miércoles, 28 de julio de 2010

La vida como lavadora.





La vida es inabarcable. No hablo de su forma biológica que también considero inabarcable, sino su interpretación desde la supuesta "objetividad humana". El problema fundamental que a mi parecer se presenta es que la vida no puede ser interpretada bajo una forma cerrada y definida. Me refiero a que cualquier interpretación que queramos darle, la mata en alguna de sus partes, ya que los límites que podamos establecer para definirla no lo consiguen como desearíamos. Ya sea a través de la escultura, la pintura o la literatura siempre hay algo no dicho, no explicable, no representado. De ahí que resulte tan complicado intentar racionalizar la vida con la intensidad y el rigor que muchos desearían.

¿Qué es la vida?¿Cómo reconocerla?¿Qué esperar de ella cuando ella no espera a nadie más que a sí misma? La riqueza y el ser incompleto de la vida huye de toda atadura, de toda forma fija y delimitada, no se deja domar por la racionalidad ni ser atrapada bajo la red del entendimiento, hay algo de ella que siempre escapa, que siempre queda fuera. Es por eso que quizás la vida sea algo incompleto, inacabado, en constante formación y cambio, movimiento intrínseco de una existencia que a modo de Heráclito siempre está mutando, siempre transformándose. Esa una de las propuestas formuladas por muchos pensadores, por muchos artistas, por muchos literatos. Mi experiencia personal me habla de que vida pide más vida, la vida llama a más vida, lo que no quiere decir que no haya muerte o perecer, ya que esa misma vida es la que posibilita la caída, el despojo de sí misma, su transformación, su edificación constante e imperecedera.

Todo lo que acontece en la vida de una persona se traduce en valoración, hay acontecimoentos que nos resultan gratos, otros no tanto, otros nos resultan indiferentes, otros impresionantes, otros aborrecibles. Pero a la vida eso no le importa. Ella actua y baila frente a nosotros, ajena a nuestras valoraciones o nuestros propósitos, si nosotros no estuviesemos la vida seguiría estando ahí, lo único que sucedería es que no habría nadie que contarlo, nadie que leerla o expresarla como lo estoy haciendo yo ahora. Pero el ser humano intenta predecir, intenta enmarcar su existencia en un telón de fondo que cuando menos nos lo esperamos se revuelve y nos cambia la escenografía, la mayoría de las veces sin pedirlo, porque como dije antes ella actua por su cuenta.

¿Significa esto que debemos quedarnos de brazos cruzados, esperando a su magnífico e impotente obrar, ya que nosotros no podemos domesticarla? La respuesta desde mi punto de vista es no. Si lo hacemos la lluvia de palos que te caerá estaría garantizada, y yo no lo aconsejaría pese a que muchos lo hacen. El no poder abarcar, el no poder exprimir no significa pasividad, in-acción, pasotismo o rendición ante la misma, es más ante cualquier cosa elección, acto, potencia. Pese a no poder conocerla de forma exhaustiva podemos aprender de su pulso, de sus pasos, de sus escenas, luchar por embellecerla y ponerla a nuestro favor en la balanza...

Aún así hay algo que siempre me queda de fondo, como una radiación cerebral que me atosiga, que le doy vueltas, una fuerza inaprensible, inefable, para algunos existente, para otros inexistente, otros no saben que pensar y otros lo piensan si se matiza, su nombre es el azar. Azar desde donde uno nace, su época histórica, la gente que conoce, los hechos que acontecen bajo su dominio. Es algo que me cuesta traducir, que me cuesta digerir bajo una forma condensada. ¿Es azar que haya conocido a mis amigos y forjado una relación así? ¿Si hubiera estudiado en otro sitio brotaría una gente afín a la que conozco? ¿Es una marco de posibilidades que juega constantemente y cuando se reunen ciertas condiciones suscita el objeto deseado?¿Cuanto podríamos aguantar así, bajo el influjo de probabilidades y el encuentro de gente afín?¿Es cuestión de tiempo?¿De esfuerzo?¿Es un cómputo de todo? ¿Cómo va a ser un cómputo de "todo"?eso es como decir un cómputo de nada. ¿Por donde agarrarse, que postura tomar ante los hechos que a uno le han acontecido?. Yo me lo pregunto, yo me lo cuestiono y mi respuesta no alcanza reposo.

lunes, 14 de junio de 2010

Apuntes incompletos sobre postmodernidad.


No se puede escribir una entrada seria sobre la postmodernidad, las numerosas ideas y matices que exigen una exposición seria sobre el tema no están al alcance de una entrada de blog, por eso voy a escribir sobre ello. El propio término está lleno de equívocos, de difícil precisión y distinción. La postmodernidad se supone como un periodo histórico, posterior a lo moderno (que podemos decir que se inició en el siglo XVI, aunque exigiría más matices). Es en el siglo XIX donde comienza a cuestionarse el discurso y las bases sobre el que la humanidad caminaba, y creo personalmente que es en el siglo XX donde se cuaja todo el material acumulado. Para una primera aproximación podemos decir que el pensamiento moderno tenía fe en nuestro conocimiento, en las capacidades de la razón que tan consolidadas quedaron tras la ilustración, fe en el progreso, la humanidad avanzaba en linea recta, fe en los discursos del hombre que se veía capaz de dominar el mundo, fe en las teorías bien construidas, de sólida base y crecimiento, fe en la historia que deparaba un final feliz para nuestro género. El siglo XX puso de manifiesto que no ha funcionado demasiado bien, guerras mundiales y bombas atómicas, la tecnología y la ciencia no han cumplido sus promesas d hacer un mundo más fácil, la pobreza y el hambre en el mundo sigue acechando por todo el planeta, el proyecto ilustrado ha fracasado.

La postmodernidad se cuestiona todos los referentes de la modernidad, especialmente el fin de la metafísica. La importancia de este hecho es notable, la metafísica que inició Aristóteles ha configurado el conocimiento que tenemos sobre el mundo desde nuestros orígenes, es difícil precisar el gran alcance que ha tenido en todas las áreas de conocimiento el discurso metafísico: en política, en ciencia, en el arte, en la religión, ética... La metafísica preparó un lenguaje, unos conceptos, aportó un sentido al mundo y una finalidad, y sobre ella nuestra cultura se ha elevado durante más de veinte siglos. Los referentes de lo postmoderno nacen  en Nietzsche, con el nihilismo consumado (superado) y  apuntalado posteriormente en Heidegger. Todas las categorías del conocimiento se ponen en duda, no con ánimo de eliminar todo lo anterior, ni siquiera de apartarlo, sino de superarlo. Exige el fin de la metafísica, y con ella todo el aparato conceptual de la modernidad. El discurso ahora se vuelve fragmentario, ya no existe el progreso histórico hacia una meta  o un fin, se produce por lo tanto una secularización del progreso, vaciación de esta idea. Con ello le sigue una relativización de los valores del hombre, ante la multiplicidad de culturas y falta de referentes consolidados, pues Dios ha muerto. Nacen visiones y perspectivas distintas que reivindican sistemas de valores contrapuestos (Lyotard). No se trata de que ahora vale todo, ni mucho menos, pero la desembocadura del discurso obliga a una reformulación y superación de lo anterior, y se coloca el acento en la esfera personal. Se escuchan otras voces, lo "otro" de la razón, se cuestiona lo que se ha dejado de lado, lo que se ha apartado y  se "deconstruye" , de ahí la escuela deconstruccionista.  El arte toma un nuevo rumbo, se deshumaniza y se aleja de lo humano (deshumanización del arte en Ortega), y la expresión artística contemporánea a veces resulta distante y vacía, porque se mueve en categorias diferentes, ya no busca la forma, ya no busca la belleza ni la armonia, ni la clara disposición de colores, busca mostrar lo que se ha dejado apartado, de lado, y se vuelca en otras vías que ponen en jaque lo que se ha venido dando. Aquí finalizan los apuntes incompletos sobre postmodernidad.

martes, 8 de junio de 2010

Conocer es reconocer.

Hoy en día, en muchas ocasiones, ser, es, ser reconocido. El reconocer es lo que otros saben de nosotros, lo que reflejamos al mundo de las otras mentes. El problema es que muchas veces se reconoce para mal, o de forma sesgada, o exagerada, eso dependerá mucho de la sociedad en la que uno viva, que vincula el reconocimiento a una serie de objetivos y criterios con las que se entabla el éxito. Esa es una de las pautas de hoy en día, pero no quiere decir que tengan razón, es confundir imagen con realidad, imagen de lo que "somos" y lo que "somos" realmente. En el siglo que vivimos, los señores del dar a conocer son bastante perversos: criterios ciegos, valoraciones desmedidas, prejuicios al orden del día, intereses, estrategias, poder, ansia de venta, anestesia, esclavitud a estereotipos... Una oscura nube que lo envuelve casi todo.  Pero siempre quedará el ser, permanecerá lo que tú eres independientemente de ellos, si no quieres ser destruido, porque toda vida se funda en una identidad, biográfica, literaria, única e intransferible. Esa identidad emerge del fondo de uno mismo, y los criterios que la formen no pueden ceder su responsabilidad a los otros, si es que algún día quieres ser algo, más allá de un código de barras. 

jueves, 20 de mayo de 2010

Estética del horror natural: el corazón de las tinieblas de Joseph Conrad.


