viernes, 12 de marzo de 2010

Padecer el perecer.


Todos debemos perecer, es nuestra condición. Pero qué difícil resulta acatar la mayor de las verdades de este mundo, tanto a nivel personal como de los seres queridos. Morir es condición del viviente, nos llega y se acabó. Poco hay que discutir sobre el hecho en sí. Ante la muerte de un ser querido nuestra distancia con el mundo se acorta, nuestra visión penetra y torna la realidad del mundo con otros ojos. Nuestras preocupaciones banales se esfuman, desaparecen a golpe de pura realidad, del contacto esencial con el fondo existencial. El escenario se torna solitario, impotente, y el examen de conciencia viene impuesto por la crudeza de la circunstancia, que se transfiere al que sigue vivo, como espectador de lo acontecido. Ante ese escenario, sólo queda el propio yo, que aturdido por el tremendo golpe sale de sí, y sólo escucha un eco terrorífico, la tragedia de la vida misma, el sometimiento a la realidad. Nuestros apegos se transforman, y aparecen fantasmas que nos gritan y nos recuerdan de qué estamos hechos. Nos cantan sobre la fragilidad de la vida, sobre lo efímero del acontecer , la flaqueza de nuestra condición. La imposibilidad de que nuestros deseos y afectos queden intactos, la única salida está escrita, está firmada, una fecha, un momento, un hilo del que pende la marioneta sobre el escenario, nuestra representación, nuestra vida.

La superación llega para algunos, eso dependerá de cada uno, de su persona, de la circunstancia... Pero la herida volverá a doler, el recuerdo se encargará de ello, la memoria como seña de identidad hará su papel a la perfección. Es el plato fuerte, somos presa en la manos de un destino que no admite sugerencias, ni excusas, como un juez inquisidor somete a su voluntad, dicta sentencia. Y ante eso sólo cabe aceptar, nada cambiará, nuestras súplicas y clamores caerán en papel mojado por muy intensos que sean. ¿Quién te devuelve a un hijo? ¿Quién te devuelve a una madre? ¿Quién te devuelve a un amigo? Nadie. Sólo cabe sacar pecho, aprender de una vida que nunca se dijo justa, lo que no te mata, que te haga más fuerte.

sábado, 6 de marzo de 2010

Encasillamiento ibérico.


Vivimos en una sociedad es la que cada vez la gente se encasilla en una opinión y el debate se torna agresivo. Hay miles de temas sobre los que hablar, sobre los que comentar, en una actualidad inundada de información las posibilidades de manifestar una u otra opinión se ha puesto al orden del día. Pero se huele un tufo desde hace años donde el posicionamiento cae en encasillamiento. Nos encasillamos en esferas y el que no se sitúe a nuestro lado es un mal vecino. Es cierto que el hombre siempre ha tenido la necesidad de situarse dentro de un grupo social, de una tendencia, de una ideología. Sentirse arropado por el calor de los que piensan como él, de lograr una integración social aceptada, respaldada, guarnecida. Pero desde hace algún tiempo esa acción se ha vuelto totalmente polarizada. El choque que esto provoca es de fuertes proporciones, y provoca un efecto en lo que todo es blanco o negro, no hay más colores. Si te gustan los toros eres un sádico y un tradicionalista, hay de quien ponga en duda el cambio climático (o de si todo lo que nos dicen sobre el mismo es cierto), si eres cristiano eres un dogmático, si soy de izquierdas soy un marxista y de derechas un fascista, si defiendes el aborto Rouco Varela te ha comido el tarro. Si te sientes identificado con tu nacionalidad eres un franquista, si quieres que Turquía entre en la UE eres un inconsciente que no ves que las bombas van a estallarte en la cara porque el islam es en sí mismo una religión para monos... Ideología, cultura, feminismo, problemas geofísicos, políticos, económicos, religiosos... Hay para dar y tomar.

Hay cientos de temas que podría seguir citando, que delimitan y caracterizan el espacio cultural en el que vivimos llenándolos de prejuicios y encasillamientos, donde la confrontación de los mismos se ha vuelto una carnicería y donde finalmente todo acaba siendo blanco o negro. ¿Acaso no existe una amplia gama de colores entre uno y otro? Claro que existe, y lo que me pregunto es por qué no se da.
La respuesta que se me ha venido a la cabeza es clara. Falta formación. El diálogo no se puede dar gratuitamente, la acción comunicativa exige reflexión, conocimiento, análisis, intencionalidad. Un dialogo en desigualdad no es dialogo. Puede ser sofismo, avasallamiento, linchamiento, oídos sordos, sesgamiento... Si la acción comunicativa ya es difícil de por sí, si carece de un espacio abierto para que esta florezca con un mínimo intento de dar frutos, no quiero ni pensar cuando las condiciones del mismo son totalmente defectuosas y constreñidas. Hay demasiados intereses, estrategias, influencias y coacciones para suscitar la transparencia deseable, pero por encima de esto, falta formación, y hay miedo, mucho miedo...
Acostumbrados a que nos digan todo, a creernos todo, a que nos cojan de la mano y nos digan lo que tenemos que hacer. A no leer ni media página semanal de un buen libro, a tomar la televisión como punto de referencia, a las modas y los referentes del famoseo. El español medio es así, se pliega al pensamiento dado, falta reflexión y compromiso, es más fácil así, podemos luego echar las culpas a otro. Mientras, las etiquetas y el enfrentamiento se volverán más sangrientos, más herméticos, en compartimentos estancos con oídos totalmente sordos. Creo firmemente que el problema es la formación, el pensar que la reflexión sobre lo que acontece y suscita nuestro entorno no es tarea nuestra, y se olvida que es una sana costumbre que todos deberíamos tener. Mientras seguiremos tensando la cuerda, esta cederá y desembocará en desastre. La culpa, como siempre, será de otros, porque yo no hice nada.

miércoles, 17 de febrero de 2010

El vuelo del águila.


Acabo de leer un texto sublime. Un texto que espoleó mi conciencia y la electrocutó con la fuerza del rayo. Algo que remueve todo mi cuerpo, de la cabeza a los pies. Nada más terminarlo lo he tenido que leer una segunda vez, y una tercera... ¿Cómo volver al tranquilo tono de la biblioteca en la que me encontraba tras un agitamiento semejante? Sencillamente no he podido, cuando uno se ve tocado y atravesado, sintiendo el frío acero atravesar lo más profundo del ser, no puede más que ponerse a escribir, plasmar la vivencia nacida de las palabras en palabras. El poder que puede llegar a encerrar un texto es comparable, para el animo, cómo el de una bomba atómica, donde por un breve instante se desata una energía incomparable para cambiar el paisaje interno de la persona. Ese momento de sobreabundancia y embriaguez se plasma en el cerebro y queda cristalizado y esparcido por los nervios del cuerpo.

Tal es el poder de la literatura y de aquellos que saben apreciarla. Imperecedera para el alma y vigorizante del cuerpo, uno sale más hecho, más encarnado en su presente. ¿Cómo abandonar tal fuente de sutileza, instinto, experiencia, clarividencia, vislumbramiento? ¿Cómo detener ese ímpetu de sangre que corre por las líneas que uno lee? ¿Cómo no poder apreciarlo o ignorarlo? ¡Qué arte tan excelso! tan vivo pese al transcurrir de los años.. No necesita actualizaciones, no necesita nuevos modelos, no se queda atrás, las grandes obras son intempestivas... Cuando alguna mano pincela con talento unas líneas bien hilvanadas, nos lega un templo, donde la vivencia sale a flote, y se vuelve visible para el ojo deseoso de admirarla. Cuando uno se encuentra en tal circunstancia, sabe profundamente, que no podrá dejar de leer hasta que sus ojos no lo permitan. En ese caso espero poder implantarme un ojo biónico para no cesar en dicho viaje.

domingo, 7 de febrero de 2010

Ladrones de cuerpos y de mentes.




Me da la sensación de que en numerosos casos uno tiene que tragar con una mierda que vienen empaquetada e impuesta por el común de los mortales, y lo achaca a la normalidad del funcionamiento de la vida. Mi pregunta gira entorno a los aspectos que hay que someterse y a cuales no, y me da la sensación que los más estrictamente necesarios son mucho menores que los que nos cuela el espectro cultural. Porque si seguimos ese espectro me volveré un gilipoyas de primera categoría, seré un infeliz y encima estaré orgulloso de aceptar lo que me han dado de primeras. Y esa es la idea que me vino a la mente el día de hoy. No se trata de ser un rebelde, sino de tener la sanísima inquietud de cuestionarse lo que uno hace con su vida. El miedo, como de costumbre, acecha con la inseguridad y el sortilegio de hacer creerse a uno mismo que está loco. En este caso, prefiero ser un loco "cuerdo" que un protozoo "normalizado". La pregunta es, si uno tiene que adaptarse a las múltiples esferas vitales que culturalmente vienen dadas y "aceptadas". Pensemos en la esfera afectiva, amorosa, familiar, laboral, modo de vida, participación social, filtro de los medios de masa, el concepto de opinión pública...

martes, 19 de enero de 2010

Follow me around.

Nietzsche y Schopenhauer.


Esta entrada está dedicada a mi hermana Inés, en su interés por comprender un poco más de cerca la literatura del siglo XIX y dos de sus grandes figuras, Schopenhauer y Nietzsche.
Nietzsche nos legó a temprana edad una de las obras más importantes de la literatura universal, "El nacimiento de la tragedia". Ella se la debe a dos personas que marcaron de forma definitiva su primera etapa de pensamiento, Wagner y Schopenhauer. En 1818 Schopenhauer publica "El mundo como voluntad y representación", y como su título predica afirma categóricamente que el mundo es representación y voluntad. Representación porque la realidad se muestra bajo un velo, no vemos el mundo tal y como es, sino de forma representada, una imagen distorsionada y distante, al modo de los prisioneros de la caverna platónica, que creían ver el mundo real cuando en realidad veían sombras y figuras distorsionadas que poco tenían que ver con la realidad misma. Por otro lado el mundo es principalmente voluntad. La voluntad es para Schopenhauer la fuerza que actua bajo el velo de la representación, el corazón de lo real, lo que mueve y desemboca en el devenir del universo, la génesis del cosmos que le insufla su modo de ser propio, el movimiento, las colisiones, la vida y la muerte, el crecimiento y el decaer de las cosas, la potencia que actúa de forma imparable y constante bajo el velo de la representación, la realidad misma que se ofusca ante nuestros ojos.

