente y presente, una forma de ser y de vivir, el viaje, la noche, la búsqueda de uno mismo. Una buena forma de empezar, Novalis.