  Si Lovecraft es una de las principales figuras a la hora de trasmitir una estética del horror sobrenatural, a mi juicio, Conrad es el máximo exponente del horror natural. Para los descuidados decir que la famosa película Apocalipsys Now es una adaptación de la novela situada en Vietnam. El libro habla del proceso colonial africano, donde los europeos, algunos con más culpa que otros, mostraron la cara más amarga y cruel del dolor a los incivilizados. Es una estética mucho más cercana, realista y palpable, esta ahí fuera y dentro de nosotros, es la estética del horror del hombre y la naturaleza. Es por lo tanto un relato de los instintos primeros de nuestra condición,  que no están extintos, siguen ahí, les tememos, por eso queremos olvidarlos y enterrarlos. La novela puede leerse en varias claves. La primera de ellas podríamos vislumbrar una crítica a la colonización del Congo, de cómo los europeos civilizados e “iluminados” por el progreso devastan toda una zona de riqueza natural sin ningún tipo escrúpulo, a base de mano esclavista y de explotación de recursos. Pero su reflexión estética y moral va mucho más allá de una situación histórica concreta. Es en este punto donde nos centraremos. No podemos hacer una lectura admitiendo la tesis de que es el olvido del hombre, algo que ya no existe y ha desaparecido, porque la actualidad del tema es pasmosa ante una mirada atenta.

Remo Bodei admite que gozar de una obra de arte es un delito, las grande obras de la humanidad, nuestra cultura, han sido construidas a costa de grandes sufrimientos de violencia, este sentimiento nos impide gozar, ya que toda cultura se vuelve un documento de barbarie. El pasado espera que el presente redima esas injusticias. No quiero dar más rodeos, sencillamente poner de manifiesto que la violencia tan condenada en nuestra sociedad es una condena ilusoria, porque a través de ella Occidente ha llegado hasta donde está, y no estaría de mas decir que seguimos ese mismo camino.

  El libro de Conrad es una obra maestra, como ya he señalado con una terrible actualidad y cercanía. Se podrían escribir volúmenes sobre ella, yo me centraré en el horror como condición humana y los límites que impone. La idea del hombre se desnuda ante la cruda la realidad, tremendas fuerzas se desatan hasta alcanzar una locura que llega a ser testimonio de cordura, en un marco natural que poco tiene que ver con salir de excursión al campo. Aquí la naturaleza se muestra como la auténtica casa del hombre, su lugar esencial donde se desenvuelve. Pero no resulta una naturaleza cercana y amable, no es la madre tierra que nos proporciona alimentos y lugar en paz donde vivir. Es una naturaleza densa, pesada, frondosa y hostil. En su corazón aparecen las tinieblas que acechan y te atrapa, muestra el secreto más salvaje de todo ser viviente, donde las fuerzas elementales de cualquier ser vivo se disparan. Las fuerzas naturales como fuerza elemental de la que nos hemos distanciado. Jünger habla del dolor, de la barbarie que es capaz de soportar el hombre, aquí esa barbarie acaba enviando a las personas al mismo centro del dolor, del miedo. Fuerzas naturales de la noche que acaban atando a uno a las propias tinieblas. Cuanto más se penetra en la jungla, con mayor fuerza surge ese instinto animal que todos llevamos dentro: “Traté de romper el hechizo, el pesado y mudo hechizo de la selva, que parecía atraerle hacia su despiadado seno despertando en él instintos brutales y olvidados, trayéndole a la memoria pasiones monstruosas y satisfechas”.  

La jungla del Congo evoca directamente los instintos latentes y adormecidos de los hombres, satisfacciones y fuerzas que vetamos desde el momento en que nacemos. No conseguimos que desaparezcan, hoy en día hay saltos de violencia que podemos ver en los telediarios. Desgracias ajenas y noticias de la prensa amarilla que demuestra que cuando aparece un resquicio de los sentimientos más oscuros de la persona, emanan con fuerza y lo tachamos de actitud incomprensible. Nos quedamos anodinados cuando vemos o leemos una noticia, preguntándonos a nosotros mismos cómo puede ocurrir, y la realidad es que en ningún momento podemos dejar de ser lo que somos. La naturaleza acogedora acaba desgarrándose, un desgarro de la contradicción humana donde sólo existe el horror para sobreponerse.

  Es un camino peligroso, el corazón de África como núcleo de la barbarie, tanto de unos como de otros. Es casi como una reminiscencia de lo que habíamos sido, y de lo que seguimos siendo pese a que no lo veamos. La naturaleza susurra cosas que jamás habíamos oído sobre nosotros mismos, se nos revela como intratable, como guardiana de los instintos más plenos y primarios del hombre. La pregunta es saber hasta que punto podemos controlarlo.

  Kurtz, es el personaje principal, no es el que más aparece pero es el resultado de todo lo que se ha ido gestando, el culmen de la situación desatada. Él no elige, sobrevive y comprende que el miedo que ata al ser humano le hace inservible. Vence al miedo y entonces todo se descontrola. “Yazgo aquí, en la oscuridad, esperando la muerte”. Kurtz claramente inicia un viaje de no retorno, o mejor dicho, de retorno a lo originario, a la verdad en sentido griego, lo que está patente. Más que pesimismo y negación viene a ser una aceptación, digiere la crudísima realidad que le ha llevado al límite antes de que le destruya, sabiendo que el mundo le supera en fuerza. Ya no lucha por unos ideales porque lo que se impone es la realidad, la realidad de un ser viviente en el que su destino no puede ser tomado por las riendas. 

 Dice así: "¡Mi destino! La vida es una bufonada: esa disposición lógica para un objetivo vano. Lo más que se puede esperar de ella es un cierto conocimiento de uno mismo, que llega demasiado tarde, y una cosecha de remordimientos inextinguibles. Yo he luchado a brazo partido con la muerte. Es la disputa menos emocionante que podáis imaginar”. El viaje no siempre es compensatorio, sino todo lo contrario, el viaje no puede dejar indiferente, porque sino no sería viaje.  A lo largo del viaje las noticias que va recibiendo de Kurtz le despiertan un interés por él y el misterio de lo que está sucediendo en el núcleo selvático. Llegará un momento en que Kurtz se eleve, a un rango mitológico y reciba admiración por parte de Marlow, al menos hasta que se encuentre con él. “¿No habla usted con el señor Kurtz?... A ese hombre no se le habla, se le escucha…” La novela va nutriendo la figura de un Kurtz, al que acusan de haber perdido la razón, y en el viaje se perfila su icono hasta elevarlo a una categoría más allá de lo humano, quizás no más allá, pero sin duda, en la parte final del libro uno no tiene duda de que Kurtz esta rozando los límites del hombre.  Marlow se encarga de dar testimonio de ello, desde la luz hasta los infiernos, el mundo es una mezcla de ambos.

  Kurtz representa la aniquilación de los valores de la razón, del progreso y la civilización que conocía. Experimenta un regreso al animalismo que está latente en nuestro ser. Ante la pasmosa experiencia que le toca vivir, llena de miedos y horrores, llega a un punto de asimilación de los mismos hasta volverle loco. Se rodea de cadáveres empalados, se muestra impasible a la barbarie y al canibalismo, ya le da igual todo, y comprende que eso es el ciclo vital en estado auténtico. Kurtz acaba tomando forma mitológica, su manera sublime de ver el mundo acaba llamando la atención de quien le conoce. 

  En profundidad la depravación de Kurtz, es fundamentalmente fiel a la imagen de sí mismo. De todos nosotros, el conocimiento de nuestros propios límites viene totalmente condicionado a los sentimientos vividos. No se puede amar sin ser amado primero, y lo mismo ocurre a la inversa. Uno conoce, uno vislumbra el mundo y este le condiciona. Las fuerzas elementales de nuestra propia condición son en última instancia incontrolables. Cuando el dolor apura, se manifiesta y nos retuerce, cuando no podemos comprender lo incomprensible, cuando los grandes relatos históricos y metafísicos caen en ficción y la vida, desnuda se impone por sí misma. 

  Desgraciadamente es una estética del horror natural, pero también de la cercanía, no la ignoremos, recomiendo la lectura de la obra sin dilación alguna para ávidos lectores. 

domingo, 16 de mayo de 2010

Estética del horror sobrenatural:Lovecraft y sus criaturas.

  Lovecraft fue un tipo muy peculiar. Ya desde niño rehusaba de jugar con otros niños para  adentrarse en los libros de la biblioteca de su abuelo. Lovecraft era un muchacho callado, enfermizo y apático. No le gustaba el pescado, sentía aberración por el mar, y por muchas más cosas. También le producían horror los invertebrados, la vida marina en general, las bajas temperaturas, los obesos, la gente de otras razas, el mestizaje, los suburbios, los instrumentos de percusión, las cuevas, los sótanos, la vejez, los grandes periodos de tiempo, los desiertos, los océanos, las ratas, los perros, la campiña de Nueva Inglaterra, la ciudad de Nueva York, los hongos, las sustancias viscosas, los experimentos médicos, los sueños, las texturas gelatinosas, el color gris, la vida vegetal, los lapsos de memoria, los libros antiguos, la niebla, los gases…

  La sombra del suicidio recorrió su vida, tenía una botella de cianuro por si algún día decidía abandonar este mundo, fue una lucha feroz contra la muerte en todo momento, y eso teniendo en cuenta que el mundo le resultaba especialmente hostil. Pasó grandes penurias económicas durante toda su vida. Vivió de una pequeña herencia que pellizco durante toda su vida. Nunca llegó a la miseria, pero para subsistir miraba los precios de todos los artículos, hasta de los más básicos. Era pobre y a la vez desinteresado. Nunca tuvo gastos importantes, ni para comprarse un vehículo ni para viajar a Europa, una de sus grandes ilusiones.

   Se caso con Sonya, una chica que se  declaró profundamente a un Lovecraft tímido e incapaz de mostrar sus sentimientos ante quien amaba. Fueron unos años felices, él lo dice en sus cartas, hasta que en 1924 su esposa pierde el empleo y todo salta por los aires. Lovecraft buscará un trabajo para ayudar a subsistir a la familia. Pero poco tenía que decir Lovecraft de rasgos como el dinamismo, la competitividad, sentido comercial, eficiencia… Nada, no encontró nada, y no es que la época económica fuese muy mala, es que era un inadaptado.Sentía un profundo odio racial, que influiría en el resto de su obra.  Su clase social estaba muy bien definida: la vieja burguesía, protestante y puritana de Nueva Inglaterra. Le parecía evidente, que gente tan educada y refinada tiene que ocupar los puestos altos del orden social. También es reaccionario, y pone las nociones  orden y tradición por encima de libertad y progreso.Simplemente es muy de la vieja escuela.