Para Schopenhauer la vida no es un tema agradable, así que nos dirá que la voluntad es dolor. Es dolor porque somos estirpe de la brevedad de la vida, es dolor porque el horizonte de la muerte juega con su presa antes de devorarla, es dolor porque estamos arrojados en una existencia que nos supera y no podemos comprender, es dolor porque hay dolor, y ese sentimiento tan profundo y desolador es algo que el romanticismo puso en relieve. Aquí la razón se queda muda ante el sentimiento que emerge frente los avatares de la vida. El proyecto ilustrado de la fe en la razón no es capaz de responder a las inclemencias que despierta la existencia. Esa es la base sobre la que Nietzsche levantará su obra "el nacimiento de la tragedia". Se valdrá de la voluntad Schopenhauariana y en su lugar colocará la figura de Dioniso, como metáfora de la existencia en su fondo radical.

Según Schopenhauer nosotros sólo podemos acceder a la voluntad a través del arte, el deleite artístico nos pone en contacto con la voluntad, aunque sea durante un breve periodo de tiempo. El arte desvela de forma efímera el latir propio del mundo. Nietzsche supera ese terror con la figura de Apolo, que arrebata sus armas a Dioniso (la voluntad) y permite superar el elemento pesimista poniendo un velo que embellezca la existencia. Apolo representa la belleza, el sueño, la distancia, la forma, el orden la rectictud... Mientras que Dioniso representa la embriaguez, el éxtasis, lo irracional, el cambio, las fuerzas transgresoras, el nacer y el perecer de las cosas, la danza y la música... Así que de la mano de Apolo el hombre es capaz de crear una bella ilusión que nos haga soportable la vida. Apolo nos brinda la oportunida de desplegar una bella apariencia que transforme el horrible eco dionisiáco en una experiencia agradable y ligera. La vía para lograrlo será beber de la vida con todos sus elementos (voluntad, Dioniso, lo Uno Primordial) y encontrar métodos y estructuras para transformarlas, bajo la apariencia e ilusión apolínea, haciendo nuestro viaje más llevadero y enriquecedor.

La vida se toma como fuente inagotable de de posibilidad para embellecer nuestro día a día, nos volvemos herramientas de la voluntad y le damos apariencia alegre y afirmativa. Ese es el camino para poder abrazar con infinito interés nuestra existencia, el modo en el que los griegos supieron ver la forma de sobreponerse a las terrible fuerzas del cosmos, enriqueciéndose, alegrándose y embelleciendo el mundo con el pincel de Apolo, que transfigura la terrible sabiduría de Dioniso y su acompañante Sileno (Sileno acompaña siempre a Dioniso y representa el pesimismo más radical, así que mejor no pararse a escuchar su voz).
Es así, a traves de la vía estética y artística de la vida, como Nietzsche supera a una figura tan influyente como Schopenhauer, en el camino que abre "el nacimiento de la tragedia".

lunes, 18 de enero de 2010

Trabajo e infelicidad.


El trabajo ha acompañado al hombre desde que tiene memoria. Es condición indispensable de todo ser. Ningún ser vivo sobrevive sin interactuar de una forma específica con el medio que garantice su supervivencia. Los animales buscan agua y buenos pastos, o zonas de próspera caza, o lugares donde poder cobijarse del frío o las inclemencias del clima. Rutas migratorias, adaptación al entorno... En el caso del hombre podemos pensar que en un pasado así fue, pero cuando nuestra óptica se torna en las sociedades contemporáneas el entramado es mucho más complejo.

Uno nace en el seno de la cultura occidental, y desde pequeño desarrolla mecanismos de aprendizaje, unos tienen que ver con el aspecto natural (ritmos alimenticios, aprender a llevar una buena higiene...) y otros son de corte cultural. Desde temprana edad nos llevan a la guardería, después al colegio donde aprendemos lo básico, más tarde aparece el instituto que nos abre las puertas a estudios más complejos, le sigue la universidad donde nos especializamos en materias con la finalidad de ganarnos la vida y poder aportar conocimientos a nuestra sociedad. Desde la infancia se proyectan unos valores y pautas sociales de un desarrollo que todos deberíamos seguir, una oportunidad para entrar en el mundo adulto con la cabeza bien alta. Tras veintitantos años de preparación e inculcación de conocimiento uno sale al gran circo de la vida, lleno de herramientas de supervivencia para el sistema del que hemos amamantado. Pero ocurre algo muy curioso que desemboca en una total frustración, una profunda sensación de que nos han engañado, de que las cosas no funcionan tal y como nos habían enseñado. Es el nihilismo que Zaratustra profetizó, el distanciamiento de los valores y la pérdida de referencia en un mundo que creíamos conquistado, donde el avance y la productividad es lo que importa a cualquier precio, aunque ese precio sea nosotros mismos.

Nos encontramos con una competitividad exacerbada, irritante, donde los trabajos no están acorde a nuestra cualificación ni espectativas, donde las ideas implantadas en la universidad sobre lo que debería ser nuestra función social se desmoronan, donde los jefes y ejecutivos nos tratan como oficinistas e infravaloran nuestras capacidades. Donde el funcionamiento de las esferas laborales contradicen toda la serie de valores que nos han impreso, donde la persona se hunde, se deprime ante la velocidad en que se desarrolla los acontecimientos, donde la dimensión profesional se vuelve una carga, y el miedo y la parálisis a quedar fuera del juego se apodera de la esfera personal. Donde el autoengaño y la robotización de la vida desemboca en tristeza e impotencia. Donde el éxito profesional no está de ningún modo vinculado a la felicidad, donde el estrés y el cansancio salen a flote y uno se pregunta si ese es el verdadero precio que hay que soportar para alcanzar la felicidad. Largas jornadas laborales de un trabajo poco reconocido y que poco tiene que ver con ser útil a los demás, pérdida de confianza en unos jefes que contradicen los valores iniciales que proyecta una empresa. Un entorno donde los propósitos e ideas se desmoronan en una gran rueda que nos ha llevado a unos indices de depresión, de frustración personal y falta de esperanza en los que nunca esperamos vernos sumergidos. Millones de "Masters" que prometen lanzarte a la arena para cumplir unos objetivos solidarios y necesarios para luego hundirte en el fango de una situación que no se sostiene.

En un ambiente así, la búsqueda de la felicidad tiene que verse despojada del miedo, de no concedernos el lujo de vivir como otros desean que vivamos, de no ceder ante lo dado, lo impuesto, de reflexionar sobre lo que uno quiere, apartando la mirada de la razón técnica y científica que rigen los parámetros culturales del momento, olvidando otras esferas del ser humano que necesitan enriquecerse con la misma fuerza. El hombre no busca sólo sobrevivir, el hombre busca la felicidad, empresa ardua en cualquier época y momento y tiene que ir acompañada de un trabajo, de un hacer, que recupere la pasión adormecida. Trabajar para cubrir las necesidades reales, desenmascarando las que no lo son. No hay nada irreversible, nunca es tarde para preguntarse y atreverse a cambiar, nadie dijo que sea fácil, pero uno nunca será feliz si no ama lo que hace.

jueves, 14 de enero de 2010

La risa del comediante.


La vida no deja de ser una broma, y como tal no hay nada mejor que la risa. Es un elemento esencial para hacerla más llevadera, más ligera, lugar donde refugiarse ante la incomprensión, ante donde no podemos llegar, pese a nuestro deseo de alcanzar. Ante los espíritus pesados, ante la conformidad sólida e inamovible de las visiones cerradas y seguras, lo mejor es reír. Fuera de seguridades, fuera del reposo que ofrecen algunas esferas que pretenden alcanzar lo inalcanzable ¿qué mejor que la risa?. La risa hace llevadero el absurdo. La risa es ligera y se eleva sobre el sinsentido, la duda, las cuestiones sin respuesta. Acompaña a los espíritus libres, a aquellos cuya pretensión no va más allá de su propia vida, que la abrazan, junto a su pecho. La risa que permite cantar alrededor del fuego, que quema y hace arder los corazones de la gente, que incita a la danza y al juego frente a la hoguera. No hay secretos para la risa, no hay obstáculos, pues se regodea de ellos, se libera de las pesadas cadenas de la finalidad y sus descuidos.

"La risa hace la vida posible y, con ella, una existencia auténtica" Philonenko...

O como dice mi amigo y mentor Luis Enrique de Santiago Guervós:
" La risa es una especie de armadura que protege contra los insultos, las incomprensiones, los desprecios, cuya fuerza crítica es la promesa del devenir, la esperanza de una apertura siempre posible, el signo de transgresiones próximas, de insolencia clara y alegría del futuro... También expresa el proceso de destrucción. La risa arruina el sentido, nos pierde en la medida en que destierra a los maestros de la finalidad, privándonos de razones, metas y explicaciones... Esta asociación de la risa con el espíritu libre descubre su modo de ser propio en el mundo... Es un modo particular de ser de la conciencia afirmativa de sí en un mundo que ella descubre como violento, absurdo o indiferente a su destino. Frente a la tristeza del absurdo y del sinsentido de la risa reafirma nuestro pacto con la vida y la cultura de la vida... Es ella una reacción sana frente al sufrimiento..."

Así pues, reír hermanos míos...

martes, 15 de diciembre de 2009

Nietzsche en 90 días.


Si algo he aprendido de Nietzsche, buscar la autenticidad de cada uno, no someterse a fuerzas ajenas, ni violentarse la conciencia por parámetros culturales. Cada uno tiene que hacer y elegir libremente, sin que ningún signo de la época lo conduzca a una aminoración de fuerza. De ahí su crítica total que manifiesta una destrucción sobre la que luego uno edifique sus propios valores, más allá del bien y del mal, más allá de cualquier aspecto dado, sin antes haberlo examinado en profundidad por uno mismo. Un actuar sobre la existencia, dura y jodida, sobre la que no queda otra opción que asumir sus partituras, sus renglones y su sinsentido. La vida para danzar sobre la misma es una vía estética, es un intento, un intento por embellecerla desde cada uno, tomando las fuerzas de nuestro cuerpo para encontrar ese punto de embriaguez que caracteriza al artista, que permite encontrar las formas de creación necesarias sobre las que vivir con nobleza y autenticidad. Abrir los ojos para darse cuenta de que no existe "la verdad", ni "las esencias", ni "los conceptos sólidos" sobre los que Occidente ha levantado gran parte de su identidad. No hay una mirada fija y objetiva, no hay talibanismo sobre la realidad.

Lo que podemos aspirar a tener son perspectivas, personales y examinadas con cuidado, a las que después otorgar un valor. Hay muchos Nietzsche decía Rorty, mi Nietzsche, tu Nietzsche, su Nietzsche... Esta riqueza de perspectivas no es gratuita, tiene que ser previamente interrogada, despojada de los pesos culturales. De esta forma nuestra mirada se torna en una estética de la existencia, en la que nuestro cuerpo y la conciencia, limpias de toda contaminación previa, se alzan, interpretando los acontecimientos de la vida, con una ligereza asumida desde la libertad de cada uno, sobre un fondo existencial terrible. Duda, busca, pregúntate para tomar perspectiva, sabiendo que la perspectiva nunca será objetiva, ya que si no, no sería perspectiva, sino dogma, verdad absoluta... El artista cuando crea se queda con un aspecto concreto de su realidad, es una imagen filtrada por su persona y reflejada como extensión de las pulsiones más características en las que se envuelve. Un artista no muestra jamás la verdad, en todo caso "su verdad". Así, nosotros aspiramos a dar forma a nuestra vida, verter nuestra perspectiva sobre la existencia, hacernos unos artistas de la vida, la vida remite al arte y el arte remite a la vida, en un juego que nunca acaba ni termina de hacerse...

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El pensamiento trágico en Dostoievski:el funcionario y el hombre del subsuelo en la época contemporánea.


La entrada en el sigo XX-XXI se fundamenta en una nueva visión y transformación del espacio y el tiempo que imponen nuevas condiciones de trabajo que acaparan el conjunto de la existencia humana. Aunque haya una ruptura con capítulos anteriores de la historia en esta modernidad conviven dos concepciones opuestas: la fe en el avance técnico y la advertencia frente a los nuevos modos de producción. Hay una decadencia del entorno social donde el individuo se disuelve y desaparece diluyéndose la frontera sujeto-objeto. Dioniso y su actividad creadora queda totalmente falsificada bajo una máscara vacía basada en el modelo técnico y funcional. Dioniso atado y anquilosado recrea una aparienca, no hay orden ni vitalidad, sino sólo un espejismo. El sueño de la obra de arte (nuestra felicidad en cada caso) aplicado a la vida de cada uno, queda relegado al sueño de la organización total, basado en el mercado y en la máscara-uniforme. Nos da una visión del carácter mecanizado y arraigado a unos elementos tecnológicos que ha asesinado nuestra capacidad creadora. El elemento creativo para construir un modelo de felicidad razonable es apartado con fuerza y hace que los hombres pierdan su propia referencia de la realidad, en una época de grandes velocidades y mutaciones constantes, donde la el sujeto-objeto queda diluido y relegado a un plano trágico de saber donde encontrar la voluntad creadora sepultada por el modelo impuesto.

Dostoievski supo ver con adelanto las penurias que se avecinaban sobre la vida del funcionariado, del trabajo cerrado y poco posibilitante de crecimiento y despliegue, adelantando su visión al espíritu de su tiempo, pero a mi juicio, acertando enormemente si levantase cabeza. La tragedia aparece como elemento en tensión de la existencia humana, el individuo inmerso en una sociedad altamente instrumentalizada y automatizada. Existe en sus textos una profunda crítica al orden racional impuesto con tanta fuerza en las sociedades actuales. Para Dostoievski la razón es algo excepcionalmente válido, pero sólo satisface a la propia razón sin dejar espacio para la vida. De esta forma le horroriza la idea de que esa vida cotidiana y no tan cotidiana, esté atada con tanta fuerza a la racionalidad, al cálculo, a la mera eficiencia, llegando a admitir que le gustaría que alguna vez dos mas dos resultase cinco. Lo que se plantea con fuerza es que el excedente de racionalidad y la imposición mecánica de la existencia, constriñe el elemento de la vida, apartando al hombre a la oscura sombra de un automatismo que extrae los elementos fundamentales de una existencia completa. Así cabe pensar en los parámetros actuales sobre los que versan la vida laboral, los puntos que delimitan el buen hacer, y los valores que defiende una automatización del trabajo, despojada de todo aura de carácter personal y humana, en favor del movimiento de unas macroestructuras que terminan acabando con nosotros día a día.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Nietzsche: estética y vida.


La estética es la forma en que tenemos de tratar con el mundo. A menudo los vocablos amplios se vacían de significado, es el caso de "estética" o "cultura", e infinidad de otros. La vida sólo se vive una vez, o eternamente. Es nuestra mayor empresa, nuestro más preciado tesoro. El tiempo corre, uno elige y esta se abre camino con fuerza, sin preguntas, sin respeto, a veces de nuestro lado, otras veces en nuestra contra. ¿Pero acaso no lo sabemos ya?¿Acaso no estamos acostumbrados ya desde que nacemos a ello? Si, pero acostumbramos a olvidar, acostumbramos a no aceptarla, a no abrazarla.¿Quién querría aceptar los malos momentos, en los que uno se siente agitado y aplastado por la misma?¿Quién querría en su sano juicio rememorar los peores momentos que uno ha padecido? Nadie en su sano juicio. No se trata pues de ser un sadomasoquista, ni abrazar el dolor y el sinsentido. ¿Pero quién ignora que para que algo crezca con fuerza y esplendor no padece en el camino?¿Quién al contemplar un árbol florecido no cae en la cuenta de que padeció el otoño sin hoja, y el árido y frío invierno antes de emerger con tanto ímpetu y vigor? La vida no tiene sentido sin dolor, sin queja, sin camino...

Pero la vida es inabarcable, impredecible, rica y amplia, tan amplia que no se puede verbalizar ni abarcar mediante la lengua escrita, no podemos definirla en su totalidad, ni ponerle límites, siempre dejamos algo fuera, es cambiante, es puro movimiento, puro nervio que sale con ritmos discontinuos, que expresa lo inexpresable e inabarcable. Eso no significa que no sepamos nada de ella, sabemos mucho, y a menudo olvidamos lo que aprendemos de ella. La vida se escapa de toda forma, aunque sepamos de que esta hecha.

En toda esta vorágine de acontecimientos nos toca bailar, nos toca danzar, como si de un teatro se tratase. Como personajes sobre el escenario, pero sin un guión determinado y sin ficción, sino con sangre y vino, perturbación y ligereza, como la noche y el día...
Ante esa contraposición luz-oscuridad nos desenvolvemos, algunos con más gracia que otros, unos con más fortuna que desgracia. ¿Cómo colocar la balanza de nuestro lado, sin que a la vez podamos dejar nada fuera? Viviendo. No dejando que la vida viva nuestra vida. Gracias a Zeus nuestra vida cotidiana no suele desenvolverse entre grandes abismos ni decisiones existenciales, se desenvuelve, válgame la redundancia, en lo cotidiano, lo manejable, lo que podemos optar a enriquecer,a moldear para dar forma.

Pensemos...¿Vives tu vida o te has dejado vivir por ella? ¿Has decidido?¿Has elegido? Imagina que un demonio se aparece ante ti, y te cuenta que toda tu vida la vas a vivir una y otra vez, exactamente igual, que todos los actos y decisiones que has tomado en torno a ella se repetirán eternamente, como un reloj de arena, al que le damos la vuelta una y otra vez finalice el ciclo. ¿te haría gracia la idea?¿La tomarías con vigor o te desampararía? En tu respuesta se halla el veredicto ¿Cuantas veces somos prisioneros de una celda en la que nosotros mismos nos hemos encerrado? ¿Cuantas veces elevamos nuestra queja cuando tenemos lo que hemos buscado? ¿Cuantas veces nos hemos visto envueltos en situaciones que condenamos habiendo sido nosotros los que la hemos provocado? ¡Elige, vive tú! Ama lo que haces o no vivirás, contemplate con alegría cuando te mires a ti mismo. Aléjate de etiquetas culturales, de elementos ajenos que te petrifican tallando lo que es propiamente tuyo y arrebatándote tu preciado tiempo, tu preciado tesoro.

No temas a Dios, ni a las exigencias de un Gran Hermano social que dirija tus actos y aspiraciones, no dejes que usurpen tu papel en el escenario, cada uno es el protagonista de su obra, y muchas ocasiones (no en todas) dejas que te escriban el papel. ¿La muerte? ¿Quién no ha pensado en ella? Atemoriza... Sobretodo a aquellos que no han hecho lo que han querido por sí mismos, a aquellos que no están satisfechos con el cuadro que han pintado. La muerte deja de atemorizarnos cuando se ha consumado la vida. Vuelvo a repetir ¿Has vivido tu vida o te has dejado vivir por ella? Contempla tu fuerza, tu voluntad de poder poner, de poder crear, de poder crecer, de poder hacer donde es difícil hacer, si así no fuese ¿qué valor tendría? ¿Acaso sería "buen" hacer? ¿Buen decidir? No sería nada de eso... Por eso la existencia es dura, y esta hecha y preparada para los espíritus fuertes, para aquellos que no caen en la inmovilidad, en el miedo, en el primer obstáculo que sobreviene sobre nuestras cabezas. No importa cuantas veces te caigas, lo importante es volver a levantarse, decía el Murciélago. Esa es la senda, esa es la actitud, esa es la estética de la vida, tu decisión de hacerte, de embellecer lo que tocas, el dibujo, el motivo de un artista, de poner algo donde antes no había nada. Eso es la acción, la elección, la sabiduría de Apolo, la ligereza, la elevación, la consumación de la existencia.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Nietzsche: estética y ética.