   Por las demás razas siente desprecio, aunque no las conozca, sencillamente ni si quiera se interesa por ellas.    Aunque su miedo y asco hacia los negros  hacía mella en su mente,  su educación le obligaba a guardar buen tono.A ellos se referirá como bestias, humanoides aberrantes y deformes, carentes de sensibilidad, abominaciones que escupen al género humano con su existencia. Este odio no puede ser bueno para nadie.La situación se agudizo en su etapa por Nueva York, donde convivir con esos animales llego al límite.Lovecraft, que tenía que juntarse con esos burros en las colas de empleo, y ver que sus modales no le daban ninguna garantía adicional para conseguirlo, se sentía fatal. Este horror le agitaría por dentro a lo largo de su obra, provocándole unas fluctuaciones de ánimo penosas. Sentía un profundo sentimiento de fracaso por su existencia. Muere el 15 de marzo de 1937, de cáncer, educado y afable hasta el final.

  En sus escritos aborda lo misterioso, incomprensible y que esta más allá de lo que puede entender nuestra razón, lo "sobrenatural". Una cosmovisión invade la literatura de Lovecraft. Bajo la superficial mirada del hombre, se halla un universo con seres antiquísimos, auténticas divinidades oscuras, que observan nuestro mundo sin que nos percatemos de su existencia. Deformes, terribles, primigenios, bestias sin rostro ni aparente forma que con solo mirarles provocan la locura. Estos seres aparecerán a lo largo de sus relatos, criaturas que poblaron la tierra mucho antes de que el hombre caminase por ella.Saberes prohibidos, libros malditos, cultos primigenios, de tribus olvidadas a unos ancestros que implacablemente destruirán la tierra. Templos perdidos, aún no hollados por el hombre, donde en sus paredes se relata el origen de todo, las verdades del mundo. Criaturas horrendas que provocan pavor a nuestra existencia. No es un horror lejano, el mundo aunque se nos muestre normal, descansa sobre su destrucción. Es un horror que está ahí, no es fantástico, es cuestión de tiempo que nos demos cuenta. La verdadera pretensión de Lovecraft es incitar al lector a pensar que existen unas criaturas colosales, de formas indescriptibles, multiformes y horrendas implicadas directamente en el origen del universo.

 Nosotros no somos nada frente a ellas y vivimos sumidos en una existencia ignorante de lo real. Los personajes de sus relatos se encuentran en este nuevo mundo, que es el más real que han conocido. Un mundo que no esta hecho para ser descubierto a la mirada del hombre, porque no estamos preparados.
Un mundo con unas construcciones titánicas, llenas de jeroglíficos, grabados, esculturas retorcidas y horrendas. Salas y más salas que evocan al infinito, a lo inconmensurable. La arquitectura le fascinaba, era el elemento total. Grandes ciudades góticas, que evocan las noches de los antiguos tiempos. No se que hubiera pasado si llegase a conocer Salamanca. En sus relatos nos encontramos con enormes templos, iglesias y pirámides que no solo encarnan el aspecto arquitectónico, sino también el ritual. El rito es la sombra de esas construcciones y se encuentra íntimamente ligado a la obra.

  Mientras tanto, los Dioses Antiguos duermen en la ciudad submarina de R’Lyeh, esperando su Parusía. El evento, aunque inevitable, vendrá anticipado por el horror, ya que significa la aniquilación de toda vida en la tierra. Los personajes que Lovecraft describe en sus relatos no suelen llevar el peso de la obra. Su función es mostrar al lector lo que ve y siente. Uno se integra en el personaje y camina en la historia junto a él en todo momento. De esta forma el lector se integra en el mundo y es prácticamente él mismo es quien realiza la aventura. Muy raras veces el lector posee información que los personajes desconocen, el narrador no es especialmente generoso.

  El heroísmo está apartado de los relatos. Los personajes no destacan por sus virtudes (yo no desearía tenerlos como amigos frente al peligro) a la hora de tener sus aventuras, el papel del hombre ante los dioses es observar su infinitud y caer en la locura. Pueden parecernos simpáticos, y compartimos con ellos el horror. Son personas pasivas, carentes de dotes especiales. Humanos normales y corrientes que nada tienen que hacer ante la oscuridad perpetua de la locura en la que van a caer. Generalmente son estudiantes, científicos o exploradores. Lovecraft no tiene piedad de ellos, y siempre acaban enloqueciendo. Aun así todos tienen sus rarezas. En un relato uno de los personajes descubre que vive con un vampiro, y se queda con él, no hace nada por alejarse. Sufre vómitos y desmayos cuando su compañero se transforma , pero no huye y acaba enloqueciendo, ni siquiera se molesta en alquilar otra habitación. Eso no es algo muy normal que digamos...

  Ningún personaje de las historias de Cthulhu vuelve a ser la persona que era. Las experiencias que padecen son tan negativas que la mayoría muere, y los que se salvan cargarán con las secuelas toda la vida, sin remedio alguno. En mi opinión ellos no son los que llevan realmente el peso de la obra, es el horror cósmico que sentimos a través de ellos. Lovecraft para ser sinceros no deja muy bien a la humanidad. A todos les esperan aventuras muy desagradables, a la mayoría les conduce a la muerte, y a los demás a la locura. Ese es el trayecto. Las grandes descripciones y atributos son para los seres innombrables con los que se encuentran.
El estilo de la obra lovecraftiana no es de gran calidad, literariamente hablando. Su escritura, abrupta en numerosos adjetivos no resulta especialmente bella. El empleo de muchas palabras, el ritmo del relato, las especificaciones constantes puede resultar un poco arduo. En algunos casos nos encontramos sustantivos con tres adjetivos. Es un estilo totalmente barroco y descaradamente arcaico. Lovecraft es más efectivo cuando evoca el reino de lo inhumano, de lo sobrenatural, de la misma forma que es mejor cuando sugiere que cuando describe. Lo suyo es un constante sugerir más que un mostrar, nunca enseña el verdadero núcleo del horror.

  Realmente Lovecraft crea atmósferas. El lector se integra en el ambiente del que cada vez disponemos de más datos. Sus palabras acaban te acaban en una misteriosa tenebrosidad que incita al personaje a llegar al fondo de la cuestión, que siempre es la locura. El pulso narrativo siempre es el mismo.  La curiosidad ante ciertos hechos empuja a los hombres a conocer los más  temibles secretos que guarda el universo. Es una realidad que en la vida cotidiana no se observa, permanece oculto por un velo a los ojos de insignificantes y gusanos mortales.

  Los personajes nunca buscan vivir esas experiencias tan nefastas, generalmente un hecho hace que se tope con ellos. Por ejemplo, una expedición a la Antártida, todo transcurre con aparente normalidad hasta que descubren una pirámide sumergida bajo el grueso hielo. Empiezan a ocurrir sucesos extraños y ellos investigan lo que sucede. A medida que avanzan en esa empresa van siendo testigos de abominaciones y horrores jamás conocidos. Sus experiencias se vuelven enloquecedoras, empiezan a perder la razón pero algo les llama a seguir, porque ante la aparente realidad algo tiembla, algo late.

  El lector sigue al protagonista en todo momento, y siente con él ese vacuo horror que lleva al personaje a lo más hondo de la cuestión. Poco a poco se muestran mas detalles, que generalmente es más información, acerca de aquello que el protagonista desea saber, pero Lovecraft nunca muestra su horror directamente, siempre deja algo escondido. Cuando el viaje llega a la última etapa, los personajes son totalmente conducidos a la locura por el horror que presencian. Cthulhu se muestra, y el personaje pierde la razón sólo con verlo. Así serán todas las historias en líneas generales. Los paisajes cambian, puede ser la Antártida, un volcán o un pueblecito de Nueva Inglaterra, pero las fases son las mismas.

  Así podemos hacernos una idea clara de cómo es su escritura, su ritmo, su forma de tratar a los personajes.Penetrando más en lo que puede ser el pensamiento del autor, diría que Lovecraft era materialista. Incitaba al lector a creer en divinidades materiales que querían conducir al mundo a su destrucción. Pero ese materialismo no está privado de elementos soñadores. La humanidad frente a lo infinito. Un infinito tan real como una roca. La humanidad  endeble, ignorante ante los sucesos que caerán sobre nosotros, vive con los días contados. Los Antiguos, implacablemente hostiles a la débil raza humana, están más allá de la vida y la muerte. Y los personajes no son capaces de asimilarlo, su insignificante existencia frente a la cara del horror. No hay piedad, porque no existe, no somos nadie. Los sentidos son un modo de percibir el horror, la nausea, la admiración o la repulsión del universo. El terreno del horror material, para desembocar en un terror psíquico, que nos conduce a la locura. Así a través de abominables percepciones y realidades repugnantes provoca el horror en el lector. La transformación de percepciones ordinarias de la vida en fuente inagotable de pesadillas, de degeneración babosa. El terror lo oímos, para luego ser visto.

  Aún así, aunque su obra no fuera brillante literariamente hablando, el terror y los horrores cósmicos de Lovecraft tienen su propio atractivo. De entre todos los escritores de terror, fue el único que se valió de esto: el Infinito Universo. Una idea que explotó constantemente, como se puede apreciar en el trabajo.
Lovecraft suele considerarse un autor de novelas y cuentos de horror. Esto, por el simple hecho de que sus narraciones, efectivamente, dan miedo. Además, incluye una serie de datos y referencias que inducen al lector a creer en la existencia real de seres tales como los Primordiales y los Profundos, y que realmente existió un árabe loco llamado Abdul Alhazred que escribió un libro llamado Necromicón. Esa mitología creada por el, desde su fantasía se llega a mostrar con una cercanía sorprendente. Además el género de terror no es sencillamente el más fácil de explotar, por lo que su aportación me resulta cuanto menos valiosa.