Lejos de la interpretación de la ética de Nietzsche, basada en la sobreabundancia de fuerzas, la falta de compasión, el conocimiento de uno mismo, y la experimentación del cuerpo como punto de partida, se encuentra su indisoluble vinculación con la estética. El último Nietzsche, que ya no es filósofo del martillo destructor, sino que aprende a reír como enseña Zaratustra, nos muestra que la estética y la ética tienen que ir unidas, una estética por sí sola produce efectos contrarios. En el capítulo "del camino del creador" del Zaratustra, nos enseña como danzar y establecer nuevos límites por encima de nuestras propias estrellas, esta cualidad va vinculada a la vida como forma artística plasmada en actos.

 No se reduce a un bendito escepticismo de no creer en nada, pues una vez creas tus propios valores, estos deben fundarse en tablas y tú, como forjador de nuevos valores, someterte con terrible fuerza a ellos. Todos toman a Nietzsche como un relativista, en el que todo vale, y en cierta forma es así, pero sólo en parte, ya que el relativismo moral una vez desenterrado, si adquieres la suficiente fuerza, debe tornarse en ley para uno mismo. El que busca destruye, para elevar unas nuevas tablas a la que someterse, de ahí que indique si seremos capaces de ser jueces y verdugos de nuestra propia ley. El todo vale ya no sirve, pues la tensión del arco va dirigida a un nuevo punto personal al que someterse con extreme firmeza, fruto del aumento de fuerzas o voluntad de poder. No es el hoy hago una cosa y mañana otra, por eso decir que Nietzsche es relativista moral, es a toda mira, incompleto. Es un ir y volver sobre uno mismo.  

"Ay, existen tantos grandes pensamientos que no hacen más que lo que el fuelle: inflan y
producen un vacío aún mayor. ¿Libre te llamas a ti mismo? Quiero oír tu pensamiento
dominante, y no que has escapado de un yugo.
¿Eres tú alguien al que le sea lícito escapar de un yugo? Más de uno hay que arrojó de
sí su último valor al arrojar su servidumbre.
¿Libre de qué? ¡Qué importa eso a Zaratustra! Tus ojos deben anunciarme con claridad:
¿libre para qué?
¿Puedes prescribirte a ti mismo tu bien y tu mal y suspender tu voluntad por encima de
ti como una ley? ¿Puedes ser juez para ti mismo y vengador de tu ley?"

Hoy la estética no es que esté abandonada de la ética, es que es esclava del consumo, la utilidad y el beneficio. Los grandes genios del pasado, esos tipos raros que salen una vez cada mucho tiempo y que su legado eleva un paso a la humanidad que se vuelve benefactora de su obra, no pueden emerger ni producir bajo los nuevos parámetros sociales dirigidos por las masas. El resultado de lo que ves es fruto del igualitarismo social pretendido por unas democracias falaces y rendidas ante el consumo, el pan y el circo, los mass media y los programas del corazón, en los que se inculca una estética barata y por supuesto, alejada de la ética, desvinculándola, matándola y jugando con ella como si se tratase de simples canicas, aunque de lo que hablamos es de personas. La estética no se debe reducir a contemplación de elementos, esta actúa directamente sobre la vida, como creadora y posibilitante de una existencia más plena y fuerte. La estética implica acto, creación, praxis, implicación, intervención en lo real, decisión, partido, mojarse, situarse, posicionarse... Desde el individuo, cada uno en cada caso. Estética y ética de la praxis vital, intrínsecamente unidas, hermandadas y concebidas, personal y sometida al dominio del individuo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Nietzsche: estética y creación.



La creatividad es la fuerza que puede encauzar al hombre a salir de la cueva donde él sólo se ha metido. El nihilismo que acecha a la decadente cultura en la que nos hallamos inmersos sólo puede ser superado a través del acto creador. La estética se convierte entonces en el vehículo que nos puede transportar fuera de esas terribles fronteras de la nada, donde oscuridad y ausencia vibran, impidiendo al hombre ser lo que realmente está llamado a ser. El problema existencial, metafísico y cultural al que se ve sometido el hombre actual sólo puede ser evadido tomando la estética cómo valor sobre el que gira nuestra existencia. El acto creador, que desata las fuerzas de una existencia más alegre y liviana, es uno de los puntos de partida más excelsos a los que podemos agarrarnos para elevarnos sobre los males de este mundo, para embellecer la existencia y hacerla más ligera y alegre. Evidentemente aquí no hablamos de crear un velo que ignore toda la penuria propia del mundo que habitamos. Ese fondo existencial donde el hombre sólo encuentra el frío y el dolor, la incapacidad y negación. De lo que aquí se trata es de afirmar todas esas características que conforman la vida, y una vez abrazado y aceptado las condiciones de la existencia, la estética es la estrategia para embellecer la vivencia que sin arte alguno sería enfermiza y desquiciada. El hombre crea para embellecer esa existencia que en estado puro atosiga y constriñe con inusitada violencia. Cuando hablo de creación no me refiero sólo a producción artística, sino a mecanismos personales que nos ayuden a superar la tensión dialéctica entre lo "bueno" y lo "penoso" que puede ofrecernos la realidad, inclinando esa balanza hacía lo que nos procura un vida más fértil. Por eso todo acto creador, todo acto de vida, es el punto de partida de un hombre que busca más allá de cualquier obstáculo, disfrutar de la vida, sin dejar nada fuera, sin dejar nada de lado. Acción frente a pasotismo, creación frente a nada, forma frente a sinsentido, lucha frente a rendición, vida frente a nihilismo. Abrirse la cabeza, interrogarse a uno mismo, cuestionarse el mundo, las categorías culturales, las formas de escape de una existencia pobre y que no conduce más que a automatismos, son las claves para constituir el telón sobre el que actuar, sobre el que crear, sobre el que embellecer, sobre el que vivir... La vida es arte, y ese arte remite a esa vida, como pez que se muerde la cola, pues el impulso creador de la vida es el que el arte debe manifestar, remitiendo de nuevo a la vida como obra artística. Así el arte se convierte en medio de sobreabundancia de vida, tomando el actor creador como volcán que estalla en su esplendor.

viernes, 30 de octubre de 2009

La excelecia política es ya un mito.


Grecia representa buena parte de la base cultural de Occidente. Muchas ideas calaron en nuestra historia con gran importancia e influencia. Una de ellas fue la política. Allí en la polis comenzaron a darse modelos complejos de organización social, muchas de sus bases perduran en nuestros días. Lo consideraban un regalo divino, el fuego de Prometeo que robó a Zeus convertido en luz para gobernar. Prometeo veía injusto que el hombre naciese débil, sin garras y desnudo. Una de las metáforas de este mito es que el fuego representa la capacidad de gobernar y regentar a los pueblos para hacerse fuertes en el mundo, ya que el hombre por sí sólo no valía nada Pero da la sensación de que algunas enseñanzas claves han caído en el olvido para nuestros dirigentes actuales.

En la primera época de la política ateniense había una pirámide de poder dividida en cuatro grandes grupos: la aristocracia, la baja nobleza, los militares y por último los mercaderes o burguesía. Por otro lado la heibea o asamblea, formada por jueces externos a la pirámide de la que hablábamos . La aristocracia griega mantenía el poder más elevado, y gran parte de las importantes decisiones eran tomadas por ellos, eran los lacontes. Estos cargos sólo podían ser elegidos durante un año, sin posibilidad de reelección. Los griegos sabían muy bien de las implicaciones y poderes que podía desatar un organismo o persona de carácter público. Los lacontes, que eran la aristocracia griega que regentaba el puesto más elevado en la toma de decisiones estaba limitada a mandatos cortos y vigilada exhaustivamente de adquirir demasiada relevancia. Las personas, ya fuesen generales del ejercito, mercaderes, políticos o cualquiera que se hiciese demasiado fuerte y poderoso era juzgada en la asamblea de ostracismo. Les echaban de la ciudad diez años. Si alguien elevaba su posición y crecía hasta tomar una posición que pudiese concentrar demasiada fuerza era expulsada inmediatamente si la asamblea lo consideraba oportuno. De aquí se desprende una actitud de temor y cautela ante aquellos hombres que acumulaban demasiado estatus, demasiada fuerza, demasiado lo que fuese... Esto lo hacían por una sencilla razón, y es que no querían dar a nadie la posibilidad de convertirse en un tirano. La política era ejercida con rigor y bajo una virtudes cívicas, tales como la prudencia, justicia, moderación. La desmesura, el vicio y los excesos también eran condenados en caso de que empezase a pervertir a la comunidad... Hybris.

La política es uno de los grandes temas de nuestro tiempo, de la historia de los hombres. Gran parte de la organización social recae sobre sus espaldas. Pese a nuestros progresos y avances en muchos de los campos que atañen al ser humano la política se muestra como una de las asignaturas pendientes a mejorar. Hoy en día apesta, tan excelso propósito está lleno de despropósitos. Creo que nadie en su sano juicio podría estar verdaderamente satisfecho con los resultados obtenidos a día de hoy en lo que se refiere a las clases dirigentes. Palabras muy alejadas del buen hacer: falta de sentido común, arraigo a unas ideologías obsoletas, encasillamiento de posiciones, democracias no participativas, corrupción, acomodamiento, falta de preparación, manipulación, influencia, chantaje, amiguismo y trato favorable, sectarismo, afiliación, baños de masas, enriquecimiento, ventajas desmedidas de los cargos, tergiversación del lenguaje, del mensaje, de la idea... La lista de adjetivos negativos podría ir en aumento, pero creo que es suficiente. Con frecuencia se utiliza la expresión "son todos iguales con diferente collar". Puedo comprender el mensaje de este dicho, pero examinado más a fondo no lo comparto, no todos son iguales, creo que hay personas más excelsas e inteligentes que otras, aunque es verdad que hace bastante tiempo que no aparece una en el terreno político.

El modelo griego emana unas virtudes de excelencia que hoy perduran por su ausencia. Si volviésemos al modelo de la primera fase ateniense el estado sería un caos, han pasado 28 siglos y el mundo ha cambiado notoriamente, aún así creo que muchas de sus enseñanzas más fundamentales, que han caído en saco roto son esenciales para un buen despliegue de una organización más seria de la que nos tienen acostumbrados. Y el problema reside ahí, que nos han acostumbrado al conformismo, nos cuesta seguir todas las noticias políticas, nos agotan hasta el punto de que muchas personas me dicen que son más felices cuando no leen la prensa. Les comprendo. Y no lo hacen por un huir de la realidad, sino por el hastío, por la misma historia de siempre, porque se quieren preocupar de vivir y no estar metidos todo el día con la mierda al cuello. Eso no quita que de vez en cuando se interroguen y vean que la política se ha convertido en una ciénaga, llena de sapos que eructan... Creo que lo fundamental que nos legó Grecia ya forma parte del mito...


domingo, 18 de octubre de 2009

Nietzsche y la música: el espíritu del artista.


Esta breve entrada, versa principalmente sobre la compleja obra nietzscheana "El nacimimiento de la tragedia". No pretendo hacer un profundo estudio sobre la misma, sino mostrar algunos de sus aspectos más importantes en un lenguaje inteligible para los que no están habituados a las intempestivas obras de Nietzsche.

Para Nietzsche la música fue desde joven un regalo divino, así lo anotaba en su diario "Dios nos ha concedido la música, en primer lugar, para que mediante ella ascendamos a las alturas. La música reúne en sí misma todas las cualidades: puede conmover, embelesar, serenar; es capaz de amansar el ánimo más tosco...Pero su facultad esencial es la de dirigir nuestros pensamientos hacia lo alto..." Un poco más adelante, agregaba "Hay que considerar a los seres humanos que la desprecian como gente sin alma, como criaturas parecidas a los animales". Más adelante será el arte, pero en especial la música "la tarea metafísica de nuestra vida". A lo largo de su adolescencia tuvo contacto con la música de Bach, Haydn, Beethoven, Mozart, Schubert y Mendelssohn. Más tarde su relación con Wagner pasaría a la historia como un capítulo que derrocharía ríos de tinta.

Podemos decir sin duda alguna que para Nietzsche la música se encuentra en el pedestal más alto de las artes, para él expresaba lo más íntimo del ser, lo que no puede ser hablado, ni dicho, lo que está mas allá de las conceptualizaciones y esquemas, la música se expresa de otro modo que ni siquiera el lenguaje puede poner de manifiesto, juega de diferente forma que el resto de las artes, nos habla del fondo mismo de la existencia y de la vida como ningún otro arte es capaz de hacer.

Ya en sus primeras obras tomó la mano de la música y las artes, en el "El nacimiento de la tragedia" tuvo el altísimo propósito de ofrecer toda una cosmovisión por medio de figuras y simbolismos que resultaría sumamente difícil de comprender. Trata sobre el origen de la tragedia, pero lo que en realidad añade y perfila es una existencia humana de la mano de las artes que abarquen la totalidad de la vida, y lo hace a través de simbolismos y un mundo de figuras mitológicas incisivamente claras. Así las artes se convierten en la matriz de su pensamiento para la vida, situando la música como la máxima expresión de la misma. Las dos figuras principales sobre las que pivotará su obra son Apolo y Dioniso. A través de ellas simboliza las fuerzas esenciales de la existencia y la naturaleza. Nietzsche al igual que otros, consideraba a Dioniso como sangre extranjera en el Olimpo. ¿Por qué los griegos colocarían a este dios en el mismo altar que al resto?. Nietzsche cree adivinar el motivo. Cuando los griegos conocieron a Dioniso estos se aterraron. Hallaron en él la voluptuosidad, el irrefrenable impulso de las fuerzas bárbaras, un dios sin límites, cruel, el carnívoro de los actos humanos más temibles y profundos que no ponen ningún freno a los actos, lo irracional, el desencadenador de las tareas más instintivas y bestiales que podían llevar a cabo los hombres. Los bárbaros adoraban a este dios de la naturaleza y las fuerzas salvajes, y el horror griego ante este dios era, que en el fondo de su corazón y de su pensamiento se veían hermanados con esos bárbaros, de intuir que ese salvajismo habita en todos y cada uno de los seres humanos. Era algo que causaba pavor a los griegos.

Para conseguir manejar este terror los griegos conciliaron una especie de matrimonio entre Dioniso y Apolo. Apolo representa la luz, la mesura, lo equilibrado, la contención de los apetitos... Vieron el él la figura perfecta para dominar el lado oscuro y temible que encierra lo profundo de nuestro ser. Con esta unión quedan simbolizadas las dos potencias artísticas que brotan de la naturaleza misma. Dioniso es despojado de sus armas más dañinas por Apolo y le arrebata su aspecto más salvaje, por ello, Nietzsche insiste en que "hay un abismo que separa a los griegos dionisiacos de los bárbaros dionisiacos." Si durante un principio este dios era el encargado de desatar las fuerzas más terríbles y profundas que hollan nuestra naturaleza salvaje, para los griegos, siempre de la mano de Apolo, quedará cristalizado en las posibilidades transfiguradoras de la fuerza vital del ser humano. Para el griego, Dioniso no podrá vivir sin Apolo ni Apolo podrá vivir sin Dioniso. El mundo dionisiaco que quedará para los griegos es más cercano a la embriaguez, a la sexualidad, a lo instintivo y creativo, a lo irracional y la potencia creadora. Mientras que el mundo apolineo simbolizará la mesura, el orden , la armonía, el sueño, la distancia, el velo... El lado dionisiaco quedará para el griego como la llegada de la primavera, el olvido de los límites individuales bajo el influjo de la magia dionisiaca.
Dioniso es también para Nietzsche lo "Uno primordial", que representa la unidad y la totalidad del ser, surge la armonía universal y la fusión con la naturaleza que yacía olvidada. Cercano a la voluntad de la que hablaba Schopenhauer, el en sí del mundo. La fuerza de la vida que el traduciría en dolor y sobre la que fundaba su metafísica, Nietzsche lo tomará como principio estético, ya que esa voluntad se podrá superar como voluntad creadora, aunque Dioniso, como símbolo que es del fondo vital, no dejará de tener un lado oscuro.

La cultura griega que siempre aparece ante nuestros ojos como una cultura luminosa, artística y bella, encierra un misterio que Nietzsche se esfuerza en desvelar y busca en sus cimientos para explicar de dónde surge, y lo que encuentra en el fondo de tanta belleza y armonía es el inmenso dolor de la vida. Los griegos conocian muy bien las penurias de la vida, los padeceres de un hombre arrojado a la existencia sin explicación alguna. Estos horrores propios de la existencia se ponen en boca de Sileno, que acompaña a Dioniso. Sileno representa el pesimismo más radical y acompaña al dios allá donde va. Nos recuerda la caducidad de la vida, el sufrimiento del mundo, el padecer en la existencia, la enfermedad, el abandono, nuestra insignificante finitud y en definitiva, nos enseña que la existencia es algo insoportable y llena de sinsentido, mejor no haber nacido o suicidarnos.

Pero precisamente ante esa sabiduría divina se levanta la propuesta nietzscheana: los griegos superaron ese pesimismo. Ese pesimismo puede ser superado, pero para ello debemos comenzar en no negar ese fondo de dolor y sinsentido, por medio de la experiencia dionisiaca remitida lo Uno primordial. Dicho de otro modo, dominar el sinsentido de la experiencia vital pasa por bucear en la experiencia dionisíaca, que enmarca el sentido más obvio de la naturaleza, pasa por no negar el dolor y las miserias del mundo que acontece a todo hombre a lo largo de su vida, pasa por aceptar sin reparos que el mundo es cruel e indomable, que el sufrimiento y la penuria forman parte del mismo sedimento de la existencia, pasa por aceptar el mundo tal y como es, sin fragmentaciones ni parcelas amoldadas a nuestro gusto personal. Este punto es el más peligroso de la voluntad, "el peligro supremo" señala Nietzsche, el lugar donde el camino se hace más estrecho a las orillas del precipicio. Desde aquí el abismo tiende a mostrarse insalvable, infranqueable, hasta a los espíritus más fuertes, nos encontramos rozando el nihilismo pasivo para caer en sus temibles garras.
Pero todo esto que parece tan extravagante y pesado (que nos enfoca al discurso de Sileno) es lo que precisamente nos remite a la experiencia artística o a la experiencia musical. A Dioniso le acompañaba un coro de machos cabríos que cantaba, aunque el origen de la palabra tragedia no está del todo claro, la visión más aceptada es la que proviene del griego, tragos "macho cabrío" y adein "cantar". Siguiendo la música del coro que acompañaba a Dioniso no es sorprendente que Nietzsche entienda la música como el arte supremo de la experiencia dionisiaca. Con Dioniso de la mano de Apolo transfiguramos esas temibles fuerzas que gritaba Sileno, esas fuerzas que se vierten sobre nosotros con inusitada violencia, y es a través del arte y la ilusión como podemos elevarnos de oscuridad que nos rodea. La voluntad schopenhauriana trasmitida en dolor se transforma aquí en principio estético de voluntad de poder, de voluntad de crear. La ilusión y el arte aparecen como salvadores de las injurias e injusticias de la condición humana. No hablo de ilusión como imagen falsa o fugaz. Cuando Nietzsche habla de ilusión se refiere a las formas o modos de vida creados para afrontar el dolor de la vida y su sinsentido. "Artista" es aquel capaz de crear ilusiones bellas al transformar el dolor de la vida en representaciones con las que es factible vivir. El artista asimila lo Uno primordial y lo imita, pero es capaz de embellecer lo que toca, de crear una vía salvífica a través de las ilusiones. Cada persona buscará sus propios métodos, su propio arte frente al Uno primordial. Tenemos que luchar y actuar, crear ilusiones nobles, que son las que se no se olvidan del espíritu dionisíaco del mundo, sino que sabiendo del telón de fondo que subyace la existencia es capaz de hacerla bella y soportable. Por el contrario las ilusiones vulgares son las que niegan u ocultan ese fondo vital, frente a estas, las ilusiones nobles son aquellas que son capaces de propiciar en el individuo experiencia originarias, experiencias dionisíacas como lo hacen el arte y la tragedia. Desvelar la verdad dionisíaca de la vida transfigurada en en belleza y creatividad, que ahora camina con Apolo. La experiencia apolínea nos propicia un velo, nos permite guardar una distancia necesaria. No podemos vivir exclusivamente de experiencias dionisíacas pues entonces sería mejor perecer.

lunes, 12 de octubre de 2009

Arte y naturaleza: Heidegger-Chillida.