   Creo que los límites y puntos fuertes de nuestro amigo Lovecraft son conocidos por todos. Su forma de escribir no es precisamente elegante, pero la imaginación que despliega es digna de tenerse en consideración. Conociendo un poco su vida y personalidad, no nos extrañamos del producto de su obra. Su profundo racismo a las demás razas, a las que se dirige como monstruos deformes, y su peculiar forma de concebir la existencia como una desgracia. Lovecraft huía del realismo de la vida, para pasar al mundo de lo prohibido y de lo olvidado.Quizás fuese una necesidad propia escribir estos relatos, como forma de evadirse de la vida, a la que poco aprecio le tenía. Le resultaba pesada como una losa y se esparcía en universos de orden cósmico, dioses y demonios que acechan, arquitecturas sublimes y milenarias, horrores innombrables que enlazan una serie de elementos fantásticos.

  Nunca tuvo éxito en vida, sus relatos cogieron fama tras su muerte. El tiempo le dio a Lovecraft lo que él no hubiese esperado nunca. A la gente le atrae sin duda ese horror, ese estudio de la psique humana, hasta las raíces más profundas, donde la mente es frágil y tan solo un hilo separa la cordura de la locura. La profundidad de los horrores creados, el miedo a la sin razón por vislumbrar los secretos del planeta.

  Sin duda Lovecraft sabía hacer eso. Entrar en nuestra cabeza, llenarla de datos, de culturas arcaicas y oscuras, con descripciones de seres abominables que rigen el mundo. Es el pulso, y su manera de mostrar los horrores, de llenar los espacios vacíos de la mente, con atmósferas envolventes de pánico, de situaciones que el hombre no está preparado para soportar. Llama la atención el papel que reserva a sus personajes, a los que siempre les reserva penuria y elementos desagradables. Me gustan los relatos de Lovecraft, creo que no es nada fácil transmitir miedo al lector, pero su fórmula de elementos me parece fascinante. Es de los pocos escritores, junto con Bram Stoker, que me llega a las fibras sensibles del miedo escrito, mucho más a mi juicio que Edgar Alan Poe.

  Sus paisajes, grandes estepas desoladas, habitaciones o pueblo de la campiña de Nueva Inglaterra, volcanes que de su cráter emergen esculturas de los antiguos, ciudades de las profundidades del lecho marino. Seres y criaturas del comienzo de los tiempos, cuya existencia ignoramos, y en la que la raza humana se muestra como un gusanillo que va a ser aplastado en cualquier momento. La existencia que transcurre con aparente normalidad, hasta que se muestra su lado mas real y oscuro.

All for the best.

jueves, 6 de mayo de 2010

Sin título.


 Si para madurar hay que renunciar, ese renunciar no puede venir dado por algo de lo que no nos cuesta desprendernos. Devenir frente a seguridad, cuanto más tardemos en ponernos del lado del devenir más infelices seremos, al no aceptar el modo en que se desenvuelve todo. Pese a que siempre tenemos diferentes grados de elección, no siempre podemos calcular al milímetro. Somos nosotros los que bailamos la danza de la vida, y no la vida nuestra danza, seguimos su compás, su melodía, su ritmo, definitiva, su sentir más profundo. En el constante devenir cabe el deseo de que todo quede intacto, para que en un futuro no muy lejano todo se vuelva retornable y superable.
El que danza encuentra en la despedida y la inseguridad un elemento gratificante. Los dioses griegos apenas llevaban ropas, iban ligeros de toda carga, sabiendo que la vida da y quita. Es muy observable que nuestras sociedades actuales identifican felicidad con seguridad. Resulta bastante patético ya que la seguridad no se puede garantizar ante los poderes de la circunstancia que dibuja la vida, dicho de otro modo, casar a la felicidad con la seguridad es un absurdo, un falso enunciado que posiblemente te lleve a la infelicidad. En otras épocas en cambio no era así, se veía el cambio con deseo de que aconteciese, algo que irrumpiera y trajese consigo la novedad, la noticia, el cambio, el frescor, aunque no fuese lo que uno podía esperar su actitud era abierta. 
Pero qué difícil es asumirlo, qué fácil es escribirlo, vivirlo en carnes es otra historia, otro relato. Nietzsche decía "¿Qué es ser bueno? ser bueno, es ser valiente".  Intentaremos serlo entonces.

martes, 4 de mayo de 2010

Vida y soledad.


Nacemos solos, vivimos solos y morimos solos. La compañía que nos ofrecen los demás es ilusoria, bella apariencia desde luego, pero ilusión de todos modos. El camino, la vida, el recorrido que ella conlleva es cosa de cada uno. Creo que hay que ser optimistas, pero eso no significa que la vida lo sea. A la vida poco le importan nuestros juicios de valor, nuestros gustos o preferencias, es un paseo, un escenario teatral, que pese a la multitud de elementos que la representan uno la vive en sobrecogedora soledad. Es mejor no hacer sumas, porque las cuentas no salen siempre que uno quiere. Aquí es donde el 2+2=5 orweliano cobra el sentido del sinsentido. Y eso siempre se hará bajo el terrible sentimiento de soledad, apaciguable, pero no extinguible.

lunes, 26 de abril de 2010

La fatiga del monstruo Occidente.

A lo largo del siglo XVIII se gestó la idea de que la razón conduciría a los hombres a un estado de paz, de comprensión, hermanamiento, avance y progreso. La luz de la razón sería el faro iluminador que sacaría al hombre de sus miserias, de sus disputas, de su pobreza y de toda carencia notable, promulgada por los intereses egoístas que mueven la condición humana. Bajo este bonito rótulo de racionalidad, se primó el conocimiento científico técnico, con la esperanzadora promesa de que el día de mañana todo sería más fácil y más bello. Tres siglos más tarde, lo único que ha quedado patente es, que somos capaces de destruir con mayor potencia y precisión que en ninguna época histórica pasada. Que somos capaces de investigar líneas tecnológicas para satisfacer el ocio de las poblaciones occidentales, pese a que más de la mitad de los habitantes del planeta Tierra, luchan con todas sus fuerzas para llegar a fin del día. También hemos desarrollado unos sofisticados mecanismos para aniquilar los recursos planetarios, en un constante derroche que marca nuestro ritmo de vida, a costa de hurtar e impedir que otros tengan la mínima posibilidad de satisfacer las necesidades mínimas para una vida digna. Es evidente que Occidente está en crisis (entiendo por occidente los mal nombrados "países desarrollados"), Occidente está fatigado, Occidente está hundido.

El modelo racional sobre el que ha intentado elevar sus bases es un auténtico fracaso. Cabría una voz crítica que me enumerara cientos de avances significativos. Posiblemente estaría de su lado, pero le preguntaría quién tiene acceso a dichos progresos, si su necesidad es de primer orden, y el coste que ha supuesto llegar a ese punto. Esta claro que no hemos sido capaces de cumplir prácticamente ninguna de las promesas sobre las que nuestra cultura ha crecido. A esto cabe añadir que nos estamos hundiendo en un espeso fango, donde late una profunda crisis espiritual y humana que algunos autores denominan nihilismo. Yo me pregunto, ¿qué ha sucedido para llegar a estar en este estado?. Pues bien, creo que es imposible hacer un análisis certero capaz de responder a esa pregunta en una entrada de blog, y que mi cabeza tampoco está capacitada para ello, demasiado enredo, demasiados intereses y estrategias, demasiados cambios y factores en la compleja sociedad en la que vivimos.

 Yo no tengo la receta, quizás ni siquiera sé lo que quiero, pero algo tengo claro, y es que sé lo que no quiero.Como primer apunte dejaré unas pinceladas sobre un asunto que los gobernantes tratan actualmente en nuestro país, la educación. A los políticos no les interesa que gocemos de buena formación, con ella nos rebelaríamos contra su mediocridad y su desfachatez, les exigiríamos en buen grado aquella tarea que nunca realizan, y en ese sentido ellos temerían al pueblo y les incomodaría nuestras exigencias. A ellos les molesta que leas, que tengas criterio propio, que reflexiones los asuntos, que te preocupes por lo que te rodea, en definitiva, que ejerzas tu condición de ciudadano. Creo que este paso es indispensable para provocar un despertar en la conciencia, que deje al desnudo el cinismo y la hipocresía con la que nos alienan. Pese a conseguir una buena educación, todavía quedaría mucho por recorrer, sólo sería un primer paso, aunque bastante importante, así que un primer consejo es decirte, fórmate, lee, se valiente.

Tengo una visión bastante pesimista del momento presente, que yo calificaría de realista, pero no soy un llorón. Pienso que el hombre cuando concentra sus esfuerzos en un asunto suele salir bastante airoso, la cuestión es ponerse manos a la obra en las líneas de trabajo adecuadas. Eso no sucederá hasta que no salgamos de la caverna, hasta que no se suscite un cambio reflexivo, que  desvele que nuestro modo de ser "occidental", y su aceptación de la vida a grandes rasgos es una auténtica estafa, un engaño, una impiedad y una forma de esclavitud refinada.

Cuando la salud se convierte en negocio.