La filosofía está en crisis y el arte se erige como alternativa a esa crisis del pensamiento. Chillida y Heidegger colaboran, buscan y reclaman, ellos hablan de establecer límites. La filosofía está en crisis, ya que la sombra del nihilismo la envuelve, hemos perdido los referentes que en un pasado eran válidos y los discursos de legitimación caen en el olvido, el hombre busca respuestas en la nada, en el vacío. El problema dice Chillida es que lo que vale a la filosofía no vale al arte, el arte no es un ser terminado. En este punto podemos optar por el consejo nietzscheano de revitalizar los clásicos como historia viva, también en Ortega encontramos un "quehacer" humano. Tras llegar a este punto no nos queda otra opción que vaciarnos para hallar respuesta, estamos muy llenos, demasiado llenos, demasiado ocupados, demasiado ofuscados, demasiado cargados. La posible solución sería "crear espacios" como lugar que posibilita poner objetos. Vaciamiento de los espacios para crear la posibilidad de que haya objetos. Ya no se trata pues de poner un objeto en el espacio, sino de vaciar un espacio para posibilitar el que ahí haya un objeto. El problema con los ecologistas está en las aporías del arte. Destrucción de lo real para poner lo ideal, en otros términos, poner lo ideal del arte es para ellos una muestra de inviabilidad racional ya que destrona lo real. La plasmación de lo ideal implica desmaterialización de lo real. Adorno lo señala muy bien, "el problema es el precio a pagar por lo ideal". Para Heidegger la nada es el ser que que no se deja objetivar, el equivalente a esa nada es el tema del vacío, de ahí que una persona que se vacíe puede llenarse y tolerar la obra. Chillida creó una escultura, un espacio, en las islas Canarias (imagen superior), en el seno de una montaña, desde fuera no se puede apreciar, una vez dentro uno encuentra un lugar, donde se puede ver el cielo, las estrellas, el sol pasar y la luna también, se accede a ella por una apertura superior. Es una escultura dentro de una montaña. Allí el hombre deja de ser la medida de las cosas, intento de obra de arte total, humanismo y cultura, arcaico y tecnológico. Insercción en la naturaleza tecnológica, creación de espacios de luz. Novalis decía "no es que la noche sea negra, es que tiene una luz distinta". ¿Cómo lograr entonces que el ser acontezca? Pues con la cercanía esencial a las cosas, y esto se logra poniendo límites a algo, creando un lugar... Es por eso que cualquier escultura de Chillida no puede ser desplazada a otro lugar, esta sufriría un desarraigo total, ya que él vaciaba espacios para posibilitar objetos. El "Elogio del horizonte" es la escultura que corona mi ciudad, Gijón, la que aparece en la imagen inferior. Se dice que quien se posiciona en el centro de la obra escucha hablar a la mar, los pequeños o grandes balbuceos de un horizonte abierto que en todo caso quiere decirnos algo, no sin antes vaciarnos, dejar que penetren en nosotros posibilitando espacios, demasiado llenos, de masiado ocupados, demasiado saturados, tenemos que vaciarnos... Sólo así entenderemos la escultura del gran maestro Chillida.
El otro problema que queda como un mero comentario es la postura heideggeriana, ya que sus propuestas eran lugares naturales despejados y con memoria. Eso eleva el problema a una pregunta ¿Cómo traspasarlo a lo urbano, a lo artificial? Antonio Fernandez Alba tiene algunas propuestas, pero eso lo dejaremos para otro dia, para otro tiempo...

martes, 6 de octubre de 2009

Ciencia idiota.


Hoy en día predomina la concepción cartesiana del mundo, en el que el sujeto-objeto marca las pautas sobre la forma de entender la realidad. Esa concepción se ha ido desarrollando a lo largo de los siglos hasta tomar la forma del positivismo lógico de finales del siglo XIX, en el que el modelo experimental prevalecía sobre cualquier género de conocimiento. En el siglo XX la acentuación ha ido creciendo basándose en el proyecto técnico-científico que avalaba dicho conocimiento. Es un conocimiento respaldado por muchos avances, que nos han procurado una vida mejor. El avance sanitario, las comunicaciones, las construcciones junto a nuevas aplicaciones, electrodomésticos, informática, transportes... Es un hecho que nuestro horizonte de posibilidades ha aumentado considerablemente gracias a dichos hallazgos y debemos dar las gracias por los logros conseguidos.
No todo ha sido un camino de rosas, ya que el progreso científico-técnico abrió puertas que siempre debieron permanecer cerradas. El deterioro del medio ambiente, el desgaste desmedido de los recursos planetarios, la bomba atómica... Hay pues, un lado "oscuro" en ese aparente progreso que ha dejado un siglo XX lleno de miserias y hambre, cuando parecía que "todo"podía empezar a solucionarse. La fe en la ciencia no ha traído todo lo bueno que parecía prometer. Ese es un punto oscuro en la ciencia que no se nos recuerda con frecuencia, ya que lo que sí se recuerda es que tenemos que consumir, dicho de otra manera, tratan de desviar nuestra atención, o mejor dicho, de tapar ese agujero. ¿Quién lo tapa? la propia ciencia, que mantiene un puesto dominante en los "saberes" del mundo.
Con sus aplicaciones y el método experimental se erige como gobernadora del saber humano e incita a otras "ciencias" a seguir su camino. Un ejemplo de ello es psicología, que abandonó a Hegel para ponerse batas blancas y hacer experimentos con ratones. La sociología también busco su propio método para buscar la semejanza de resultados y "evidencias". Pero a la larga ha sido una equivocación intentar exportar el saber experimental que tan buenos resultados ha dado a la física o a la biología, a otros ámbitos del saber humano. En todo su orgullo se alzan como los salvadores de cualquier saber, de cualquier método, ante un ser humano que tiene múltiples dimensiones vitales en expansión y constante cambio, lleno de riquezas y matices no reductibles a una fórmula. Un saber científico que trata de dar respuesta donde ni debe ni puede. Decía Wittgenstein, que pese a todos los avances científicos, las cuestiones humanas fundamentales singuen sin resolverse. Así que me río, cansado de esa hegemonía de batas blancas que todo lo miden, que todo lo cuentan, que roban el aura de la experiencia personal, concreta, histórica, del momento en pos de una universalidad fría y válida para cualquier tiempo, para cualquier espacio. Cansado de su inoperancia en las facetas del ser cotidiano y personal, pues no les interesa lo individual, sino la igualación de circunstancias para poder aplicar en cualquier tiempo o lugar... Ladrones de aura... Me río de su discurso a la hora de hablar de lo humano, de lo propio, al hablar de lo que no deben decir. ¿Cómo hablar del arte en términos positivos? ¿Cómo interpretar el amplio abanico de vivencias bajo fórmulas y operaciones, dosis y medicamentos? ¿Cómo medir y trasladar lo humano al reduccionismo de miras y estrechez de pensamiento? Yo no critico a la ciencia, lo que sí critico es su afán por por colmar todas las áreas del saber humano, lo que critico es su necesidad de imponer métodos a lo que no es reductible a tal, porque la felicidad es de las personas, en todo caso tuya. No es cuantificable el sentimiento al ver un cuadro, o al escuchar o sinfonía de Beethoven, o tomarse unos pinchos con los amigos en un cálido clima de cercanía. Ni siquiera son dignos de tomarlos en serio, intentos de reducir lo humano a lo robótico, mente de metal y ruedas, a lo inumerificable, a lo nomotético. Idiota en su raiz hace referencia al que se despreocupa por los demás, el que no escucha, el que sólo se escucha a sí mismo. Por eso yo digo:
¡Ciencia, idiota!.

martes, 15 de septiembre de 2009

Publicidad y totalitarismos en la época contemporánea.


   El libro de Orwell 1984 es una obra maestra. Relata la vida de unos individuos en un estado totalitario supercontrolado. Cuando acabé de leerla lo primero que me vino a la cabeza es que somos muy afortunados. Somos afortunados de poder pensar, de poder elegir, de poder respirar, de poder tener cosas, de poder opinar, de poder leer, de poder perder el tiempo, de poder aspirar a algo, de poder amar, de poder oír, de poder... Podría seguir llenando líneas de poder... El universo que describe Orwell es jodidamente oscuro, asfixiante, todo bajo el control del gran ojo, que observa hasta lo más íntimo de los seres, de nosotros, un estado totalitario por excelencia. Hoy en día vivimos de otro de modo, no estamos sometidos a unos sistemas de control tan cerrados ni perversos, deberíamos dar las gracias, a la historia, al azar, a nuestros padres o no sé a quien, pero en cierto modo hay que estar agradecidos.