Decía A. Huxley que la medicina ha avanzado tanto que ya nadie esta sano. Y no le falta razón, ya que los cuadros clínicos del presente son tremendamente amplios. Cada día aparecen nuevas enfermadades, nuevas carencias en nuestro cuerpo, nuevos métodos, nuevos descubrimientos... ¿Pero hasta qué punto son ciertos? La mayoría de las ocasiones, ayudados por los medios de comunicación que cobran fuertes primas por alarmar a la opinión pública, son totalmente falsos. La gripe A obligó a gobiernos a gastarse millones y millones para lo que algunos científicos denominaron la primera pandemia del siglo XXI. Curiosamente la definición de "pandemia" fue modificada por un grupo de expertos que trabajaba para la empresa farmaceutica que desarrollaba el fármaco. Surgió en Méjico, con unos cuantos miles de afectados, acontecimiento grave, pero no tan grave como otro tipo de enfermedades o de gripes predecesoras que campaban por el planeta. Y es que cuando se trata de la salud es muy fácil incomodar a la población. El miedo se vuelve elemento paralizante, abarcador de nuestros actos, manipulación en estado puro. Lo mismo sucedió con el tema del Antrax, se eleva la alerta por ataque químico, un país como Estados Unidos pide 300 millones de vacunas al laboratorio amigo del presidente y ahí se queda. Por supuesto, todo ello lo pagamos nosotros, en este caso los ciudadanos de dicho país, en nuestro caso, España pidió 10 millones de vacunas contra la gripe A y sólo hemos utilizado 10.000.

En 1998 apareció el "Sindrome Sisí", afectaba a las personas que afrontaban la vida con optimismo y energía, tuvieron que pasar seis meses para desvelar que se trataba de otra estafa,  pero aterroriza pensar los nuevos cuadros clínicos, en los que cualquier cosa es ya enfermedad. Relata el alcance del poder de unos medios que tratan de inquietar a la población para obtener beneficios millonarios, anestesiarnos con un determinado modo de vida, e introducirse en la esfera personal para colocar un potente cartucho de dinamita. Hay decenas de enfermedades que cuestan la vida de las personas y no interesa investigar, o las patentes de la industria son demasiado caras como para que alcancen a sus necesitados. Así es la medicina del siglo XXI, así son sus intereses y así son sus afectados.  Yo seguiré escuchando mi Rosa de los Vientos esperando ser humano, demasiado humano.

lunes, 19 de abril de 2010

Lenguaje y realidad.

El lenguaje es el vehículo con el que nos comunicamos. A través de la palabra somos capaces de expresarnos, de trasmitir nuestros pensamientos, de tender un puente hacia el otro, de poder encasillar una realidad y verbalizarla para escapar de la esfera del yo. Su funcionamiento está fuera de toda duda, sino no estaría escribiendo esta entrada, es esencial y necesario para definir la condición humana. ¿Pero hasta dónde llega el poder del lenguaje? Si profundizamos en la cuestión veremos que el lenguaje tiene un límite, que en ocasiones nos faltan palabras para relatar lo que a uno le puede acontecer en un momento o situación. Hay muchos elementos que pueden producir "ruido"en la acción comunicativa, pero no voy a detenerme en este asunto.

Hoy quería sacar a la luz el problema de los conceptos. ¿Qué es amar?¿Qué es ser feliz? ¿Qué es el arte? ¿Qué son las cosas? ¿Qué es la ciencia? ¿Qué es la tristeza? ¿Qué es la envidia? ¿Qué es la generosidad? Podemos atribuir una montaña de palabras para explicar todo lo nombrado, y aún así no sabremos de qué estamos hablando, como mucho nombraremos propiedades, sentimientos de lo expresado, pero no daremos en el clavo... Lo que sucede aquí no es un problema del lenguaje en sí, sino que nos creemos las cosas que nombramos. La palabra no es tan capaz de encerrar las vivencias, y el concepto constriñe a la vida dejando siempre algo fuera de sí. El amor no existe más que en la forma en que tú la vives, la felicidad no existe más que en la forma en que tú la vives, y lo mismo sucede con la amistad, la afinidad y una lista que no encontraría fin. A la ciencia le pasa mucho más de lo mismo, la velocidad en sí no existe, tampoco el concepto de gravedad, aceleración, electricidad... Es cierto que somos capaces de enviar cohetes a la luna y de poner satélites en órbita, no quiero renegar de todos los logros que nos ha propiciado dicho conocimiento. Lo que intento poner de relieve es que aceptamos una realidad y asimilamos unos conceptos como medio para nuestro funcionamiento rutinario, pero más allá de eso no hay más que "nomos" o "logos", es decir, palabra. La cuestión se discutió durante casi cinco siglos en la edad media, ¿Son las cosas reales o simples nombres?

Desde mi punto de vista la realidad es vivida, pero la nombramos sin que guarde una esencia de lo que en realidad creemos que es. No hay un orden que respalde todo aquello que nombramos, son simples concatenaciones de unos conceptos con los que hemos crecido y plantado la raíz en el mundo. No intento defender una postura solipsista, en la que el individuo queda relegado a su esfera, si que abogo por un perspectivismo, una ranura por el que vemos las cosas desde la condición humana (personal), sin olvidar nunca que esa es una condición que no permite ir más allá. Cuando me pregunto si amo a mi novia no tardaré en responder claramente con un si, pero ese concepto de amar tiene raíz en la vida, en mi vida y mi trato con ella a través de la misma. Será diferente al amor que sintieron mis padres o al que puede sentir un amigo con su pareja. Podré identificar a qué se refiere, pero el concepto, la definición, el simple "amar" del que me habla es en sí un total desconocido para mi. Esta postura  ataca directamente a una infinidad de temas, no es fácil percatarse de su alcance hasta que uno es capaz de masticarlo. Sin duda alguna este es un esbozo de una idea que vengo semanas dándole vueltas, la cuestión del "lenguaje y realidad". Creo que esta entrada la volveré a escribir una, dos, tres veces o las que haga falta, pero he intentado dejar un rastro de lo que ahora mismo acontece en mi cabeza, y que de una forma u otra, a logrado inquietarme con fuerza desde hace una temporada, pese a que cada día mute, se reformule y brote un motivo que calme mis dudas, ese es el camino que ahora me inquieta, saber que clase de puente se dibuja entre el lenguaje y la realidad.

viernes, 12 de marzo de 2010

Padecer el perecer.


Todos debemos perecer, es nuestra condición. Pero qué difícil resulta acatar la mayor de las verdades de este mundo, tanto a nivel personal como de los seres queridos. Morir es condición del viviente, nos llega y se acabó. Poco hay que discutir sobre el hecho en sí. Ante la muerte de un ser querido nuestra distancia con el mundo se acorta, nuestra visión penetra y torna la realidad del mundo con otros ojos. Nuestras preocupaciones banales se esfuman, desaparecen a golpe de pura realidad, del contacto esencial con el fondo existencial. El escenario se torna solitario, impotente, y el examen de conciencia viene impuesto por la crudeza de la circunstancia, que se transfiere al que sigue vivo, como espectador de lo acontecido. Ante ese escenario, sólo queda el propio yo, que aturdido por el tremendo golpe sale de sí, y sólo escucha un eco terrorífico, la tragedia de la vida misma, el sometimiento a la realidad. Nuestros apegos se transforman, y aparecen fantasmas que nos gritan y nos recuerdan de qué estamos hechos. Nos cantan sobre la fragilidad de la vida, sobre lo efímero del acontecer , la flaqueza de nuestra condición. La imposibilidad de que nuestros deseos y afectos queden intactos, la única salida está escrita, está firmada, una fecha, un momento, un hilo del que pende la marioneta sobre el escenario, nuestra representación, nuestra vida.

La superación llega para algunos, eso dependerá de cada uno, de su persona, de la circunstancia... Pero la herida volverá a doler, el recuerdo se encargará de ello, la memoria como seña de identidad hará su papel a la perfección. Es el plato fuerte, somos presa en la manos de un destino que no admite sugerencias, ni excusas, como un juez inquisidor somete a su voluntad, dicta sentencia. Y ante eso sólo cabe aceptar, nada cambiará, nuestras súplicas y clamores caerán en papel mojado por muy intensos que sean. ¿Quién te devuelve a un hijo? ¿Quién te devuelve a una madre? ¿Quién te devuelve a un amigo? Nadie. Sólo cabe sacar pecho, aprender de una vida que nunca se dijo justa, lo que no te mata, que te haga más fuerte.

sábado, 6 de marzo de 2010

Encasillamiento ibérico.


Vivimos en una sociedad es la que cada vez la gente se encasilla en una opinión y el debate se torna agresivo. Hay miles de temas sobre los que hablar, sobre los que comentar, en una actualidad inundada de información las posibilidades de manifestar una u otra opinión se ha puesto al orden del día. Pero se huele un tufo desde hace años donde el posicionamiento cae en encasillamiento. Nos encasillamos en esferas y el que no se sitúe a nuestro lado es un mal vecino. Es cierto que el hombre siempre ha tenido la necesidad de situarse dentro de un grupo social, de una tendencia, de una ideología. Sentirse arropado por el calor de los que piensan como él, de lograr una integración social aceptada, respaldada, guarnecida. Pero desde hace algún tiempo esa acción se ha vuelto totalmente polarizada. El choque que esto provoca es de fuertes proporciones, y provoca un efecto en lo que todo es blanco o negro, no hay más colores. Si te gustan los toros eres un sádico y un tradicionalista, hay de quien ponga en duda el cambio climático (o de si todo lo que nos dicen sobre el mismo es cierto), si eres cristiano eres un dogmático, si soy de izquierdas soy un marxista y de derechas un fascista, si defiendes el aborto Rouco Varela te ha comido el tarro. Si te sientes identificado con tu nacionalidad eres un franquista, si quieres que Turquía entre en la UE eres un inconsciente que no ves que las bombas van a estallarte en la cara porque el islam es en sí mismo una religión para monos... Ideología, cultura, feminismo, problemas geofísicos, políticos, económicos, religiosos... Hay para dar y tomar.