   Pero en sus páginas se pueden tocar ciertos signos de advertencia, de mirada profunda que se cuela entre sus líneas y que le dejan a uno intrigado, inquieto. Es cierto que no estamos nada mal, pero las posibilidades y los peores temores podrían sobrevenirnos, y nadie puede decir que nos pille por sorpresa. Esta vez no quiero ser temeroso del futuro, no voy a seguir los relatos de grandes catástrofes a acontecer que relata principalmente el género de la ciencia ficción, esta vez hablaremos del ahora, del presente inmediato, teniendo como telón de fondo el horror de Orwell, el horror del fascismo, del nacional socialismo, del estado autoritario o como prefiráis llamarlo.

   Lo primero que deberíamos hacer es describir, definir, poner límites a la estética fascista, autoritaria, al nacional socialismo, así sabremos lo que es y cómo actúa. Para Heidegger la obra de arte total es el Estado. Es la plenitud del arte, que lo abarca y articula todo. Es el "fascismo fascinante" de Susang Sontang. El arte se articula como mediador para dar forma a esos intereses políticos. ¿Qué mejor que el arte para lograrlo? El arte se vuelve vehículo conductor para los intereses del gobernante, la estética se muestra y engaña al cordero, se disfraza y acaba doblegando al pueblo a una única voluntad, que lo es todo. Es el doblegamiento de las masas a una cabeza, líder o caudillo que impone, con fuerza y autoridad su marca a las masas valiéndose del esteticismo y el arte.

   En esta construcción no hay discursos, a la palabra se le da una patada, aquí lo que importa es el símbolo, este se sigue, no se discute. Los discursos con los grandes focos y desfiles vienen después, una vez alcanzado el poder, pero lo que verdaderamente cobra importancia es el símbolo. Decir al servicio de los símbolos es decir al servicio de la voluntad, que es expresada por la unanimidad de un pueblo que ya no es masa, ha sido transformado. El pueblo lo es todo y el individuo no es nada, se diluye, se evapora, desaparece...Aquí se concibe la política como una obra de arte, el arte fabrica símbolos que son seguidos y nunca discutidos, la estética rompe el tranquilo sueño de los habitantes y los arrastra, tal es el poder de la estética, que convence, que arrebata. El Estado se convierte en una fábrica de símbolos que agitan la voluntad del hombre, que por sí solo no es nada. El hombre, el individuo, dentro del nacional esteticismo no es nada, el pueblo lo es todo. Aquí se concibe la política como una obra de arte, el arte fabrica símbolos que son seguidos y nunca discutidos. No se refiere sólo a iconos y propaganda, la arquitectura se mueve también en la primera línea de batalla, pues no es otra cosa que palabra de piedra. Para Hitler la arquitectura era voluntad, voluntad de poder como núcleo del nacional socialismo. Incluso él mismo hacía referencia a las futuras ruinas del Tercer Reich, que aunque fuesen ruinas hablarían como lo hacen las ruinas griegas, dando testamento de lo que una vez fue. Speers, el gran arquitecto de Hitler, quería imprimir grandes monumentos que crearan un sentimiento de lo sublime, de identidad a un pueblo que quedase maravillado del poder de su voluntad. Quiso hacer una cúpula que la de San Pedro del Vaticano era ridícula a su lado. Así el arte y la estética iban dando forma a una masa amorfa que implantaría su impronta en pueblo.

     Una revolución social exige un conservadurismo estético, mientras que la revolución estética exige un conservadurismo social. Conclusión: publicidad no como información, sino como imágenes y símbolos que mueven a un pueblo a votar, a actuar, a "moverse con". Esa revolución estética y propagandística crea un sentimiento sublime ante la nueva obra de arte total. El pueblo es todo, tu no eres nada, esa es la tesis Nazi. Los hombres de estado se ven ante la tesitura de transformar a las masas en pueblo, darles forma y acabado para formar una unidad, que si de ella te sales tú no vales nada. La masa amorfa se transforma en pueblo. ¿Cómo transformar la masa en pueblo? Pues a través de la publicidad, la propaganda. Decía Goebbels "la propaganda es un arma de guerra. Su objetivo es contribuir a ganar la guerra y no proporcionar información". Como resultado obtenemos el Estado como obra de arte total en oposición a la democracia. Una vez en el poder educan sin revelar el propósito de la educación es la línea a seguir, se cumple la función educativa sin que el sujeto de tal educación se de cuenta de que está siendo educado, este es el objetivo final de la propaganda, cuyo objetivo es ganar la guerra y no dar información. La propaganda así, es popular. Tiene más éxito cuanto más popular es (¿Os suena algo?).

     De todos los signos descritos el que sigue vivo con más fuerza es la publicidad. La publicidad con unos mecanismos mucho más desarrollados y específicos que antaño, campa hoy por la sociedad intentando ganar su guerra. Verdaderamente asusta que la misma publicidad utilice todos los elementos de persuasión propios de los estados totalitarios mas horrendos que han ollado la tierra. Culto al símbolo, repetición de un "slogan" hasta la saciedad y mensaje vertical, desde las esferas más altas a las más bajas, cuanto mayor sea la difusión del mensaje mayor área de efecto tiene. No hay discurso, hay imágenes, iconos, logotipos.

    En el siglo XX, la belleza ha muerto (tesis de Danto) y sólo existe en la publicidad y no en el arte (sólo hay que ver el arte contemporáneo, más alejado de la pretensión de belleza imposible). Aquí se equipara la belleza al esteticismo, y la belleza sólo sirve para vender. En la publicidad los medios son nuevos, pero las categorías o formas estéticas son las mismas que en el pasado (la publicidad busca esa belleza que el arte contemporaneo renuncia). La estética busca sensibilizar algo (desde una idea política hasta un producto, como una crema hidratante o un coche). La imagen en sí "nos remite a" nos ofrece una satisfacción, un cumplimiento, una forma de vida o de hacerse en...

     El problema es cuando se toman esas imágenes como la realidad misma. Pensar en todo el mundo publicitario, cada cara de una modelo anunciando una crema, los sabores que ofrecen este producto, las soluciones a nuestros problemas si adquirimos este colchón o medicamento, la tranquilidad de meter nuestro dinero en esta empresa o banco, que cuida de ti... En esta sociedad de masas, las apariencias se tornan verdaderas si son aceptadas socialmente. Esto no está alejado de la interpretación de las categorias kantianas como funciones, que se legitiman como verdaderas por su comportamiento social. Si las ideas del mundo ficticio son aceptadas socialmente entonces funcionan.

    El pragmatismo se basa en esta idea, algo es verdadero si funciona. Podemos decir entonces que las verdades cambian según la época, universalidad sustituida por la intersubjetividad. Dicho de otro modo, las apariencias pasan a un primer plano, lo importante no es cómo me veo yo, sino cómo me ven los otros. Este es el aspecto trascendental de la estética con carácter social. Ya no vale sólo nuestra intención, sino cómo me ven los demás. La dignidad no reside ya sólo en el ser, sino en el reconocimiento social. Ese "conocimiento del reconocimiento" en la vida es el que aporta la estética que intentan vendernos. Fulanito es la leche porque juega en tal equipo, o porque sale por la televisión, o porque se tiró a tal torero... Se conoce a las personas por su reconocimiento. Seguramente la gente que más hace es la menos reconocida socialmente, y podríamos pasar junto a ellas en el metro y nadie diría nada. Así pues la propaganda de los medios, es decir, la publicidad, transforma el mundo como quiere y según las exigencias del mercado, de la misma forma que transformó países bajo el yugo del totalitarismo o el estado que aparece en la obra de Orwell, tal es el poder de la estética que sensibiliza a la gente.

     Ese poder hoy en día está principalmente en manos de unos hijos de puta que sólo quieren forrarse a costa de las personas, que consideran estúpidas e ineptas y tratan como ganado. Si en el romanticismo el hombre buscaba disolverse en el infinito, el hombre de nuestro tiempo alcanza la plenitud cuando forma parte de esa totalidad. Y eso pasa ahora, hoy en día, cada día, cada vez que das dos pasos por la calle. Venta de imágenes y símbolos que nos prometen la felicidad y el auténtico modo de vida al que debemos aspirar. "¿Qué tal le va a Pedro? le va genial, tiene un trabajo que gana bastante y se ha comprado un Audi".


     Ante eso queda la elección del individuo, moverte entre las serpientes, "serpentear obstáculos", quitar las ramas que enturbian nuestra visión, si, la elección individual y personal. Pero yo aquí no estoy diciendo que no haya opción, sólo intento poner en relieve que los mecanismos más relevantes que dan funcionamiento a nuestra vida cotidiana son propios de regímenes que condenamos una y otra vez, pero que ocultos bajo una máscara sonriente, operan constantemente sin que muchos se den cuenta... Y siguen funcionando como ya funcionaron en el pasado.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Apuntes (incompletos) sobre el amor.



  Amar es el motivo de la vida, quien no ama no vive. No hablo del amor ñoño ni sentimentalón, hablo de la alegría que acompaña a la cosa amada (Spinoza). Qué triste sería pasar la vida de largo sin dar, sin compartir. El primer amor que recibí fue el de mi madre, ella me amaba antes de ponerme nombre, de saber si sería rubio o moreno, alto o bajo, yonki o premio Nobel.

 En general, el amor de la madre es especial, único e intransferible. Más adelante uno conoce otro tipo de amor. El que más he sentido de forma directa y buscada es el de la amistad, la alegría desbordante del otro, que acompaña, que ríe, que comprende, que transfiere la barrera de lo biológico, la amistad de la que hablaba Epicuro, aquello que sólo los necios se atreven a renunciar ante una vida que no siempre es dulce y amable. Algunas veces he tenido la sensación de que uno se refleja en el otro, se ve a sí mismo, se contempla en la compañía cercana y se realiza. En esos momentos la vida es dulce, amable, sedosa y domable, porque no es algo ajeno a la vida, sino que la vida muestra un rostro en sintonía con el espíritu.