Hay cientos de temas que podría seguir citando, que delimitan y caracterizan el espacio cultural en el que vivimos llenándolos de prejuicios y encasillamientos, donde la confrontación de los mismos se ha vuelto una carnicería y donde finalmente todo acaba siendo blanco o negro. ¿Acaso no existe una amplia gama de colores entre uno y otro? Claro que existe, y lo que me pregunto es por qué no se da.
La respuesta que se me ha venido a la cabeza es clara. Falta formación. El diálogo no se puede dar gratuitamente, la acción comunicativa exige reflexión, conocimiento, análisis, intencionalidad. Un dialogo en desigualdad no es dialogo. Puede ser sofismo, avasallamiento, linchamiento, oídos sordos, sesgamiento... Si la acción comunicativa ya es difícil de por sí, si carece de un espacio abierto para que esta florezca con un mínimo intento de dar frutos, no quiero ni pensar cuando las condiciones del mismo son totalmente defectuosas y constreñidas. Hay demasiados intereses, estrategias, influencias y coacciones para suscitar la transparencia deseable, pero por encima de esto, falta formación, y hay miedo, mucho miedo...
Acostumbrados a que nos digan todo, a creernos todo, a que nos cojan de la mano y nos digan lo que tenemos que hacer. A no leer ni media página semanal de un buen libro, a tomar la televisión como punto de referencia, a las modas y los referentes del famoseo. El español medio es así, se pliega al pensamiento dado, falta reflexión y compromiso, es más fácil así, podemos luego echar las culpas a otro. Mientras, las etiquetas y el enfrentamiento se volverán más sangrientos, más herméticos, en compartimentos estancos con oídos totalmente sordos. Creo firmemente que el problema es la formación, el pensar que la reflexión sobre lo que acontece y suscita nuestro entorno no es tarea nuestra, y se olvida que es una sana costumbre que todos deberíamos tener. Mientras seguiremos tensando la cuerda, esta cederá y desembocará en desastre. La culpa, como siempre, será de otros, porque yo no hice nada.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El vuelo del águila.


Acabo de leer un texto sublime. Un texto que espoleó mi conciencia y la electrocutó con la fuerza del rayo. Algo que remueve todo mi cuerpo, de la cabeza a los pies. Nada más terminarlo lo he tenido que leer una segunda vez, y una tercera... ¿Cómo volver al tranquilo tono de la biblioteca en la que me encontraba tras un agitamiento semejante? Sencillamente no he podido, cuando uno se ve tocado y atravesado, sintiendo el frío acero atravesar lo más profundo del ser, no puede más que ponerse a escribir, plasmar la vivencia nacida de las palabras en palabras. El poder que puede llegar a encerrar un texto es comparable, para el animo, cómo el de una bomba atómica, donde por un breve instante se desata una energía incomparable para cambiar el paisaje interno de la persona. Ese momento de sobreabundancia y embriaguez se plasma en el cerebro y queda cristalizado y esparcido por los nervios del cuerpo.

Tal es el poder de la literatura y de aquellos que saben apreciarla. Imperecedera para el alma y vigorizante del cuerpo, uno sale más hecho, más encarnado en su presente. ¿Cómo abandonar tal fuente de sutileza, instinto, experiencia, clarividencia, vislumbramiento? ¿Cómo detener ese ímpetu de sangre que corre por las líneas que uno lee? ¿Cómo no poder apreciarlo o ignorarlo? ¡Qué arte tan excelso! tan vivo pese al transcurrir de los años.. No necesita actualizaciones, no necesita nuevos modelos, no se queda atrás, las grandes obras son intempestivas... Cuando alguna mano pincela con talento unas líneas bien hilvanadas, nos lega un templo, donde la vivencia sale a flote, y se vuelve visible para el ojo deseoso de admirarla. Cuando uno se encuentra en tal circunstancia, sabe profundamente, que no podrá dejar de leer hasta que sus ojos no lo permitan. En ese caso espero poder implantarme un ojo biónico para no cesar en dicho viaje.

domingo, 7 de febrero de 2010

Ladrones de cuerpos y de mentes.




Me da la sensación de que en numerosos casos uno tiene que tragar con una mierda que vienen empaquetada e impuesta por el común de los mortales, y lo achaca a la normalidad del funcionamiento de la vida. Mi pregunta gira entorno a los aspectos que hay que someterse y a cuales no, y me da la sensación que los más estrictamente necesarios son mucho menores que los que nos cuela el espectro cultural. Porque si seguimos ese espectro me volveré un gilipoyas de primera categoría, seré un infeliz y encima estaré orgulloso de aceptar lo que me han dado de primeras. Y esa es la idea que me vino a la mente el día de hoy. No se trata de ser un rebelde, sino de tener la sanísima inquietud de cuestionarse lo que uno hace con su vida. El miedo, como de costumbre, acecha con la inseguridad y el sortilegio de hacer creerse a uno mismo que está loco. En este caso, prefiero ser un loco "cuerdo" que un protozoo "normalizado". La pregunta es, si uno tiene que adaptarse a las múltiples esferas vitales que culturalmente vienen dadas y "aceptadas". Pensemos en la esfera afectiva, amorosa, familiar, laboral, modo de vida, participación social, filtro de los medios de masa, el concepto de opinión pública...

martes, 19 de enero de 2010

Follow me around.

Nietzsche y Schopenhauer.


Esta entrada está dedicada a mi hermana Inés, en su interés por comprender un poco más de cerca la literatura del siglo XIX y dos de sus grandes figuras, Schopenhauer y Nietzsche.
Nietzsche nos legó a temprana edad una de las obras más importantes de la literatura universal, "El nacimiento de la tragedia". Ella se la debe a dos personas que marcaron de forma definitiva su primera etapa de pensamiento, Wagner y Schopenhauer. En 1818 Schopenhauer publica "El mundo como voluntad y representación", y como su título predica afirma categóricamente que el mundo es representación y voluntad. Representación porque la realidad se muestra bajo un velo, no vemos el mundo tal y como es, sino de forma representada, una imagen distorsionada y distante, al modo de los prisioneros de la caverna platónica, que creían ver el mundo real cuando en realidad veían sombras y figuras distorsionadas que poco tenían que ver con la realidad misma. Por otro lado el mundo es principalmente voluntad. La voluntad es para Schopenhauer la fuerza que actua bajo el velo de la representación, el corazón de lo real, lo que mueve y desemboca en el devenir del universo, la génesis del cosmos que le insufla su modo de ser propio, el movimiento, las colisiones, la vida y la muerte, el crecimiento y el decaer de las cosas, la potencia que actúa de forma imparable y constante bajo el velo de la representación, la realidad misma que se ofusca ante nuestros ojos.

Para Schopenhauer la vida no es un tema agradable, así que nos dirá que la voluntad es dolor. Es dolor porque somos estirpe de la brevedad de la vida, es dolor porque el horizonte de la muerte juega con su presa antes de devorarla, es dolor porque estamos arrojados en una existencia que nos supera y no podemos comprender, es dolor porque hay dolor, y ese sentimiento tan profundo y desolador es algo que el romanticismo puso en relieve. Aquí la razón se queda muda ante el sentimiento que emerge frente los avatares de la vida. El proyecto ilustrado de la fe en la razón no es capaz de responder a las inclemencias que despierta la existencia. Esa es la base sobre la que Nietzsche levantará su obra "el nacimiento de la tragedia". Se valdrá de la voluntad Schopenhauariana y en su lugar colocará la figura de Dioniso, como metáfora de la existencia en su fondo radical.

Según Schopenhauer nosotros sólo podemos acceder a la voluntad a través del arte, el deleite artístico nos pone en contacto con la voluntad, aunque sea durante un breve periodo de tiempo. El arte desvela de forma efímera el latir propio del mundo. Nietzsche supera ese terror con la figura de Apolo, que arrebata sus armas a Dioniso (la voluntad) y permite superar el elemento pesimista poniendo un velo que embellezca la existencia. Apolo representa la belleza, el sueño, la distancia, la forma, el orden la rectictud... Mientras que Dioniso representa la embriaguez, el éxtasis, lo irracional, el cambio, las fuerzas transgresoras, el nacer y el perecer de las cosas, la danza y la música... Así que de la mano de Apolo el hombre es capaz de crear una bella ilusión que nos haga soportable la vida. Apolo nos brinda la oportunida de desplegar una bella apariencia que transforme el horrible eco dionisiáco en una experiencia agradable y ligera. La vía para lograrlo será beber de la vida con todos sus elementos (voluntad, Dioniso, lo Uno Primordial) y encontrar métodos y estructuras para transformarlas, bajo la apariencia e ilusión apolínea, haciendo nuestro viaje más llevadero y enriquecedor.

La vida se toma como fuente inagotable de de posibilidad para embellecer nuestro día a día, nos volvemos herramientas de la voluntad y le damos apariencia alegre y afirmativa. Ese es el camino para poder abrazar con infinito interés nuestra existencia, el modo en el que los griegos supieron ver la forma de sobreponerse a las terrible fuerzas del cosmos, enriqueciéndose, alegrándose y embelleciendo el mundo con el pincel de Apolo, que transfigura la terrible sabiduría de Dioniso y su acompañante Sileno (Sileno acompaña siempre a Dioniso y representa el pesimismo más radical, así que mejor no pararse a escuchar su voz).
Es así, a traves de la vía estética y artística de la vida, como Nietzsche supera a una figura tan influyente como Schopenhauer, en el camino que abre "el nacimiento de la tragedia".

lunes, 18 de enero de 2010

Trabajo e infelicidad.


El trabajo ha acompañado al hombre desde que tiene memoria. Es condición indispensable de todo ser. Ningún ser vivo sobrevive sin interactuar de una forma específica con el medio que garantice su supervivencia. Los animales buscan agua y buenos pastos, o zonas de próspera caza, o lugares donde poder cobijarse del frío o las inclemencias del clima. Rutas migratorias, adaptación al entorno... En el caso del hombre podemos pensar que en un pasado así fue, pero cuando nuestra óptica se torna en las sociedades contemporáneas el entramado es mucho más complejo.

Uno nace en el seno de la cultura occidental, y desde pequeño desarrolla mecanismos de aprendizaje, unos tienen que ver con el aspecto natural (ritmos alimenticios, aprender a llevar una buena higiene...) y otros son de corte cultural. Desde temprana edad nos llevan a la guardería, después al colegio donde aprendemos lo básico, más tarde aparece el instituto que nos abre las puertas a estudios más complejos, le sigue la universidad donde nos especializamos en materias con la finalidad de ganarnos la vida y poder aportar conocimientos a nuestra sociedad. Desde la infancia se proyectan unos valores y pautas sociales de un desarrollo que todos deberíamos seguir, una oportunidad para entrar en el mundo adulto con la cabeza bien alta. Tras veintitantos años de preparación e inculcación de conocimiento uno sale al gran circo de la vida, lleno de herramientas de supervivencia para el sistema del que hemos amamantado. Pero ocurre algo muy curioso que desemboca en una total frustración, una profunda sensación de que nos han engañado, de que las cosas no funcionan tal y como nos habían enseñado. Es el nihilismo que Zaratustra profetizó, el distanciamiento de los valores y la pérdida de referencia en un mundo que creíamos conquistado, donde el avance y la productividad es lo que importa a cualquier precio, aunque ese precio sea nosotros mismos.

Nos encontramos con una competitividad exacerbada, irritante, donde los trabajos no están acorde a nuestra cualificación ni espectativas, donde las ideas implantadas en la universidad sobre lo que debería ser nuestra función social se desmoronan, donde los jefes y ejecutivos nos tratan como oficinistas e infravaloran nuestras capacidades. Donde el funcionamiento de las esferas laborales contradicen toda la serie de valores que nos han impreso, donde la persona se hunde, se deprime ante la velocidad en que se desarrolla los acontecimientos, donde la dimensión profesional se vuelve una carga, y el miedo y la parálisis a quedar fuera del juego se apodera de la esfera personal. Donde el autoengaño y la robotización de la vida desemboca en tristeza e impotencia. Donde el éxito profesional no está de ningún modo vinculado a la felicidad, donde el estrés y el cansancio salen a flote y uno se pregunta si ese es el verdadero precio que hay que soportar para alcanzar la felicidad. Largas jornadas laborales de un trabajo poco reconocido y que poco tiene que ver con ser útil a los demás, pérdida de confianza en unos jefes que contradicen los valores iniciales que proyecta una empresa. Un entorno donde los propósitos e ideas se desmoronan en una gran rueda que nos ha llevado a unos indices de depresión, de frustración personal y falta de esperanza en los que nunca esperamos vernos sumergidos. Millones de "Masters" que prometen lanzarte a la arena para cumplir unos objetivos solidarios y necesarios para luego hundirte en el fango de una situación que no se sostiene.

En un ambiente así, la búsqueda de la felicidad tiene que verse despojada del miedo, de no concedernos el lujo de vivir como otros desean que vivamos, de no ceder ante lo dado, lo impuesto, de reflexionar sobre lo que uno quiere, apartando la mirada de la razón técnica y científica que rigen los parámetros culturales del momento, olvidando otras esferas del ser humano que necesitan enriquecerse con la misma fuerza. El hombre no busca sólo sobrevivir, el hombre busca la felicidad, empresa ardua en cualquier época y momento y tiene que ir acompañada de un trabajo, de un hacer, que recupere la pasión adormecida. Trabajar para cubrir las necesidades reales, desenmascarando las que no lo son. No hay nada irreversible, nunca es tarde para preguntarse y atreverse a cambiar, nadie dijo que sea fácil, pero uno nunca será feliz si no ama lo que hace.

jueves, 14 de enero de 2010

La risa del comediante.


La vida no deja de ser una broma, y como tal no hay nada mejor que la risa. Es un elemento esencial para hacerla más llevadera, más ligera, lugar donde refugiarse ante la incomprensión, ante donde no podemos llegar, pese a nuestro deseo de alcanzar. Ante los espíritus pesados, ante la conformidad sólida e inamovible de las visiones cerradas y seguras, lo mejor es reír. Fuera de seguridades, fuera del reposo que ofrecen algunas esferas que pretenden alcanzar lo inalcanzable ¿qué mejor que la risa?. La risa hace llevadero el absurdo. La risa es ligera y se eleva sobre el sinsentido, la duda, las cuestiones sin respuesta. Acompaña a los espíritus libres, a aquellos cuya pretensión no va más allá de su propia vida, que la abrazan, junto a su pecho. La risa que permite cantar alrededor del fuego, que quema y hace arder los corazones de la gente, que incita a la danza y al juego frente a la hoguera. No hay secretos para la risa, no hay obstáculos, pues se regodea de ellos, se libera de las pesadas cadenas de la finalidad y sus descuidos.

"La risa hace la vida posible y, con ella, una existencia auténtica" Philonenko...

O como dice mi amigo y mentor Luis Enrique de Santiago Guervós:
" La risa es una especie de armadura que protege contra los insultos, las incomprensiones, los desprecios, cuya fuerza crítica es la promesa del devenir, la esperanza de una apertura siempre posible, el signo de transgresiones próximas, de insolencia clara y alegría del futuro... También expresa el proceso de destrucción. La risa arruina el sentido, nos pierde en la medida en que destierra a los maestros de la finalidad, privándonos de razones, metas y explicaciones... Esta asociación de la risa con el espíritu libre descubre su modo de ser propio en el mundo... Es un modo particular de ser de la conciencia afirmativa de sí en un mundo que ella descubre como violento, absurdo o indiferente a su destino. Frente a la tristeza del absurdo y del sinsentido de la risa reafirma nuestro pacto con la vida y la cultura de la vida... Es ella una reacción sana frente al sufrimiento..."

Así pues, reír hermanos míos...

martes, 15 de diciembre de 2009

Nietzsche en 90 días.


Si algo he aprendido de Nietzsche, buscar la autenticidad de cada uno, no someterse a fuerzas ajenas, ni violentarse la conciencia por parámetros culturales. Cada uno tiene que hacer y elegir libremente, sin que ningún signo de la época lo conduzca a una aminoración de fuerza. De ahí su crítica total que manifiesta una destrucción sobre la que luego uno edifique sus propios valores, más allá del bien y del mal, más allá de cualquier aspecto dado, sin antes haberlo examinado en profundidad por uno mismo. Un actuar sobre la existencia, dura y jodida, sobre la que no queda otra opción que asumir sus partituras, sus renglones y su sinsentido. La vida para danzar sobre la misma es una vía estética, es un intento, un intento por embellecerla desde cada uno, tomando las fuerzas de nuestro cuerpo para encontrar ese punto de embriaguez que caracteriza al artista, que permite encontrar las formas de creación necesarias sobre las que vivir con nobleza y autenticidad. Abrir los ojos para darse cuenta de que no existe "la verdad", ni "las esencias", ni "los conceptos sólidos" sobre los que Occidente ha levantado gran parte de su identidad. No hay una mirada fija y objetiva, no hay talibanismo sobre la realidad.

Lo que podemos aspirar a tener son perspectivas, personales y examinadas con cuidado, a las que después otorgar un valor. Hay muchos Nietzsche decía Rorty, mi Nietzsche, tu Nietzsche, su Nietzsche... Esta riqueza de perspectivas no es gratuita, tiene que ser previamente interrogada, despojada de los pesos culturales. De esta forma nuestra mirada se torna en una estética de la existencia, en la que nuestro cuerpo y la conciencia, limpias de toda contaminación previa, se alzan, interpretando los acontecimientos de la vida, con una ligereza asumida desde la libertad de cada uno, sobre un fondo existencial terrible. Duda, busca, pregúntate para tomar perspectiva, sabiendo que la perspectiva nunca será objetiva, ya que si no, no sería perspectiva, sino dogma, verdad absoluta... El artista cuando crea se queda con un aspecto concreto de su realidad, es una imagen filtrada por su persona y reflejada como extensión de las pulsiones más características en las que se envuelve. Un artista no muestra jamás la verdad, en todo caso "su verdad". Así, nosotros aspiramos a dar forma a nuestra vida, verter nuestra perspectiva sobre la existencia, hacernos unos artistas de la vida, la vida remite al arte y el arte remite a la vida, en un juego que nunca acaba ni termina de hacerse...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El pensamiento trágico en Dostoievski:el funcionario y el hombre del subsuelo en la época contemporánea.


La entrada en el sigo XX-XXI se fundamenta en una nueva visión y transformación del espacio y el tiempo que imponen nuevas condiciones de trabajo que acaparan el conjunto de la existencia humana. Aunque haya una ruptura con capítulos anteriores de la historia en esta modernidad conviven dos concepciones opuestas: la fe en el avance técnico y la advertencia frente a los nuevos modos de producción. Hay una decadencia del entorno social donde el individuo se disuelve y desaparece diluyéndose la frontera sujeto-objeto. Dioniso y su actividad creadora queda totalmente falsificada bajo una máscara vacía basada en el modelo técnico y funcional. Dioniso atado y anquilosado recrea una aparienca, no hay orden ni vitalidad, sino sólo un espejismo. El sueño de la obra de arte (nuestra felicidad en cada caso) aplicado a la vida de cada uno, queda relegado al sueño de la organización total, basado en el mercado y en la máscara-uniforme. Nos da una visión del carácter mecanizado y arraigado a unos elementos tecnológicos que ha asesinado nuestra capacidad creadora. El elemento creativo para construir un modelo de felicidad razonable es apartado con fuerza y hace que los hombres pierdan su propia referencia de la realidad, en una época de grandes velocidades y mutaciones constantes, donde la el sujeto-objeto queda diluido y relegado a un plano trágico de saber donde encontrar la voluntad creadora sepultada por el modelo impuesto.