Cuando sobreviene una dificultad debes arrimarte más a tus amigos, pues serán de gran utilidad, forjareis unos lazos más sólidos, cargados de cruda realidad que uno mastica, con dureza y paciencia, pero también en compañía. Lo digo yo, lo dice Epicuro,lo dice Pascal, lo dice Spinoza, lo dice Nietzsche, lo dice Comte Sponville... Uno elige a sus amigos y no pueden venir impuestos o forzados, eso no sería amistad. Es discriminatorio, pues de nada sirve la cantidad de tiempo que pasemos con una persona, quizás la amemos o quizás no, ahí entran en juego otras fuerzas, más elementales, más empáticas, más ocultas, no responde exclusivamente de razones ni de motivos que puedan pesarse o medirse.

 El eros, el amor poetizado a la mujer, ahora mismo se me traba. Me cansa, me cambia donde no quiero cambiar, me aburre, me asfixia y me veta. No hablo de imposición, hablo de directrices, hablo de sensibilidad (la mayoría de las veces) mal entendida o mal compartida, pero no a la par. ¿Búsqueda? ¿Esfuerzo personal? podría ser, pero ya he visto unos cuantos desfiles y me sigue devorando la misma sensación. Afectos contrariados, incomprensión, fricción, sexo y caída. Ahora prefiero "esa" soledad, sin saber si mañana pensaré lo mismo, sin tacharme de cínico por la fluctuación del sentir, esperando ver lo que ahora no veo ni tampoco siento. Queda el quehacer personal, humano, biográfico... Neocortex de la piel expresado en forma de vivencia. Relato personal, del individuo, que busca, que ansía y que no sabe. Todo ello expresado en forma de blog virtual, de vivencia personal, escupir ideas, escribir.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Pinceladas a Ortega, la elección.


Para Ortega la vida es elección, es un hacer. Su generación anterior estaba arraigada al pesimismo, a lo trágico, era la generación del 98 que había sido educada para vivir de una forma totalmente diferente a la que luego se encontraron. Sobre ese sentimiento trágico Ortega levanta la vista, toma la vida y se impulsa sobre ella. Relato autobiográfico, quehacer constante en la circunstancia, uno está forzado a elegir u otros lo harán por ti., porque la vida es elección constante, no elegir es ya elegir. La excelencia hoy en día parece que se ofusca, que se oculta, pero algo me dice que sigue ahí, no brilla con la misma fuerza que en el pasado, antes se elogiaba y se enaltecía. Ahora no, el foco mira a otra parte, el ojo de las masas que se fija en lo efectista, en lo efímero, en lo dado, no ven la excelencia más que en la aprobación general, en su legitimación para defender su visión zafia y cutre de la vida deseada. No habla de clases de personas, habla de cualidades, Ortega no es un clasista. Frente a ese espíritu amorfo esta la elección, la excelencia de tirarse a la piscina, de bajarse del caballo, de no seguir a la manada, de no desear siempre pisar sobre suelo firme, pues así no caminaremos más lejos que de nuestra propia casa. En relación con Nietzsche la masa es nihilista, toma la forma de lo dado, no se gesta, se aliena, se limita a sí misma, no se interroga, no se cuestiona, en su horizonte siempre están los otros. Mirada corta, mirada tuerta, aceptando lo impuesto, no se agitan, absorben pero no crean, toman la medida de una realidad mutilada, están perdidos, están sordos, no quieren oír ni escuchar, tienen miedo, tienen hambre de lo que jamás calmará su hambre. Tenemos lo que queremos, y en el fondo cada uno lucha contra sí mismo. Si Ortega y Nietzsche levantasen cabeza de la tierra que los sepulta, se asustarían de la tremenda razón que promulgaban, les costaría ver cuanta razón tenían, ante todo eso que recuerda a Orwell. Tenemos la elección, nuestro camino, el forjado, el elegido, no el autoimpuesto, sino el deseado, el luchado, generado desde las entrañas de uno mismo, el auténtico según cada uno. Elige pues, busca respuestas, pero elige, pues la vida es elección y hay que currarse la elección, que no se mide exclusivamente por los resultados, sino por la impronta personal, la sinceridad con uno mismo, la valentía de acatar un deseo que nos esculpe como hombres.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Logos Tecnológico

¿Existe un logos tecnológico? o dicho de otra manera, ¿puede la tecnología reflexionar, tener conciencia? ¿Podría llevar a cabo un robot tareas creativas o adaptativas propias del ser humano?... Nuestras sociedades avanzan a un ritmo vertiginoso, nuestro desarrollo se dispara pero eso también implica riesgos, ya que nos cuesta pensar una realidad tan cambiante y tan dispar. La ventaja de hablar del futuro es que nos permite plantear situaciones que de momento no han ocurrido, por eso podemos imaginar que en un futuro las máquinas puedan tener conciencia, o evolucionar por si solas sin la intervención humana. Los límites entre hombre y máquina se disolverían, nos costaría distinguirnos, que en todo caso es definirnos ante un nuevo ente con conciencia. Quizás deberíamos ampararles con derechos, o quizás nos destruyan, pero plantearía graves problemas de identidad como especie humana tal y como la planteamos hoy. Otra opción es el transhumanismo, quizas un cambio más gradual con la implantación de tecnología en nuestro propio cuerpo que aumenten nuestras capacidades, un ojo con zoom, o un brazo capaz de levantar 3 toneladas de peso.La posibilidad de que la conciencia sea transferida a una base de realidad simulada o a un ente no biológico. Entre estas opciones la literatura de ciencia ficción, que algunos ineptos han declarado "baja cultura", es la única que ha ofrecido planteamientos y luces a posibles acontecimientos en nuestro desarrollo histórico. Dicho de otro modo, la "baja cultura" consigue dar respuestas donde la "alta cultura" guarda el silencio.

La estética planteada en estos relatos, propios de Asimov, Otomo, Shirow Masamune o K.Dick suele señalar del peligro (y a la vez la gran oportunidad) que corre la humanidad de destruirse a sí misma, o de alzarse a un puesto más elevado. Básicamente todos los relatos futuristas empiezan en un postholocausto, o se produce un holocausto, la tierra queda dañada y hay daños irreversibles: Matrix, Blade Runner, Akira, Ergo Proxy...Espero que esto sea más recurso literario que otra cosa, y aguardo un papel más luminoso a la humanidad. Las amenazas difieren según la historia, puede ser un desastre nuclear, un levantamiento de la naturaleza, meteoritos, gases venenosos y enfermedades... Pero lo que en el fondo se expresa es la necesidad de llevar cautela ya que con nuestra tecnología actual, las decisiones erroneas pueden ser fatales, globales e irreversibles, o lo que ahora nos interesa más, que las máquinas adquieran un logos que ha sido patrimonio de la humanidad desde que tenemos conciencia.
Esta actitud pesimista del futuro de estos relatos, viene suscitado por el presente que viven los autores, el mundo y sus posibilidades. Para ellos el futuro es el presente aún no realizado, es la proyección de la situación actual la que les lleva a pensar ese futuro, y dicho sinceramente no es muy alentadora.Es un futuro asolador. La nano y macrotecnología, riesgos a nueva escala. Estamos al acecho de nuestros actos, el lobo sigue siendo un lobo para el hombre, guardémonos de nosotros mismos, estémos con la mirada atenta para que lo que viene nos haga más grandes, que establezca nuevos límites que impulse nuestra mirada más allá de lo que podemos alzarla ahora. Son meras advertencias de lo que podría ocurrir si salen mal las cosas, pero todavía no han ocurrido, así que estamos a tiempo de hacer una buena gestión del asunto.


Pero lo que aquí se plantea es que la inteligencial artificial pueda llegar a convertirse en inteligencia artificial emocional. Las emociones y sentimientos tan propios del ser humano proyectadas a través de un chip, procesador o conjunto de cables. El Dalai Lama afirmó en una conferencia que si los ordenadores pudiesen tener conciencia podrían reencarnarse, o verse sujetos al Karma al igual que el resto de criaturas del cosmos. Estamos a las puertas de lo que podría ser una revolución científica, pero esta vez más humana que científica. La tecnología conforma nuestra realidad actual, no debemos temerla, debemos gestionarla con inteligencia y sentido común, la tecnología como una extensión de nuestras posibilidades vitales. La imagen de la capilla Sixtina, donde Dios toca con su dedo a Adán es una metáfora perfecta de lo que las tecnologías pueden ser para el hombre, sustituyamos a Dios por el hombre y al hombre por las tecnologías, estás serán una prolongación de lo humano. Este aspecto cuesta verlo hoy en día, las máquinas parecen frias, aparatos formados por complejos sistemas pero que no forman una unidad común, no son tratados como seres podríamos decir, sino como chatarra, algo se te estropea y lo cambias. Esta mirada no se sostiene si el desarrollo al que todo apunta llega a su conclusión, las primeras máquinas intentaban hacer los trabajos que resultaban más arduos para el ser humano, pero hemos llegado a un punto en el que se intenta implantar en las máquinas la verdadera esencia del ser humano, llámalo sensibilidad, emoción, conciencia o logos. La categoría de lo humano se volvería muy difusa, ¿Qué más da cables que venas? ¿Qué más da un corazón que una bateria? Ante la salida a flote de un logos tecnológico nos tocaría lanzar una profunda mirada sobre la naturaleza, el hombre, los derechos, los afectos, los sentimientos... Una nueva ontología de la tecnología como configuración de la realidad en un sentido mucho más profundo de lo que hasta ahora hemos conocido. No hablo de sustituir máquinas por seres humanos, ni de invertir los valores establecidos hacia las mismas, sino de hacer una profunda revisión de los límites de lo humano, y de ver que para nosotros la tecnología es el fuego de Prometeo robado a Zeus. Ante la instauración de un nuevo estadio, dotando a las máquinas de logos, estaríamos haciendo al ser humano más de lo que ya es, ya que no es un agente externo lo que se instaura, sino un "ser" como prolongación de lo propiamente humano, la tecnología en su cenit, al que yo llamo "logos tecnológico".