Dostoievski supo ver con adelanto las penurias que se avecinaban sobre la vida del funcionariado, del trabajo cerrado y poco posibilitante de crecimiento y despliegue, adelantando su visión al espíritu de su tiempo, pero a mi juicio, acertando enormemente si levantase cabeza. La tragedia aparece como elemento en tensión de la existencia humana, el individuo inmerso en una sociedad altamente instrumentalizada y automatizada. Existe en sus textos una profunda crítica al orden racional impuesto con tanta fuerza en las sociedades actuales. Para Dostoievski la razón es algo excepcionalmente válido, pero sólo satisface a la propia razón sin dejar espacio para la vida. De esta forma le horroriza la idea de que esa vida cotidiana y no tan cotidiana, esté atada con tanta fuerza a la racionalidad, al cálculo, a la mera eficiencia, llegando a admitir que le gustaría que alguna vez dos mas dos resultase cinco. Lo que se plantea con fuerza es que el excedente de racionalidad y la imposición mecánica de la existencia, constriñe el elemento de la vida, apartando al hombre a la oscura sombra de un automatismo que extrae los elementos fundamentales de una existencia completa. Así cabe pensar en los parámetros actuales sobre los que versan la vida laboral, los puntos que delimitan el buen hacer, y los valores que defiende una automatización del trabajo, despojada de todo aura de carácter personal y humana, en favor del movimiento de unas macroestructuras que terminan acabando con nosotros día a día.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Nietzsche: estética y vida.


La estética es la forma en que tenemos de tratar con el mundo. A menudo los vocablos amplios se vacían de significado, es el caso de "estética" o "cultura", e infinidad de otros. La vida sólo se vive una vez, o eternamente. Es nuestra mayor empresa, nuestro más preciado tesoro. El tiempo corre, uno elige y esta se abre camino con fuerza, sin preguntas, sin respeto, a veces de nuestro lado, otras veces en nuestra contra. ¿Pero acaso no lo sabemos ya?¿Acaso no estamos acostumbrados ya desde que nacemos a ello? Si, pero acostumbramos a olvidar, acostumbramos a no aceptarla, a no abrazarla.¿Quién querría aceptar los malos momentos, en los que uno se siente agitado y aplastado por la misma?¿Quién querría en su sano juicio rememorar los peores momentos que uno ha padecido? Nadie en su sano juicio. No se trata pues de ser un sadomasoquista, ni abrazar el dolor y el sinsentido. ¿Pero quién ignora que para que algo crezca con fuerza y esplendor no padece en el camino?¿Quién al contemplar un árbol florecido no cae en la cuenta de que padeció el otoño sin hoja, y el árido y frío invierno antes de emerger con tanto ímpetu y vigor? La vida no tiene sentido sin dolor, sin queja, sin camino...

Pero la vida es inabarcable, impredecible, rica y amplia, tan amplia que no se puede verbalizar ni abarcar mediante la lengua escrita, no podemos definirla en su totalidad, ni ponerle límites, siempre dejamos algo fuera, es cambiante, es puro movimiento, puro nervio que sale con ritmos discontinuos, que expresa lo inexpresable e inabarcable. Eso no significa que no sepamos nada de ella, sabemos mucho, y a menudo olvidamos lo que aprendemos de ella. La vida se escapa de toda forma, aunque sepamos de que esta hecha.

En toda esta vorágine de acontecimientos nos toca bailar, nos toca danzar, como si de un teatro se tratase. Como personajes sobre el escenario, pero sin un guión determinado y sin ficción, sino con sangre y vino, perturbación y ligereza, como la noche y el día...
Ante esa contraposición luz-oscuridad nos desenvolvemos, algunos con más gracia que otros, unos con más fortuna que desgracia. ¿Cómo colocar la balanza de nuestro lado, sin que a la vez podamos dejar nada fuera? Viviendo. No dejando que la vida viva nuestra vida. Gracias a Zeus nuestra vida cotidiana no suele desenvolverse entre grandes abismos ni decisiones existenciales, se desenvuelve, válgame la redundancia, en lo cotidiano, lo manejable, lo que podemos optar a enriquecer,a moldear para dar forma.

Pensemos...¿Vives tu vida o te has dejado vivir por ella? ¿Has decidido?¿Has elegido? Imagina que un demonio se aparece ante ti, y te cuenta que toda tu vida la vas a vivir una y otra vez, exactamente igual, que todos los actos y decisiones que has tomado en torno a ella se repetirán eternamente, como un reloj de arena, al que le damos la vuelta una y otra vez finalice el ciclo. ¿te haría gracia la idea?¿La tomarías con vigor o te desampararía? En tu respuesta se halla el veredicto ¿Cuantas veces somos prisioneros de una celda en la que nosotros mismos nos hemos encerrado? ¿Cuantas veces elevamos nuestra queja cuando tenemos lo que hemos buscado? ¿Cuantas veces nos hemos visto envueltos en situaciones que condenamos habiendo sido nosotros los que la hemos provocado? ¡Elige, vive tú! Ama lo que haces o no vivirás, contemplate con alegría cuando te mires a ti mismo. Aléjate de etiquetas culturales, de elementos ajenos que te petrifican tallando lo que es propiamente tuyo y arrebatándote tu preciado tiempo, tu preciado tesoro.

No temas a Dios, ni a las exigencias de un Gran Hermano social que dirija tus actos y aspiraciones, no dejes que usurpen tu papel en el escenario, cada uno es el protagonista de su obra, y muchas ocasiones (no en todas) dejas que te escriban el papel. ¿La muerte? ¿Quién no ha pensado en ella? Atemoriza... Sobretodo a aquellos que no han hecho lo que han querido por sí mismos, a aquellos que no están satisfechos con el cuadro que han pintado. La muerte deja de atemorizarnos cuando se ha consumado la vida. Vuelvo a repetir ¿Has vivido tu vida o te has dejado vivir por ella? Contempla tu fuerza, tu voluntad de poder poner, de poder crear, de poder crecer, de poder hacer donde es difícil hacer, si así no fuese ¿qué valor tendría? ¿Acaso sería "buen" hacer? ¿Buen decidir? No sería nada de eso... Por eso la existencia es dura, y esta hecha y preparada para los espíritus fuertes, para aquellos que no caen en la inmovilidad, en el miedo, en el primer obstáculo que sobreviene sobre nuestras cabezas. No importa cuantas veces te caigas, lo importante es volver a levantarse, decía el Murciélago. Esa es la senda, esa es la actitud, esa es la estética de la vida, tu decisión de hacerte, de embellecer lo que tocas, el dibujo, el motivo de un artista, de poner algo donde antes no había nada. Eso es la acción, la elección, la sabiduría de Apolo, la ligereza, la elevación, la consumación de la existencia.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Nietzsche: estética y ética.


Lejos de la interpretación de la ética de Nietzsche, basada en la sobreabundancia de fuerzas, la falta de compasión, el conocimiento de uno mismo, y la experimentación del cuerpo como punto de partida, se encuentra su indisoluble vinculación con la estética. El último Nietzsche, que ya no es filósofo del martillo destructor, sino que aprende a reír como enseña Zaratustra, nos muestra que la estética y la ética tienen que ir unidas, una estética por sí sola produce efectos contrarios. En el capítulo "del camino del creador" del Zaratustra, nos enseña como danzar y establecer nuevos límites por encima de nuestras propias estrellas, esta cualidad va vinculada a la vida como forma artística plasmada en actos.

 No se reduce a un bendito escepticismo de no creer en nada, pues una vez creas tus propios valores, estos deben fundarse en tablas y tú, como forjador de nuevos valores, someterte con terrible fuerza a ellos. Todos toman a Nietzsche como un relativista, en el que todo vale, y en cierta forma es así, pero sólo en parte, ya que el relativismo moral una vez desenterrado, si adquieres la suficiente fuerza, debe tornarse en ley para uno mismo. El que busca destruye, para elevar unas nuevas tablas a la que someterse, de ahí que indique si seremos capaces de ser jueces y verdugos de nuestra propia ley. El todo vale ya no sirve, pues la tensión del arco va dirigida a un nuevo punto personal al que someterse con extreme firmeza, fruto del aumento de fuerzas o voluntad de poder. No es el hoy hago una cosa y mañana otra, por eso decir que Nietzsche es relativista moral, es a toda mira, incompleto. Es un ir y volver sobre uno mismo.  

"Ay, existen tantos grandes pensamientos que no hacen más que lo que el fuelle: inflan y
producen un vacío aún mayor. ¿Libre te llamas a ti mismo? Quiero oír tu pensamiento
dominante, y no que has escapado de un yugo.
¿Eres tú alguien al que le sea lícito escapar de un yugo? Más de uno hay que arrojó de
sí su último valor al arrojar su servidumbre.
¿Libre de qué? ¡Qué importa eso a Zaratustra! Tus ojos deben anunciarme con claridad:
¿libre para qué?
¿Puedes prescribirte a ti mismo tu bien y tu mal y suspender tu voluntad por encima de
ti como una ley? ¿Puedes ser juez para ti mismo y vengador de tu ley?"

Hoy la estética no es que esté abandonada de la ética, es que es esclava del consumo, la utilidad y el beneficio. Los grandes genios del pasado, esos tipos raros que salen una vez cada mucho tiempo y que su legado eleva un paso a la humanidad que se vuelve benefactora de su obra, no pueden emerger ni producir bajo los nuevos parámetros sociales dirigidos por las masas. El resultado de lo que ves es fruto del igualitarismo social pretendido por unas democracias falaces y rendidas ante el consumo, el pan y el circo, los mass media y los programas del corazón, en los que se inculca una estética barata y por supuesto, alejada de la ética, desvinculándola, matándola y jugando con ella como si se tratase de simples canicas, aunque de lo que hablamos es de personas. La estética no se debe reducir a contemplación de elementos, esta actúa directamente sobre la vida, como creadora y posibilitante de una existencia más plena y fuerte. La estética implica acto, creación, praxis, implicación, intervención en lo real, decisión, partido, mojarse, situarse, posicionarse... Desde el individuo, cada uno en cada caso. Estética y ética de la praxis vital, intrínsecamente unidas, hermandadas y concebidas, personal y sometida al dominio del individuo.